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Los labios, la lengua y las palabras: los besos más famosos de la literatura

Si hay un sentimiento que se plasma con gran entusiasmo en la literatura es el amor, las historias y los poemas que se escriben a partir de lo que inspira este sentimiento nos muestran todos los matices de él; sin embargo, aún falta mucho por escribir, aún falta tanto qué explicar.  El amor es sincero, es prudente; […]



Si hay un sentimiento que se plasma con gran entusiasmo en la literatura es el amor, las historias y los poemas que se escriben a partir de lo que inspira este sentimiento nos muestran todos los matices de él; sin embargo, aún falta mucho por escribir, aún falta tanto qué explicar.


  El amor es sincero, es prudente; el amor deja que un autor hable de él y que lo exponga en palabras, en versos, en historias y las sella con besos en momentos en los cuales nos dejan ser partícipes de la comunión de dos personas. Como lectores nos enamoran, nos ilusionan, nos estremecen; los besos en la literatura, cuando se leen y se componen de frases y párrafos, nos cautivan y transportar a un determinado espacio y tiempo.  


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Dentro de la literatura y la poesía existen besos que merecen ser recordados, que se han creado en prosa o en versos y nos permiten ser cómplices del momento romántico en el cual sus personajes logran expresar sus sentimientos sólo al unir sus labios. A continuación te presentamos los besos que escribieron autores que forman parte de sus historias o poemas y que han quedado encumbrados en las letras:

Romeo y Julieta
William Shakespeare


romeo y julieta amarse a si mismo

Considerado el mejor dramaturgo de todos los tiempos, Shakespeare convirtió a Romeo y Julieta en la historia de amor por excelencia; su fama ha cobrado vida en otras artes que han tomado como referencia el trágico amor de los jóvenes de Verona. En el Primer Capítulo, en la quinta escena, los personajes de Romeo y Julieta se han encontrado en una reunión de la casa de los Capuleto, justo en esa celebración, Shakespeare nos regala un beso que pasaría a la historia:

Romeo: (Tomando la mano de Julieta) Si con mi mano he profanado tan celestial altar, perdóneme. Mi boca borrará la mancha, cual peregrino ruboroso, con un beso.

Julieta: El peregrino ha equivocado el sendero pese a que parece devoto. El palmero únicamente ha de besar manos de santo.

Romeo: ¿Y no tiene labios el santo lo mismo que el romero?

Julieta: Los labios del peregrino son para orar.

Romeo: ¡Oh, es una santa! Cambien pues de oficio mis manos y mis labios. Ore el labio y otórgueme lo que le pido.

Julieta: El santo escucha con tranquilidad los ruegos.

Romeo: Entonces, escúcheme tranquila mientras mis labios oran, y los suyos se purifican (La besa).

Julieta: En mis labios queda la huella de su pecado.

Romeo: ¿Del pecado de mis labios? Ellos se retractarán con otro beso (La besa nuevamente).

Julieta: Besas muy virtuosamente.

 


Las cuitas del joven Werther
 Johann Wolfgang von Goethe

Besos en la literatura y poesía


En la literatura alemana encontramos a Werther y Carlota, personajes de la novela de Goethe que se basa en una recopilación epistolar que describe el amor que siente el joven Werther por su amada Lotte. El momento tan esperado por los lectores cobra vida a unas cuantas páginas de finalizar la obra literaria, cuando después de recitar un poema de Ossian ocurre lo que Werther y los lectores habíamos estado esperando en cada encuentro de los enamorados:

“¿Por qué me despiertas, soplo embalsamado de primavera? Tú me acaricias y me dices: ‘traigo conmigo el rocío del cielo; pero pronto estaré marchito, porque pronto vendrá la tempestad, arrancará mis hojas. Mañana llegará el viajero; vendrá el que me ha conocido en todo mi esplendor; su vista me buscará a su alrededor y no me hallará”. Estas palabras causaron a Werther un gran abatimiento.

Se arrojó a los pies de Carlota con una desesperación completa y espantosa, y tomándole las manos las oprimió contra sus ojos, contra la frente. Carlota sintió el vago presentimiento de un siniestro propósito.

Trastornado su juicio, tomó también las manos de Werther y las colocó sobre su corazón. Se inclinó con ternura hacia él y sus mejillas se tocaron.

El mundo desapareció para los dos; la estrechó entre sus brazos, la apretó contra el pecho y cubrió con besos los temblorosos labios de su amada, de los que salían palabras entrecortadas. -¡Werther! -murmuraba con voz ahogada y desviándose-. ¡Werther!, insistía, y con suave movimiento trataba de retirarse. -¡Werther! -dijo por tercera vez-, ahora con acento digno e imponente.

Él se sintió dominado; la soltó y se tiró al suelo como un loco. Carlota se levantó y en un trastorno total, confundida entre el amor y la ira, dijo: -Es la última vez, Werther; no volverás a verme.

