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8 mujeres que se quitaron la vida en una obra de arte

¿Qué nos dirige a la elección de ya no estar aquí? ¿Qué podría sucedernos para firmar, por voluntad propia, un contrato irrevocable con la muerte? Muchos pueden sugerir, incluso asegurar, que el deseo de desaparecer es un irracional en el ser humano, una drástica solución a problemas que suelen ser temporales. Casi pasajeros. Pero, ¿quién […]



¿Qué nos dirige a la elección de ya no estar aquí? ¿Qué podría sucedernos para firmar, por voluntad propia, un contrato irrevocable con la muerte? Muchos pueden sugerir, incluso asegurar, que el deseo de desaparecer es un irracional en el ser humano, una drástica solución a problemas que suelen ser temporales. Casi pasajeros. Pero, ¿quién si no los mismos suicidas para dar razón de sus actos? Para juzgarse.

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Claro que nunca podrán hacerlo, pero sus acciones en sí son suficiente argumento. Nadie niega que la profunda depresión y un grave desorden son los ingredientes esenciales para una fórmula destructiva, catastrófica; sin embargo, no por ellos cae fuera del pensamiento racional. Al diablo los tratamientos y los daños colaterales. Los suicidas no tienen por qué pensar en los sentimientos, las confusiones y los malentendidos de los demás. Deben seguir sus propios instintos y lógicas del hacer.

Estas palabras no significan una apología o una invitación al suicidio, pero sí un llamado de atención para quienes juzgan negativamente las decisiones de una persona. De un hombre o una mujer que ha optado por un fin bastante claro aunque doloroso.

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En lo absoluto, nadie goza de suficiente autoridad para enjuiciar a quien se quita la vida o para convencerle de que ésta es maravillosa. A ninguno de nosotros le consta esa información ni sabe cuáles son los motivos reales e individuales para no disfrutarla; tomar esta postura es sumergirse en un papel que no corresponde.

Para admirar este momento fatídico y abrir una serie de elucubraciones al respecto, basta con volver la mirada hacia el arte. Tomemos por ejemplo las múltiples pinturas que se nos han ofrecido a lo largo de la historia y recogen a la figura femenina como protagonista de este complejo proceso de autofinalización.

“La suicida” o “Desesperación” (1926) de Lindsay Bernard Hall

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Con un escenario así, una silueta tan torneada y un vestido de esa calidad, es obvio que no hablamos de cualquier persona y no estamos frente a una total desvalida. Entonces, ¿qué le orilló a despedirse de esta tierra?

“Ofelia” (1852) de John Everett Millais

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Y a esta joven noble de Dinamarca, retratada en palabras de Shakespeare y pinceladas de Millais, ¿quién la podría juzgar por no detener su propia muerte? Subida en un sauce, víctima de la gravedad y amante de la locura, ella es uno de los suicidios más poéticos del arte.

“El suicidio de Dorothy Hale” (1938) de Frida Kahlo

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Como un encargo de la entonces editora de Vanity Fair, amiga de Dorothy, Kahlo pintó este recuerdo de una actriz bella y famosa en la cima de las desesperaciones.

“Lucrecia” (1530) de El maestro de la Santa sangre

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Mujer histórica de la Antigua Roma y víctima de una de las violaciones más recordadas en el tiempo. El hijo del rey, frenético y excitado por ella, abusa de su cuerpo, dejándola también en una rabia descontrolada y exigente de venganza. Cuando ella clama por represalias contra éste, lo hace clavando un puñal en su pecho.

“Chica hundiéndose” (1971) de Roy Lichtenstein

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La más importante obra del arte pop y el melodrama contemporáneo. Con una pequeña dosis de orgullo, fragilidad y tristeza, la protagonista de este cuadro abre toda una narrativa con sólo una frase. Acepta un destino fatal antes de sucumbir a los poderes de otro ser.

“Una familia desafortunada” (1852) de Gustave Tassaert

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¿Será el hambre? ¿La desdicha? ¿Quizá la pobreza? Una madre que ruega a la imagen de la virgen pide perdón y consideraciones para su hija, quien antes de cualquier otro dolor físico, prefirió aceptar que su cuerpo le era innecesario para permanecer en el universo.

“Mujer a punto de cometer suicidio” (2009) de Rosie Taylor

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Con la mirada clavada en el horizonte, totalmente expectante a lo que el destino tenga que decir para burlarse de éste, por supuesto, la protagonista de esta pintura sabe qué es lo que debe hacer. Sabe que ofenderá a los que miren su decisión, pero no duda ni un solo segundo en hacerlo.

“La suicida” (1920) de Jeanne Hébuterne

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Tras un amor tan trágico como el que vivió Jeanne en compañía de Modigliani, ¿acaso tenía otra salida que no fuera la de la muerte? Esta pintura, transparente aviso de sus pensamientos, es uno de los registros personales más sinceros que existen en la pintura.

Los criterios de la mayor parte de las religiones, de las psiquiatrías, de las psicologías y de los aparatos legales han restringido la vida a las normas morales al juzgar como locos, enfermos, pecadores, irresponsables, misántropos o cobardes a los suicidas, es decir, como anormales. Dichas instituciones acusan a estas mujeres, por ejemplo, de atentar en contra de la comunidad, pero ¿por qué no preguntar sobre cuál fue el sentido de su existencia y poner fin a suposiciones vacías? Para expandir tu conocimiento sobre el tema, conoce quiénes fueron los Autores que escribieron sobre la muerte y después de quitaron la vida, además de Las hermanas que se quitaron la vida por depresión y cautivaron al mundo.







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