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Un amor cósmico: Carl Sagan y la más bella coincidencia espacio-temporal

En los primeros días de 1976, Sagan recibió un llamado de urgencia de la NASA. Se trataba de un tema relacionado con las sondas espaciales Voyager, la flamante misión de la agencia espacial que no sólo pretendía traer información de los planetas exteriores del Sistema Solar, también llevar consigo un registro de la humanidad a mundos […]



En los primeros días de 1976, Sagan recibió un llamado de urgencia de la NASA. Se trataba de un tema relacionado con las sondas espaciales Voyager, la flamante misión de la agencia espacial que no sólo pretendía traer información de los planetas exteriores del Sistema Solar, también llevar consigo un registro de la humanidad a mundos más allá del vecindario cósmico explorado. Carl sería el encargado de presidir el comité científico dedicado a idear el formato y contenido del mensaje que viajaría en ambas sondas.

carl sagan ann druyan pareja

Entre los científicos y colegas que reunió para tal empresa, se encontraba Ann Druyan, una chica neoyorquina que combinaba la divulgación de la ciencia con su carrera como novelista. Después de probar su capacidad, Ann fue elegida como la directora creativa del proyecto liderado por Sagan y durante nueve meses trabajaron en conjunto con otros especialistas para lo que hoy conocemos como el Disco de Oro de las Voyager.

El trabajo de Carl Sagan y Ann Druyan se vio recompensado tras el lanzamiento de las sondas espaciales con 118 fotografías, 90 minutos de música y saludos en 55 idiomas de nuestro planeta, que ahora mismo continúan su curso hacia lo más recóndito de la Vía Láctea y son los objetos más alejados de la Tierra que jamás ha construido el hombre. 

carl sagan sasha ann druyan

No sólo eso. Tanto Carl como Ann ganaron durante esas tardes de trabajo algo apenas más invaluable, que habría de cambiar sus vidas para siempre: una persona para compartir sus vidas. En 1981 decidieron casarse y un año después nació Sasha Sagan, el primer fruto de la pareja, a quien ambos educaron con tanto amor como ahínco en una residencia a orillas de una colina en Ithaca, Nueva York.


El tiempo siguió su curso y Druyan se convirtió en mucho más que la esposa de Sagan. Cada uno había encontrado en el otro un desafío intelectual, un amante apasionado, una pareja invaluable y un colega crítico, primer filtro y opinión más importante para cada uno de sus libros. En suma: ambos tenía frente a sí a un compañero de vida. 



El propio Carl no dudaba en demostrar su afecto en público, en reuniones entre colegas y presentaciones importantes. Druyan fungió de editora para sus publicaciones y viceversa, además de coescribir algunos textos juntos. Ann contribuyó como guionista a la legendaria serie de TV “Cosmos: A Personal Voyage” (1980), su proyecto más importante como pareja. En agradecimiento, Sagan dedicó el libró homónimo al que fue el gran amor de su vida:

«En la vastedad del espacio y en la inmensidad del tiempo, mi alegría es compartir un planeta y una época con Annie».
—Carl Sagan

sagan frases en el cosmos

Después de pasar 13 años de felicidad plena, Carl fue diagnosticado con síndrome mielodisplásico y finalmente murió de neumonía dos años más tarde, en diciembre de 1996 en una cama de hospital en Seattle, Washington, convencido de que no volvería a ver a sus seres queridos vivos, mucho menos a sus padres ya muertos.

No obstante, dejó un legado que aún hoy maravilla a cientos de miles de jóvenes con sus palabras como inspiración para un primer acercamiento a la ciencia y sus misterios. Los últimos años de su vida los dedicó enteramente a Ann, Sasha y Sam (el segundo hijo del matrimonio nacido en 1991), además de poner fin a dos de sus obras más conocidas, “The Demon-Haunted World” (1995) y “Pale Blue Dot” (1996).

En una entrevista para la revista Skeptical Inquirer en 2003, Ann Druyan reveló cuál fue su sentir en el duro momento tras la muerte de su pareja en una declaración que bien podría equipararse con cualquier carta de amor, con palabras tan inspiradoras como realistas sobre su compañero de vida y cómo compartió con el un instante cósmico donde ambos dieron lo mejor de sí:

carl sagan y  ann druyan

«Cuando mi esposo murió, era tan famoso y conocido por no ser creyente, que muchas personas me preguntaron –y todavía me pasa a veces– si Carl había cambiado y se había convertido al final en un creyente en la vida después de la muerte. También me preguntaron con frecuencia si creo que lo volveré a ver. Carl se enfrentó a su muerte con coraje y tenacidad y nunca buscó refugio en ilusiones. La tragedia fue que los dos sabíamos que nunca nos volveríamos a ver.

No espero volver a reunirme con Carl. Pero lo más grandioso es que mientras estuvimos juntos, por casi 20 años, vivimos con una apreciación real de lo breve que es la vida y lo preciosa que es. Nunca trivializamos el significado de la muerte fingiendo que era algo más que una separación definitiva. Cada momento que estuvimos vivos y estuvimos juntos fue milagroso, pero no en el sentido de inexplicable o sobrenatural.

carl sagan y ann druyan juntos

Sabíamos que habíamos sido beneficiados por el azar… Que el azar puro haya sido tan generoso y tan amable que nos pudimos encontrar, como Carl escribió tan bellamente en “Cosmos”, ya sabes, en la inmensidad del espacio y la inmensidad del tiempo… que hayamos podido estar juntos durante veinte años. Eso es algo que me sostiene y que es mucho más significativo… la forma en que me trató y en que lo traté, la forma en la que nos cuidábamos el uno al otro y a nuestra familia mientras vivió. Esto es mucho más importante que la idea de que lo volveré a ver algún día.

No creo que vuelva a ver a Carl nunca más. Pero lo vi. Nos vimos el uno al otro. Nos encontramos el uno al otro en el cosmos, y eso fue maravilloso».

sasha sagan y ann druyan


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Referencia

Skeptical Inquirer, “Ann Druyan Talks About Science, Religion, Wonder, Awe… and Carl Sagan“, Volumen 27.6, Noviembre/Diciembre, 2003.



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