Y entregándole una mirada llena de amor a aquel desdichado, corrió a la habitación contigua y ahí se encerró. Werther extendió las manos sin atreverse a detenerla. En el suelo y con la cabeza en el sofá, permaneció más de una hora sin dar señales de vida. Al cabo de ese tiempo oyó ruido y despertó. Era la criada que venía a poner la mesa. Se levantó y se puso a caminar por el cuarto.

Cuando volvió a quedarse solo, se acercó a la puerta por donde había entrado Carlota y dijo en voz baja: -¡Carlota! ¡Carlota! Una palabra al menos, un adiós siquiera… Ella guardó silencio. Esperó, suplicó, esperó una vez más… Por último, se alejó de la puerta gritando:

-¡Adiós, Carlota… adiós para siempre!

 


Un sueño
 Manuel Acuña

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Aunque su obra más representativa se considera Nocturno a Rosario, poema que atribuyó su amor a Rosario de la Peña, y todo apunta lo llevó a la muerte, en el poema “Un sueño”, el poeta mexicano nos describe brevemente un beso, sensato, donde se antepone la imaginación y permite a todo aquél que lo lee a llenar ese vacío y crear mayores emociones.

Un sueño

¿Quieres oír un sueño?…
Pues anoche
vi la brisa fugaz de la espesura
que al rozar con el broche
de un lirio que se alzaba en la pradera
grabó sobre él un «beso»,
perdiéndose después rauda y ligera
de la enramada entre el follaje espeso.
Este es mi sueño todo,
y si entenderlo quieres, niña bella,
une tus labios en los labios míos,
y sabrás quién es «él», y quién es «ella».




El primer beso
Amado Nervo

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Amado Nervo nos concede en el poema “El primer beso” esa escena en la que dos personas convierten un encuentro en un momento de felicidad y gozo, un beso concedido por el amor y atracción que sienten ambos, y que el poeta nos lo deja saber en sus letras.

El primer beso

Yo ya me despedía…. y palpitante 
cerca mi labio de tus labios rojos, 
«Hasta mañana», susurraste; 
yo te miré a los ojos un instante 
y tú cerraste sin pensar los ojos 
y te di el primer beso: alcé la frente 
iluminado por mi dicha cierta. 

Salí a la calle alborozadamente 
mientras tú te asomabas a la puerta 
mirándome encendida y sonriente. 
Volví la cara en dulce arrobamiento, 
y sin dejarte de mirar siquiera, 
salté a un tranvía en raudo movimiento; 
y me quedé mirándote un momento 
y sonriendo con el alma entera, 
y aún más te sonreí… Y en el tranvía 
a un ansioso, sarcástico y curioso, 
que nos miró a los dos con ironía, 
le dije poniéndome dichoso: 
-«Perdóneme, Señor, esta alegría.»



Rayuela
Julio Cortázar

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Una de las obras maestras de la literatura hispanoamericana contemporánea es sin duda Rayuela, publicación que marca una pauta para dar inicio al llamado boom latinoamericano, y es en el capítulo 7 en el cual el escritor argentino nos deleita con su forma más estricta y peculiar de relatar un beso:

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Las batallas en el desierto
José Emilio Pacheco

Besos en la literatura y poesía


La novela Las batallas en el desierto es considerada como una de las mejores obras literarias mexicanas del siglo XX, en ésta José Emilio Pacheco nos narra problemáticas sociales que se viven en el México de aquel entonces (1981), en especial en la Ciudad de México, las cuales se mezclan en una peculiar historia de amor, y  hacemos mención del siguiente beso, el inocente y sencillo beso que le da Mariana a Carlitos:

“Solté mi mano de la suya. Me levanté para salir. Entonces Mariana me retuvo: Antes de que te vayas, ¿puedo pedirte un favor?: Déjame darte un beso. Y me dio un beso, un beso rápido, no en los labios sino en las comisuras. Un beso como el que recibía Jim antes de irse a la escue­la. Me estremecí. No la besé. No dije nada. Bajé corriendo las escaleras. En vez de regresar a cla­ses caminé hasta Insurgentes. Después llegué en una confusión total a mi casa. Pretexté que esta­ba enfermo y quería acostarme”.

 

El amor ha inspirado a grandes autores, no sólo los que mencionamos en esta lista.
Un acto de amor siempre debe ir acompañado de un beso, mismo que van más allá de la unión de los labios, sino de todos los sentimientos que se conforman antes, durante y después de éste.

Sinceros, sin rencor, con amor, así se dan los verdaderos besos: libres. Los besos literarios nos describen un momento de la historia, marcan una pauta, en otros casos pueden ser biográficos, y nos proponen un contexto, unos en cambio nos remontan a época distintas, con personajes diferentes y que conservan en cada una la esencia de un beso.


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Este acto de amor ha inspirado a miles de creadores de otras ramas artísticas, y para mostrártelo te compartimos los mejores besos en la historia del arte.

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