Psicodelia Moderna

He conocido un grupo musical. Son perfectos, porque fumo sin remordimientos mientras los escucho. Esta mañana me levanté con un ánimo psicodélico ni el hijuemadre, me acerqué a mi teléfono celular y miré su número varias veces. Me desperté desnudo. El frío se me antojaba más gris de lo acostumbrado. Anoche me puse frente al […]

He conocido un grupo musical. Son perfectos, porque fumo sin remordimientos mientras los escucho. Esta mañana me levanté con un ánimo psicodélico ni el hijuemadre, me acerqué a mi teléfono celular y miré su número varias veces. Me desperté desnudo. El frío se me antojaba más gris de lo acostumbrado. Anoche me puse frente al espejo y miré mis dientes, están un poco amarillos, los lavaré con bicarbonato. Desde que pude por fin conseguir su número he empezado a fumar como puta encarcelada: como la más bandida de las putas que fuma porque piensa que así su vida llena de mierda acabará más rápido. Me paré de la cama, pues desnudo. Encendí la laptop y la puse online para escuchar música de ellos. Mi bóxer cubre un pedacito del piso de mi cuarto, de esa madera lustrada y mi cuerpo ha perdido peso. – Quiero perder peso, me siento obeso, me siento fatalmente obeso – . Me puse unos botines, sin medias, y entré al baño…

 

 

Ahora tú y tu puto número me intranquilizan, me llevan a ser más que un intenso. ¿Qué estarás pensando? ¿Por qué no me habrás llamado? He decidido no saberlo e irme al baño, para pararme frente al espejo, mirar mi cepillo, la pasta dental blanca, sentirla en mis encías, en mi lengua, en mi mano. En mi cabeza sigue otro mundo, tu mundo. En mi boca, sigue el dentífrico, el sabor a menta que percude el del cigarrillo. 

 

Entonces decido no pensar más mientras descanso en el retrete, me subo el bóxer y me voy a mi cuarto, lo aseguro para que nadie me joda y poder sentir, libremente, que suena la música, que suenan tus ideas, que suenan las ganas de bailar. Luego… suenan las ganas de no pensarte más, pues siento que poco a poco mi vida se consume evocando tu cara, tus bracitos, tus manitas, tus piernecitas… Antes de anoche estuve en un concierto, me encantó, bailé y pensé en ti. ¿Sí ves?, siento que ya soy un acosador, que te he jodido demasiado en mi silencio. ¿No lo crees? Pues yo sí. Entonces contaba que estaba frente al espejo, pensando en él y viendo mi cuerpo, se me antoja triste mi cuerpo, tal vez es lo que quiero ver; por ahí dicen que uno ve lo que a uno se le da la gana. Pues yo veía mi cuerpo triste.

 

Me tiré a la cama para mirar la constelación que se forma en el cielo raso de mi cuarto, el encendedor es azul, como mi cigarro. Lo iluminé, y sentí que el sol iluminaba mi día. No sé el porqué de este día tan frío y oscuro, ayer hizo un magnífico día hasta que te vi. Cada vez que decido no pensar más en ti, te veo y se me alborota la paciencia, me caigo en pedazos, me quiero poner a fumar, a tomar tequila. Bueno y sí, no quería que me hablaras, tengo miedo de que este sentimiento se muera de la peor manera, y cualquier manera es la peor manera, así como ésta es la peor manera de liquidar a mis pulmones, aunque de antemano digo que prefiero que el sentimiento viva en mí, antes que mis pulmones vivan en mí. Esa es mi decisión… Ya borré tu número. Ahora solo quiero saber qué más viene y cuándo acabará esto. 

 

Álvaro Díaz es un joven escritor colombiano que estudia en la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente reside en la ciudad de Bogotá. Álvaro combina sus estudios en química con su gusto por la escritura, principalmente cuentos.

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