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Cómo ser un líder de vida y transformar a quienes amas

Cuando pensamos en líderes vienen a nuestra mente personas como Gandhi, Nelson Mandela, José de San Martín, o empresas como Google o Apple. Sin lugar a dudas, todos estos individuos poseen características de liderazgo pero, ¿sólo ellos tienen la capacidad de liderar? Existe una larga lista de libros, noticias, páginas de Internet y videos que hablan […]





Cuando pensamos en líderes vienen a nuestra mente personas como Gandhi, Nelson Mandela, José de San Martín, o empresas como Google o Apple. Sin lugar a dudas, todos estos individuos poseen características de liderazgo pero, ¿sólo ellos tienen la capacidad de liderar? 

Existe una larga lista de libros, noticias, páginas de Internet y videos que hablan acerca de cuáles son las claves para ser un gran líder, es por este motivo que en este artículo dejamos esos puntos y decidimos dar un enfoque diferente  a un tema tan estudiado en la actualidad.

El liderazgo se define como la capacidad que dispone una persona y por la cual es capaz de influir en su grupo de pertenencia, o a un determinado público ante el cual se expresa y dirige su mensaje.

La situación de liderazgo implica influir en las creencias, valores y acciones de los otros, y también apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de los objetivos comunes del grupo al que pertenecen.


Líder de vida


En la actualidad contamos con numerosos ejemplos de líderes; si los estudiamos con más detalle, podemos notar que en todos los casos se trata de empresas o personas definidas, reconocidas y claramente identificadas como líderes, las cuales son seguidas por un grupo generalmente numeroso. Sin embargo, ¿este es el único tipo de liderazgo que existe? La respuesta es no. 

Existen los llamados líderes de vida. Esto significa liderar todos los días, las 24 horas, en todos los ambientes, aspectos y grupos. Ser líderes de vida es dejar de mirar hacia un costado, esperando que las cosas cambien solas, o que llegue alguien más para modificarlo; significa ser agentes de cambio, tomando la iniciativa para decidir y actuar con conciencia en todos los asuntos que nos parecen importantes, generando una influencia cotidiana sobre los grupos que nos rodean.

Este pensamiento se sustenta en dos ejes esenciales. En primer lugar, se basa en el concepto de que todos estamos continuamente en contacto con otras personas tomando decisiones sobre cómo actuar. El segundo punto se fundamenta en el experimento psicológico de Solomon Asch, quien demostró que, a pesar de la opinión propia, las personas tienden a imitar el comportamiento de los individuos que los rodean, a menos que alguien más se atreva a oponerse. Por este motivo, las decisiones que tomamos generan un efecto sobre los demás y sobre su comportamiento, por lo tanto, vivimos rodeados de posibilidades para mostrar nuestra ideología y generar una influencia en los otros.


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Pero, ¿cuáles son las decisiones y oportunidades que tenemos en la vida cotidiana para convertirnos en líderes? Absolutamente todas las acciones que realizamos en presencia de un o más individuos. Desde el momento en que decidimos no tirar un papel en la calle o acercarnos a una persona no vidente para preguntarle si necesita ayuda, hasta cuando elegimos dejarle el asiento del colectivo a alguien que lo necesita más. Estos son algunos de los ejemplos que diariamente se nos presentan y que nos dan la posibilidad de convertirnos en líderes y agentes de cambio.

La pregunta que resta es, ¿esto es realmente liderazgo? Para responderlo nos basaremos en la definición presentada al comienzo y en ciertas palabras claves dentro de la misma: “capacidad que dispone una persona y por la cual es capaz de influir en su grupo de pertenencia, o a un determinado público ante el cual se expresa y dirige su mensaje”.

 En primer lugar, el grupo. Como se mencionó anteriormente, este tipo de liderazgo se aplica a grupos diferentes, muchas veces no duraderos y en general menores, formados sólo por un par de personas; sin embargo, la interrelación con otros individuos significa la existencia de un grupo. Después viene el objetivo: es el principio en que se basan nuestras decisiones.
La forma que tenemos para expresarnos y dirigir nuestro mensaje son las acciones; como ya sabemos, una acción dice más que mil palabras. Y finalmente, la influencia; este aspecto se encuentra a la par de las acciones que llevamos a cabo, así como de la constancia y perseverancia con que las realicemos. De nada sirve actuar como líder sólo una vez o un día; para poder transmitir el mensaje a nuestros pares y conseguir resultados se requiere de persistencia. Por ende, se deduce que a pesar de que es un tipo diferente de liderazgo, distinto a los conceptos y ejemplos de líderes que utilizamos habitualmente, no deja de serlo.


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Todos podemos ser líderes, sólo es cuestión de proponérnoslo y aprovechar las oportunidades que tenemos cotidianamente. En muchas ocasiones, lo somos por  pocos segundos y de un grupo formado por una o dos personas, pero el efecto que esto puede tener es incalculable.

Cuando tomamos la decisión de convertirnos en líderes de vida, influyendo constantemente en las personas que nos rodean, éstas también adoptan nuestra postura y siguen nuestros pasos. De esta manera se crean nuevos dirigentes, quienes repercuten en su entorno, iniciando un efecto en cadena. Es por este motivo que el objetivo no es convertirse en el único y supremo, el fin es transmitir nuestras actitudes, valores, objetivos y visiones. Entonces, ¿qué vas a hacer hoy? ¿Vas a seguir esperando o te vas a convertir en líder?



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Hay muchas películas que hablan sobre cómo ser un buen líder, pero también es importante recordar que la creatividad es un ingrediente muy importante para serlo, da click aquí para conocer 8 formas de convertir la ansiedad cotidiana en creatividad. 

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