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23 cosas que hice por estar deprimida y tú deberías evitar

 Mi pobre corazón es sentimental, no está hecho de madera.Lo tengo mal y no está bien.Cuando se acaba el fin de semana y el lunes viene rodandoparece que comenzaré a llorar de nuevo con fervor.Él no me ama como lo amo, nadie podría.Lo tengo mal y no está bien.–Nina Simone“Sólo es tristeza”. “Se te va a pasar”. […]

 

Mi pobre corazón es sentimental, no está hecho de madera.
Lo tengo mal y no está bien.
Cuando se acaba el fin de semana y el lunes viene rodando
parece que comenzaré a llorar de nuevo con fervor.
Él no me ama como lo amo, nadie podría.
Lo tengo mal y no está bien.
–Nina Simone



“Sólo es tristeza”. “Se te va a pasar”. “No es para tanto”. “Saldrás de ésta”. Repetían, alegaban, pregonaban y me miraban como si estuviese podrida. Y creí estarlo.
Mis ojos revelaban la verdad sin importar que fingiera con mi mayor esfuerzo. Lo que más odié fue que me sugirieran que sólo se trataba de una etapa. ¿Cómo chingados iba a serlo si tengo más de 20 años? Y no sólo David había desaparecido del panorama, mi padre también dejó a mi mamá a los pocos días como si se hubiese inspirado en el que decidió abandonarme a mí.
 
Ella lo tomó mejor que yo. Con absoluto ímpetu se convirtió en otra y me jodió día tras día por lamentar la partida de los dos hombres que –a sus ojos– sólo nos habían hecho un favor. Y pensé que quizá lo habían hecho, pensé que estaría mejor y me forcé a intentarlo, pero fracasé.

Me convertí en parte del 10 % de los jóvenes adultos que sufren de depresión crónica y –como cualquiera de ellos– me rehusé a aceptarlo. Me negué a aceptar que algo estaba mal en mi cabeza, pensaba que los demás estaban equivocados. El nuevo novio de mamá, mis autoproclamados amigos que desaparecieron cuando notaron que no cambiaría mi forma de ser y en especial mi hermana, quien en ningún momento me dirigió la palabra y decidió ignorar lo que sucedía a mi alrededor. 

Me encerré en mí misma y así comencé a caer aún más hondo. Para ser exactos hice 23 cosas de las que me arrepiento por completo y no quisiera que nadie más pasara por lo mismo. Y aunque muchas veces es inevitable el dolor, sufrir o no es una decisión que podemos evitarnos al buscar ayuda. Yo lo hice mucho después de lo que debía, pues enfrentarse al mundo cuando todo parece oscuro es mucho más difícil de lo que todos creen. Una depresión nos puede arruinar más de lo que pensamos.

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Esto es lo que me sucedió:

1. Culpé a todos a mi alrededor porque creía que era su obligación resolver mis problemas, cuando en realidad no dependo de nadie.

2. Me alejé de mis amigos porque –a mi parecer– estaban hartos de escucharme. Pensé que mi vida era mucho más importante que la de ellos y nunca me importaron sus problemas.

3. Le grité a mi hermana, la acusé de hipócrita y la llamé “puta”, pero en ningún momento me acerqué a ella para preguntarle cómo se sentía al verme así. Sólo supuse sin cuestionarla y eso arruinó mi relación con ella durante más de un año, hasta que tuve el valor de pedirle disculpas.

4. Sucedió algo similar con mi madre, le grité hasta que mi garganta no aguantó. Aventé todo lo que encontré en mi habitación y me corté la muñeca por accidente. No fue hasta ese momento que ella comenzó a llorar y a rogarme que la dejara ayudarme.

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5. Pensé en David y en lo estúpida que era por dejarlo ir, pero no me di cuenta del valor que yo tenía –por el simple hecho de ser una persona– ni de las razones que aún me quedaban para seguir.

6. Pasé días enteros en cama sin reaccionar y nunca le agradecí a mi madre haberse quedado a mi lado todo ese tiempo.

7. Cuando pensé en hacer algo para distraerme decidí hacer ejercicio de forma exagerada. Eso sólo me hizo sentir peor y no tuvo ningún resultado positivo, sólo regresé al inicio.

8. Cada vez que un extraño o incluso algún amigo intentaba acercarse a mí, yo lo ahuyentaba de manera violenta.

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9. Asistí a varias fiestas sin tener ganas de hacerlo realmente y me involucré con hombres y mujeres que no conocía. Buscaba placer para anestesiar el dolor.

10. Me miraba al espejo y sólo veía un ser asqueroso, me odiaba.

11. Empecé relaciones con personas por las que no sentía nada, los hice sufrir y yo me hice más daño.

12. Cuando vi que nada de eso funcionaba volví a encerrarme en casa para emborracharme durante una semana dentro de mi habitación.

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13. Rechacé todo tipo de ayuda una y otra. ¿Cómo podía una mierda como yo tener solución?

14. Le mentí a mis primeros terapeutas sin importarme el dinero que mis padres invirtieron en cada sesión.

15. Le mentí a toda mi familia, prefería sonreír de vez en cuando par que me dejarán en paz.

16. Comencé a hacerme cortes sin que nadie me viera, me convertí en una adolescente desesperada en el cuerpo de una mujer adulta.

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17. Pensé que todo había sido consecuencia de mi ruptura amorosa y de la partida de mi padre, nunca descubrí que se trataban de otras cuestiones mucho más profundos.

18. Puse en riesgo mi vida para que otros me prestaran atención, pero todos se alejaron de mí cuando descubrieron que se trataba de una mentira.

19. Me volví una mitómana, acusé a mi ex de haberme golpeado, violado y creé un caos alrededor de mi tristeza. 

20. Acosé a David durante meses, fingí ser otra persona en redes sociales sólo para hablar con él y me convertí en su sombra.

21. Me olvidé del trabajo, de mis estudios, de todo lo que me hacía ser yo, pues estaba segura de que no tenía ningún sentido continuar. 

22. Me aseguré de creer que nadie me iba a amar, si quiera a mirar de nuevo.

23. Me negué a buscar una segunda oportunidad para ser feliz.

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Después de casi un año, creo que un poco más, finalmente acepté que tenía que avanzar. Comencé a ser honesta con mi terapeuta y él me explicó que estaba atravesado por una horrible depresión. Nada que no tuviera solución, pero superar la tristeza sólo era posible si yo tenía el deseo de mejorar. Me abrí al resto de mi familia, acepté la compañía de mis amigos y gracias a ellos y a mi voluntad pude seguir adelante. Nadie iba a traer de vuelta a las personas que se habían ido y siempre supe que algunos de mis errores jamás serían olvidados, pero estaba segura de que esas ganas de morir no podían regresar jamás. Durante la depresión no era yo la que actuaba, sino un títere manejado por la ansiedad, el miedo y un sinfín de inseguridades que me agobiaban. Nunca pensé encontrar la salida a una depresión que se apoderó de mí por tanto tiempo; después de todo, sí la había.

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Creado con base en datos de: BJPsych, WebMD & EverydayHealth.






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