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El postre de los reyes: la historia del helado

¿Quién no disfruta de aquella exquisitez hecha de leche batida congelada y endulzada derritiéndose en la lengua? Su textura y temperatura deleitan el paladar y nos fundimos en el placer de sus sabores cremosos o frescos. Cualquier momento es ideal para disfrutar de un helado sin importar el clima, el antojo es caprichoso y no cede […]




¿Quién no disfruta de aquella exquisitez hecha de leche batida congelada y endulzada derritiéndose en la lengua? Su textura y temperatura deleitan el paladar y nos fundimos en el placer de sus sabores cremosos o frescos. Cualquier momento es ideal para disfrutar de un helado sin importar el clima, el antojo es caprichoso y no cede a las inclemencias del tiempo. Podemos conseguirlo casi en cualquier lugar y a cualquier hora a un precio accesible, el problema era hace miles de años, cuando no todos tenían acceso a él.

helado moras

No se conoce su origen con exactitud, pero al helado se le consideraba como el postre de reyes, porque producirlo era muy difícil y costoso, por lo que sólo los altos rangos y personas privilegiadas podían probarlo. Los chinos, desde varios siglos antes de Cristo, mezclaban nieve de las montañas con miel y frutas, al igual que las cortes árabes, quienes la combinaban con zumo de frutas y especias; ellos le dieron el nombre de sharbat, hoy entendido como sorbete. 

El médico griego Hipócrates recomendaba a sus pacientes nieve con leche o jugo de frutas para nivelar los humores, (bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre), que se creía eran responsables del estado de salud y personalidad de las personas. Se dice que Alejandro Magno y Nero Claudius Caesar mandaban por nieve a sus esclavos que la recuperaban de las montañas para después endulzarla con zumos y fruta.


helado pastel

A Marco Polo se le atribuye traer las recetas de los postres helados a Italia, que llevaría consigo al regreso de sus viajes de Oriente, mientras que la nieta de Catalina de Médici sería la responsable de llevar el helado a Inglaterra tras contraer matrimonio con un príncipe inglés y tomando la costumbre de la ceremonia nupcial de su abuela con Enrique II de Francia, donde sirvieron como postre los rústicos helados con sabores frutales. Rápidamente se generalizó el consumo del helado por el continente europeo, aunque se cree que tuvo origen simultáneo en diferentes partes del mundo, cada región añadiendo su toque personal. Moctezuma II también hacía llegar a su mesa la nieve del volcán Popocatépetl para su disfrute personal, por lo que este pensamiento no parece muy alejado de la realidad.

No fue sino hasta 1660 que el helado se hizo accesible para el público en general. El siciliano Francesco Procopio dei Coltelli abrió el Café Procope donde servía una mezcla de leche batida, crema, mantequilla y huevo, logrando una textura muy similar a la del helado y alcanzando gran popularidad gracias a su delicioso postre. El primer anuncio impreso de helado se usó por primera vez en la Gaceta de Nueva York, en 1777.


helado fresas

Supuestamente, científicos como Fahrenheit, Reamur y Faraday perfeccionaron la fórmula del helado para que adquiriera una textura más cremosa, y a Gilliers se le adjudica haber inventado la primer heladera. Con estos avances, la producción del helado aumentó. En 1874 se acostumbraba servir en las fuentes de sodas las bebidas flotantes, que consistían en una mezcla de refresco, sirope de sabores y helado, lo que tuvo una respuesta negativa desde el punto de vista religioso, afirmando que se trataba de un acto pecaminoso consumir una bebida tan sustanciosa en domingo. Así, a finales de 1890 los restauranteros optaron por prescindir del agua carbonatada, dejando solamente el helado, al que nombraron “Sunday” y que después cambiaría por “Sundae”, para que no hubiera relación alguna con la religión.

A partir de 1940 y en adelante, la producción industrializada del helado y su venta en supermercados provocó que las fuentes de sodas comenzaran a desaparecer. Hoy, después de muchísimos años, las heladerías vuelven a ser un negocio redituable, afortunadamente. El postre de los reyes llegó para quedarse.


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