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La mujer que descubrió el misterio más inquietante de las estrellas

¿Qué misterios esconden las estrellas?Esta pregunta rondaba en la mente de Annie desde que tuvo uso de razón. Desde pequeña, su madre le enseñó a mirar el cielo nocturno en las noches despejadas. Hace 150 años, no existía tal cosa conocida como contaminación lumínica y cada noche era posible divisar un majestuoso espectáculo en la bóveda […]



¿Qué misterios esconden las estrellas?

annie jump cannon casa

Esta pregunta rondaba en la mente de Annie desde que tuvo uso de razón. Desde pequeña, su madre le enseñó a mirar el cielo nocturno en las noches despejadas. Hace 150 años, no existía tal cosa conocida como contaminación lumínica y cada noche era posible divisar un majestuoso espectáculo en la bóveda celeste: dependiendo de la época del año, un sinfín de astros brillaban sobre el firmamento, despertando la fascinación infantil que guía irremediablemente a todo niño hacia lo desconocido.

Annie Jump Cannon nació en Dover, un pequeño poblado a unos cuantos kilómetros de la línea costera del este de los Estados Unidos, con tardes tibias e inviernos despejados, rodeado de un espeso bosque. Su madre, Mary Jump, tenía tiempo de sobra para alimentar la curiosidad de su hija gracias a la holgura económica de su padre, senador y constructor de barcos en Delaware, la capital del estado.

annie jump cannon grande

A finales del siglo XIX la regla era sencilla: las mujeres debían encargarse de las labores de la casa y desarrollar habilidades en la cocina, el cuidado de los menores y actividades que las mantuvieran ocupadas dentro del hogar, con una malsana excepción. Aquellas con los ingresos suficientes para ir a la Universidad podían estudiar una carrera, para después volver a sus actividades cotidianas y pasar su vida atadas a un hombre. Mientras le enseñaba las constelaciones a la pequeña Annie, Mary Jump no sólo estimulaba su imaginación, también le enseñaba a ser libre.

A los 17 años y contra todo pronóstico, Annie Jump Cannon ingresó al Wellesley College en Massachussets, donde afirmó su pasión por las estrellas y aprendió de mecánica newtoniana, cálculo y biología. Cuatro años más tarde y con un título en física, decidió embarcarse en una aventura por Europa, donde desarrolló un gusto por la fotografía, un arte novedoso en esa época. 

annie jump cannon computadoras de harvard

A su regreso a Delaware, Annie se encontró con un panorama desalentador: su madre se encontraba cada vez más frágil y resolvió cuidarla durante sus últimos años de vida. Al mismo tiempo, enfermó de escarlatina y estuvo cerca de perder el oído. Ambas condiciones provocaron un aislamiento social, que subsanó dedicando su tiempo muerto al estudio de la astronomía.

Finalmente, Mary Jump falleció en 1894, cuando Annie tenía 31 años. Con una vida por delante, sin ningún compromiso sentimental y nada qué perder, Jump Cannon decidió llamar a una de sus profesoras en Massachussets para solicitar empleo como profesora de física, donde brilló por su dominio del tema. 

annie jump cannon harvard

Gracias a su amplio conocimiento en la materia, Annie fue enviada a estudiar astronomía en Radcliffe, donde recibió clases de Charles Pickering, uno de los científicos más importantes de la época y ejemplo de todos los jóvenes que deseaban aprender más sobre la ciencia del espacio. Rápidamente, Jump Cannon sobresalió y fue invitada por Charles para formar parte del trabajo que realizaba en Harvard, donde fungía como director del Observatorio y trabajaba en un proyecto dedicado a la clasificación estelar a través de la espectroscopía.


El nuevo trabajo que tenía frente a sí era abismal: se trataba de recolectar un sinfín de datos de observaciones de estrellas de acuerdo a su espectro. Sin saberlo, Annie fue subcontratada por Pickering en un acto de sexismo y discriminación. El director del Observatorio sabía que la clasificación estelar era poco menos que una labor titánica que pocos científicos y colegas hombres estaban dispuestos a realizar a cambio de un salario bajo y de hacer el trabajo sucio para su investigación, sin obtener siquiera el debido reconocimiento.

annie jump cannon y amigas

La salida que Pickering encontró a la problemática fue tan machista como evidente: se aprovechó del talento y la voluntad de Annie y otras compañeras del Instituto y se dedicó a subcontratar únicamente mujeres para concluir su empresa. Los colegas y la opinión pública les llamaron despectivamente “Computadoras de Harvard” y, más tarde, se refirieron a ellas y su encierro con el profesor como “El harem de Pickering”. 

A pesar de lo desgastante y mal pagado de su trabajo (ganaban un poco más que las mujeres que laboraban en fábricas), Annie y las demás “Computadoras de Harvard” se mantuvieron clasificando datos de Sol a Sol, durante poco más de tres años, en los que recibieron decenas de críticas desde las posiciones académicas más conservadoras, que argumentaban con fiereza lo absurdo que era tener a un grupo de mujeres laborando en una ciencia dura.

annie jump canon telescopio

Durante las jornadas, Annie fue encomendada a seguir con la clasificación estelar del Hemisferio Sur, cuando desarrolló distintas mejoras en el sistema de catalogación de Pickering para seguir con el proyecto. Annie encontró un método sencillo y creativo para agilizar el trabajo: a través de una regla mnemotécnica simple, la física logró avances sustanciales en la clasificación espectral. Con “OBFGKM”, las iniciales de la frase “Oh Be a Fine Girl Kiss Me!” estableció reglas de clasificación comenzando por la temperatura de los astros, en escala descendente.

El éxito de su método fue tal, que en 1901 culminó su propia clasificación estelar; sin embargo, la parte más machista y conservadora de Harvard le negó la posibilidad de que la investigación llevara su nombre y su trabajo fue publicado bajo el nombre de “Henry Drapger Catalogue”. No sólo eso, también le negaron el ascenso a astrónoma del Observatorio y se tuvo que conformar con el puesto de conservadora de fotos astronómicas.

annie jump cannon harvard

Apoyada por su círculo más cercano y relegada a un puesto secundario, Annie nunca se dio por vencida y siguió trabajando en la clasificación estelar más grande que jamás haya existido, con más de 225 mil estrellas y cerca de trescientas descubiertas por ella misma. Poco a poco, su nombre y clasificación resonó entre los círculos académicos y científicos y el machismo imperante en la ciencia no tuvo más que reconocer el aporte de Annie para comprender las estrellas de mejor forma.

Con el tiempo, la clasificación espectral de Harvard se reconoció como invención suya y en la actualidad es la base de la clasificación estelar de uso común en la astronomía. Annie se retiró de los quehaceres científicos en 1940, un año antes de su muerte, pero su legado se mantiene vivo cada vez que alguien levanta la vista sobre su cabeza y, con curiosidad, se hace la misma pregunta que llevó a una niña inquieta a conocer más sobre el misterio que esconden los astros que brillan en lo más oscuro del firmamento.

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Referencias:

The Atlantic

Smithsonian Institution Archives




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