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La famosa obra de Goya que posiblemente pintó su ayudante

La gente a menudo sólo ve lo que quiere ver. El mundo del coleccionismo de arte se ha enfrascado en esta idea como ningún otro. Después de todo, especialmente cuando se trata de obras del pasado, pueden surgir confusiones, incluso de forma intencional. En todo caso, vale la pena preguntarse qué sucedería si una obra que […]



La gente a menudo sólo ve lo que quiere ver. El mundo del coleccionismo de arte se ha enfrascado en esta idea como ningún otro. Después de todo, especialmente cuando se trata de obras del pasado, pueden surgir confusiones, incluso de forma intencional. En todo caso, vale la pena preguntarse qué sucedería si una obra que se supone que es un artista en realidad no le pertenece.


atribucionismo
Bernard Berenson

En el siglo XX Bernard Berenson, el padre del atribucionismo, definía este método de estudio de la historia del arte como un elemento indispensable y fundamental para el conocimiento de la obra artística. Se baso en la obra y el método del historiador y crítico de arte italiano Giovanni Morelli, quien sustentaba su teoría con base en los detalles más insignificantes de las identidades de la composición y el objeto u otros tratamientos generales que tienen más probabilidades de ser aprovechados por los estudiantes, copistas e imitadores de los artistas originales. En su libro Rudiments of connoisseurship, Berenson expone toda una serie de elementos pictóricos (el tamaño de las manos o de las orejas, por ejemplo) como herramientas indispensables para la atribución de una obra de arte a un autor determinado.


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Cuando El Coloso llegó al Museo del Prado, en 1931, fue admirado como la máxima expresión del Goya moderno. No obstante, era un período en que los estudios sobre el creador apenas comenzaban y el conocimiento de sus seguidores e imitadores aún era precario. Desde entonces y durante el siglo XX, El Coloso fue una de las obras más conocidas del pintor. Con un tono oscuro y escasa luz en su materia, hicieron que los registros fotográficos más modernos (a color se apreciarían mejor los detalles) lo hayan presentado en una forma que no responde a la realidad del cuadro. Con luz adecuada la pobreza de su técnica, de su luz y colorido es más evidente, al igual que al compararse con las obras de atribución documentada de Goya.

Asimismo, la autoría del cuadro ha levantado sospechas, ya que, entro otras razones de peso, las iniciales “AJ” en la pintura, sustentaría la hipótesis de que en realidad fue el pintor valenciano Asensio Juliá, conocido a finales del siglo XVIII como ayudante del taller de Goya, quien realizó la composición. Mucho se ha debatido al respecto. Incluso, en 2008, una vocera de conservación del museo emitió un comunicado en el que sostenía que había altas probabilidades de que el autor de El coloso fuera Juliá. Expertos e historiadores de la obra de Goya no tardaron en refutar la hipótesis.


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Otro gran ejemplo es el de los artistas italianos Eva y Franco Mattes, quienes hace unos años expusieron en la galería Carroll/Fletcher Gallery, en Londres, una obra supuestamente del artista Maurizio Cattelan titualada Catt. La pieza en cuestión consiste en un gato disecado (que mandaron a reproducir con un taxidermista a partir de un meme encontrado en Internet) dentro de una jaula con un canario encima, también disecado. Nadie puso en duda la autoría de la obra hasta pasado casi un año. Como propuesta, esta obra podría definirse “atributiva”.

En un sentido amplio, la teoría de Berenson, que en pleno siglo XXI se tomó como totalmente obsoleta y superada con otras corrientes metodológicas de la historia del arte, de hecho no se encuentra tan fuera de uso como podría creerse. En la práctica, la actualidad presenta una gran  actividad atribucionista.

Esto se debe en gran medida al gran desarrollo del  mercado del arte. El arte se está convirtiendo en una mercancía con la que especular, y un valor-refugio en las carteras de inversión de los grandes compradores. Este hecho ha dado lugar al establecimiento de las marcas en el mundo del arte que corresponden a grandes artistas. Es decir, no es lo mismo tener un Goya que un cuadro de la escuela de Goya. Por eso el mundo del atribucionismo es de completa actualidad porque regala marcas, a pesar de ser un método de clasificación que no garantiza una total veracidad de la propia atribución.

Por lo tanto este método, puesto en práctica por unos pocos expertos que trabajan en el mercado, nos ofrece regularmente cuadros de grandes artistas que no han sido firmados por el propio autor. A pesar de lo rentable que es el atribucionismo, su práctica no sólo se produce en el ámbito del mercado del arte, también llega a los museos, como en el caso de El coloso y su atribución a Goya. Es evidente que un museo siempre recibirá más visitas por El coloso pintado por Goya que por uno realizado por otro pintor de su escuela.

Esto abre las puertas de un debate. En definitiva, la actualidad presenta un arte que es mercado, artistas que son marcas y obras que se convierten en iconos. No debe olvidarse que las casas de subastas, galerías y museos en definitiva son empresas y por lo tanto recurrirán al atribucionismo siempre que éste les beneficie. Por lo tanto, como espectador y amante del arte, es necesario buscar la calidad en la técnica, en el proceso de creación de la obra y por supuesto en la destreza del artista, sin prestar atención a su nombre.

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Por si fuera poco, la obra de Goya ha estado envuelta en otras controversias relacionadas con su autoría y su autenticidad

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