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El artista que se hizo famoso por censurar la Capilla Sixtina

Miguel Ángel era uno de los artistas más aclamados del Renacimiento. Su trabajo mostraba la musculatura humana con una monumentalidad que pocos habían logrado, era el artista más aclamado del momento, el escultor y pintor que todos querían conocer o trabajar con él. Hubo un joven pintor que lo logró: Daniele da Volterra, a quien Miguel […]



Miguel Ángel era uno de los artistas más aclamados del Renacimiento. Su trabajo mostraba la musculatura humana con una monumentalidad que pocos habían logrado, era el artista más aclamado del momento, el escultor y pintor que todos querían conocer o trabajar con él. Hubo un joven pintor que lo logró: Daniele da Volterra, a quien Miguel Ángel incluso le regaló algunos esbozos para que comenzara a trazar sus propios lienzos.

la piedad miguel angel
El joven aprendiz de Miguel Ángel se desvivía por aprender el escorzo y el manierismo que proclamaban los lienzos y las esculturas del gran representante del Renacimiento. Este joven pintor y escultor comenzó a trabajar en Siena, donde recibió la influencia de Giovanni Antonio Bazzi para darle a su obra algunos de los detalles que más tarde marcarían su creación artística.

Realizó obras como “Alegoría de la justicia” para el Palacio de los Priori de Volterra en 1532. Y colaboró con artistas como Peruzzi y Sodoma. El joven principiante prometía una carrera magnífica con la influencia de los principales representantes de la época como Rafael y el mismo Miguel Ángel. Sin embargo, fue él mismo quien marcó el triste futuro de su historia. 

Cuando comenzaba el siglo XVI, el Papa Julio II le pidió al gran pintor del manierismo que decorara la Bóveda de la Capilla Sixtina. La encomienda parecía sencilla, sólo debía representar el inicio y el fin de la humanidad con la creación del cielo, la separación de las tierras y las aguas, el nacimiento de Adán y Eva, el pecado original, la expulsión del paraíso, el Diluvio Universal y el juicio final.

El artista aceptó el encargo por la monumentalidad del nuevo trabajo; él ni siquiera se consideraba un gran pintor, sino un vehemente escultor y tampoco creía en Dios, o al menos así parecen demostrarlo los guiños que los expertos aseguran, el artista hace en su obra. 

El trato fue que si Miguel Ángel aceptaba la encomienda podría pintar las escenas y figuras bíblicas que eligiera (cuando terminó su obra constaba de 300 figuras). Con “El juicio final” deshizo el orden establecido en el Renacimiento, retrató la situación injusta de la época y mostró un total caos. Este retablo, a diferencia del resto, tardó más de lo que todos esperaban.

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Julio II murió y cuando el Papa Julio III tomó el poder, le pidió al artista que terminara su pasaje. Este Papa protegió al artista de habladurías y lo defendió ante el desprestigio que cualquiera entonaba ante Miguel Ángel, el genio incomprendido. Después de cinco años, Miguel Ángel terminó su obra. Pero poco después, el Concilio de Trento ordenó tapar los sexos de sus personajes por considerarlos irrespetuosos hacia los santos que estaban en el cielo.

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Las bragas se superponían a los genitales naturales que habían engalanado la obra del maestro. Quien fue encomendado para tal labor fue el mismo que años intentó aprender con dominio y fervor la técnica de Miguel Ángel: Daniele da Volterra. 

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El joven no cubrió su nombre con proezas ni méritos, todos comenzaron a llamarlo “el Braghetone” por ser quien colocara paños y trapos andrajosos en cada genital al descubierto del Juicio Final. Las vírgenes lucían túnicas y los santos tenían calzones. En ciertos casos donde el fresco resaltaba ante las nuevas plastas de pintura, Daniele tuvo que arrebatar los genitales con cincel para después enyesar de nuevo y volver a pintar, tal es el caso de los genitales de San Juan Bautista y San Pedro. Antes amigos, ahora Daniele se convertía en el ejecutor de los mandatos y las imposiciones de la iglesia bajo el papado de Pío V. 

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Antes de que lo sucedieran, el Papa Julio III le otorgó el puesto de superintendente en las obras vaticanas, misma orden que tendría hasta la muerte del sumo pontífice. Con encargos como la capilla Massimo de la Iglesia de Trinità dei Monti y la capilla de la Crucifixión de San Marcello al Corso, Daniele da Volterra era un pintor menor pero bastante laureado.

Daniele da Volterra Tutt'Art@

Otras obras de da Volterra son conocidas por su belleza, colorido, claridad, vigor y excelente composición que crea una atmósfera de intensos contrastes entre las luces y las sombras. Cuando compone su estilo con el de Miguel Ángel es considerado un pintor sublime que se yuxtapone a la perfección con ese mismo Daniele que retoma como maestro al pintor Sodoma, de quien subraya las dulzuras manieristas y bellezas exageradas. 

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 La épica tarea de tapar la mayoría de las figuras de Miguel Ángel no pudo completarse con la muerte de Daniele. A lo largo de los años fueron añadiéndose más y más bragas a los personajes de la capilla al menos hasta 1760. 

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A pesar de su encomienda atroz, las bragas de Daniele son de las pocas que quedan después de restaurar por completo la capilla; las de pintores posteriores fueron consideradas verdaderas ofensas para la máxima obra del pintor renacentista y los restauradores decidieron eliminarlas por completo.  

Si cubrió la obra de su maestro con dolor, agonía o vergüenza, nunca lo sabremos con certeza pero ese “Braghettone” que aún recordamos, también creó obras maestras que bien valdría tomar en cuenta cada que hablamos del destructor de la obra maestra de Miguel Ángel: Cleopatra en el Belvedere, la escultura ecuestre de Enrique II, el retrato dibujado que hizo de Miguel Ángel y la Masacre de los inocentes son algunas de ellas.

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Así como la imposición de la iglesia a la obra de Miguel Angel, existen otros vergonzosos momentos que se pueden recordar en la historia del arte tal como aquella instalación que los intendentes de una galería recogieron por considerarla basura. Conoce más de esta historia aquí.





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