La verdadera mentira de los ni “tan” niños ni “tan” héroes

Durante la infancia, las instituciones nos inculcan que cada 13 de septiembre se recuerda la batalla de los Niños Héroes de Chapultepec contra el ejército estadounidense. La historia oficial se encargó de reducir la batalla exclusivamente al sacrificio de los jóvenes cadetes, pero aquel día de septiembre había poco más de 800 soldados mexicanos que […]

Durante la infancia, las instituciones nos inculcan que cada 13 de septiembre se recuerda la batalla de los Niños Héroes de Chapultepec contra el ejército estadounidense. La historia oficial se encargó de reducir la batalla exclusivamente al sacrificio de los jóvenes cadetes, pero aquel día de septiembre había poco más de 800 soldados mexicanos que fueron apoyados por el batallón activo de San Blas con 400 hombres y medio centenar de cadetes del Colegio Militar, no sólo seis, como indican los libros de texto gratuitos. 


“Que los niños héroes ni eran niños ni eran héroes”, “que Juan Escutia no se tiró envuelto en la bandera, sino que se cayó por ebrio de borracho”, “que no eran cadetes sino reos prisioneros en el castillo”, “que la gesta sólo cobró importancia por necesidad política hasta Miguel Alemán”, entre otros mitos y rumores son los que se escuchan y se saben sobre la leyenda. 

La historia americana tiene registrada un enfrentamiento por la toma del Castillo, la captura de prisioneros y la liberación de 49 apresados por autorización del Teniente Coronel Ethan A. Hitchock, encargado de la inspección general del ejército norteamericano. Entre otros, aparecen los siguientes nombres: J. Mariano Monterde (Director General), Antonio Poucel (Prof. Esgrima) y alumnos: Manuel Alemán, Fernando Poucel, Miguel Poucel, José T. Cuellar, Antonio Solá, Ignacio Molina, Cástulo García, Esteban Zamora, Vicente Herrera, Ignacio Burgoa, Santiago Hernández, etc.

Por otro lado los documentos registran que el 11 de noviembre de 1847 se crea la Medalla de Honor para venerar a los defensores del Castillo de Chapultepec, en ella figuran, entre otros, los tenientes Manuel Alemán, Fernando Poucel, Juan de la Barrera; subtenientes Miguel Poucel, José T. Cuellar, Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Agustín Melgar y Vicente Suárez. 

El 13 de septiembre de 1871 se celebró por primera vez el Aniversario del Sacrificio del Castillo de Chapultepec, presidido por Benito Juárez y su gabinete. Sin embargo, los conservadores opositores montaron una campaña para desprestigiar las acciones del gobierno juarista, mencionándose entre otras cosas, que los cadetes no eran cadetes sino personas arrestadas en el Castillo, que eran alumnos en estado de ebriedad, que uno de los cadetes abrigándose con la bandera cayó a su muerte por estar borracho, etc.

 
Quizá el mayor mito que rodea a los “Niños Héroes” es la conmovedora escena en la cual Juan Escutia -que no era cadete del Colegio Militar-, toma la bandera tricolor y decide arrojarse desde lo alto del Castillo de Chapultepec antes que verla mancillada por los invasores. Escutia no murió por un salto ni envuelto en una bandera, cayó abatido a tiros junto con Francisco Márquez y Fernando Montes de Oca cuando intentaban huir hacia el jardín Botánico. La bandera mexicana fue capturada por los estadounidenses y fue devuelta a México hasta el sexenio de José López Portillo.


Se dice que la historia es leyenda y mito, que en realidad nunca sucedió y que para apaciguar los ánimos y resaltar los valores de la mexicanidad sobre la amenaza exterior, el gobierno decidió recurrir a la historia. Hoy se sabe que el sistema político mexicano manipuló la historia y negó su lugar a otros personajes que también participaron en 1847.
Sea cual sea la fuente que se utilice para la reconstrucción de los hechos, los personajes y circunstancias; los defensores de Chapultepec ganaron su derecho de piso en la historia nacional, igual que cualquier otro mexicano sobreviviendo en este caótico México.

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FUENTE: http://wikimexico.com/wiki-mexico/los-ninos-heroes-y-sus-mitos-2/

NOTA: El contenido de este artículo sólo es un punto de vista. Es ajeno a la creencia del lector. Sólo con fines informativos.

 

 

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