A David Bowie… a donde quiera que tu nave viaje, Ziggy, nunca dejes de cantar ni de bailar | Cultura Colectiva - Cultura Colectiva

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A David Bowie… a donde quiera que tu nave viaje, Ziggy, nunca dejes de cantar ni de bailar

Hoy, igual que ayer, me siento terriblemente sola. Todo está tan silencioso. Todo flota aquí pero no hace ningún ruido. Nada. No se escucha absolutamente nada. A veces ni siquiera escucho mi respiración. Llamo a casa pero nadie me contesta. (Dije casa, no hogar). Pero tal vez yo me lo busqué: salí huyendo en la […]



Hoy, igual que ayer, me siento terriblemente sola. Todo está tan silencioso. Todo flota aquí pero no hace ningún ruido. Nada. No se escucha absolutamente nada. A veces ni siquiera escucho mi respiración.

Llamo a casa pero nadie me contesta. (Dije casa, no hogar). Pero tal vez yo me lo busqué: salí huyendo en la primera oportunidad que se me presentó. No es que no me gustara, allí viven o vivían, no lo sé ya, todos los seres humanos que alguna vez amé. A algunos todavía los amo. Pero yo sentía que no había lugar allí para mí, nunca encontré sentido de pertenencia en ese entorno. Por eso me fui. Pero el problema nunca fueron ellos. Siempre fui yo.

Aunque no es que fuera un problema en realidad, más bien era una situación complicada. Yo era diferente. Rara. Tampoco quiero que eso se interprete en un sentido peyorativo, simplemente así eran las cosas. En eso, entre tantos, David Bowie me ayudó a entenderlo. A entenderme a mí misma y el universo que me habitaba. Que me habita.

David Bowie

 

Sin embargo, ellos me dijeron que si los necesitaba, allí estarían. Y no están. ¿No es un poco cruel dejarme sola y a la deriva cuando necesito volver a poner los pies en la tierra?

Andrei me hacía compañía. Era un buena chico, me gustaba su sonrisa. Pero también terminó yéndose. Traté de comunicarme con él pero jamás respondió. El vacío no hizo nada más que crecer cuando se fue. Ahora sólo quedo yo.

En momentos de desesperación como éste, recuerdo a Carl Sagan y su manera de describir al planeta Tierra como un pequeño y pálido punto azul resplandeciendo débilmente en la inmensidad del Universo. Puede parecer nimio, lo es comparado con otros cuerpos celestes, pero no por eso deja de ser el lugar que habitamos, al que, por más lejos que queramos volar, siempre estaremos atados de una u otra manera.

He llegado a un punto de encierro en el que ya no sé si es de día o de noche, pero hay momentos en los que la oscuridad es más densa y me provoca mucho miedo y ansiedad que haya algo oculto en ella, esperando para hacerme daño. Por eso me tiro en donde pueda a llorar. Lloro mucho, como géiseres, pero al menos eso me ayuda a quedarme dormida.

David BOWIE

Cuento los días. Ya no sé si continúo llamando por pura costumbre o porque en algún recoveco de mi corazón guardo algo de esperanza. La verdad es que no sé cuánto más logre soportar. El vacío. Lanzarme al vacío comienza a ser una idea tentadora. No sería difícil en realidad, sólo es cuestión de agarrar valor.

Extraño a Andrei, extraño a mi madre, a mi abuela, a mi hermana Estrella –curioso nombre el suyo-… Me extraño a mí misma, a la Azul que solía ser hace mucho tiempo. Me pregunto a menudo qué fue de ella, dónde estará y si sigue escribiendo poemas. ¿Y si Sagan encontrara curioso el hecho de que se llame Azul, como el punto pálido de su cielo oscuro?

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Algo dentro de mí me dice que ya es hora. En mi mente, desde hace unos días, sólo resuena la voz de Bowie: Here I am floating round my tin can far above the moon… planet Earth is blue and there’s nothing I can do.

No sé qué demonios haya pasado en la Tierra, en el Centro de Mando de la NASA desde hace más de un año, pero ya no puedo soportar esto. Creo que Andrei lo presentía y por eso se fue, así, sin avisar: agarró su traje espacial y salió a dar un paseo hacia la nada. Me parece que es tiempo de que yo haga lo mismo y, con un poco de suerte, quizás hasta me encuentre de nuevo con Andrei y con el Mayor Tom. Y con Ziggy Stardust. Y con Azul Estelar.


Apago todos los controladores y los sistemas, pero dejo para el final el comunicador. Lanzo un último mensaje: Adiós… Si me buscan, voy de camino a la Nebulosa de Cangrejo a buscar el pulsar que está dentro de ella. Los amo… Sin respuesta, sólo estática. Suspiro.

Me pongo mi traje espacial y tomo de uno de los cajones de herramientas una navaja. Echo un último vistazo a todo y me acerco a la compuerta. Respiro hondamente y me pongo el casco. Abro la compuerta. Pongo mi mente en blanco y salto al vacío.

¿Por qué si el cielo está lleno de estrellas que brillan, se ve más oscuro que claro? Alguien formuló esa paradoja alguna vez, estoy segura, pero ahora mismo no recuerdo su nombre. En realidad ya no importa. Estoy flotando. Corto el cable que me ata a la nave y salgo disparada. Al principio es complicado, todo es tan rápido cuando das de vueltas en el espacio. Cada vez más y más y más y más lejos de cualquier centro de gravedad. Floto donde ya no hay eco ni oxígeno ni nada que me pueda hacer regresar.

Ahora sólo soy una cosmonauta a la deriva, sin nave ni estación espacial que la abrace.

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