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60 años de la muerte de un mito: James Dean

Ser estrella de Hollywood en los 50, tener 24 años y un Porsche 550 Spyder de 110 caballos de fuerza es, sin duda, todo un sueño de juventud. Pero para James Dean, esta fue una mezcla fatídica que lo llevó a convertirse en un mito de la cultura popular alrededor del mundo.James Dean en su […]

Ser estrella de Hollywood en los 50, tener 24 años y un Porsche 550 Spyder de 110 caballos de fuerza es, sin duda, todo un sueño de juventud. Pero para James Dean, esta fue una mezcla fatídica que lo llevó a convertirse en un mito de la cultura popular alrededor del mundo.

James Dean

James Dean en su apartamento en Nueva York. Dennis Stock. 1955

James Byron Dean protagonizó sólo tres películas, y eso bastó para forjar su propia leyenda. Los matices que tiñeron la vida de Jimmy fueron diversos, en ocasiones antitéticos. Curioso, irreal, melancólico: así era James Dean.

En 1955 (año de su muerte) la legendaria revista LIFE publicó una serie de fotografías del actor en su apartamento del número 19 de la calle West 68th en Nueva York. Estas fotografías son una ventana que permiten escudriñar dentro de la vida del joven histrión.

James, sentado junto a su escritorio, toca la flauta. Con sus piernas cruzadas detiene la partitura. Parece como si tocara una melodía de Mozart o una Suite de Bach. El disco de vinil junto a su cama lo delata. Definitivamente es Bach. Tan barroco. Tan complicado. Tan rebuscado. Tan “a lo Dean”.

Dean era un melómano por excelencia. Tocaba el bongó y en el colegio formó parte del club de jazz.

En sus noches de vigilia (Jim sufría de insomnio) escuchaba “When your love has gone”, una de sus canciones favoritas, interpretada por Billie Holiday.



Junto a Dean, sus libros. Frente a ellos, yo. Frente a mi, la pálida revista.

En la habitación, también, se observan avíos de torear: un capote, unos cuernos y un pequeño toro. Dean era aficionado a las corridas de toros. Alguna vez interpretó en el Actors’s Studio una escena del libro Matador, de Barnaby Conrad. La tauromaquia le obsesionaba. Acostumbraba ir a Tijuana para ver las corridas de toros. La muerte en el ruedo le parecía un enigma.

Una fotografía comunica tanto. Nos lleva de la mano. Nos susurra. Nos revela identidades.

James era un solitario. Su madre murió de cáncer cuando el tenía apenas nueve años. Fue entonces cuando se mudó a Indiana con sus tíos paternos. Ahí estrechó lazos con el pastor James DeWeerd. Años más tarde, la leyenda de Dean se avivaría por un secreto que nadie sabía. Excepto Elizabeth Taylor.

En una entrevista con el periodista y escritor Kevin Sessums, Taylor confesó: “Cuando Jimmy tenía 11 años y su madre murió, empezó a sufrir abusos sexuales por parte del pastor de su iglesia (…) Creo que aquello le atormentó por el resto de su vida”.

Inmóvil. Estático. Capturado para siempre en el perpetuo material fotográfico. Ahí permanece James. Igual como ha permanecido en la mente de muchas generaciones tras el nefasto accidente que lo glorificó.

El rebelde sin causa seguía alimentado su propio mito. Después de muerto. Después de ganar el primer Óscar póstumo. Después de haber vivido tan rápido y tan poco.

El 30 de septiembre de 1955 James Dean murió cuando se impactó contra otro automóvil mientras manejaba el Porsche 550 Spyder. Tenía 24 años y era una estrella de Hollywood.

Ahí nació el mito…



Curiosamente, semanas antes de morir, James Dean hizo una aparición en televisión en la que advertía a los jóvenes los peligros de la velocidad.

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