El Pullitzer que cobró una vida

La pobreza y la desigualdad económica son probablemente de los temas más recurrentes en las agendas políticas de los países. A pesar de las constantes cumbres internacionales y de la extensa literatura académica existente sobre el tema, parece que nada tiene el poder de evidenciar tanto la severidad del problema como lo hace una fotografía, […]

La pobreza y la desigualdad económica son probablemente de los temas más recurrentes en las agendas políticas de los países. A pesar de las constantes cumbres internacionales y de la extensa literatura académica existente sobre el tema, parece que nada tiene el poder de evidenciar tanto la severidad del problema como lo hace una fotografía, una como la que tomó Kevin Carter que le valió un Pullitzer pero, también, el rechazo social que culminó con su suicidio.
 

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“Sólo podía dar un par de pasos seguidos, y luego se sentaba un momento, después de un rato tenía que usar sus manos para levantarse de nuevo y sus piernas se abrían y su cuerpo batallaba”. – Kevin Carter

Es imposible hablar de Carter sin mencionar al “Bang-Bang club” formado, principalmente, por cuatro fotógrafos: Ken Oosterbroek, Greg Marinovich, Joao Silva y el mismo Kevin Carter. Este club acuña su nombre porque “Bang-Bang” era la expresión usada entre los periodistas de la época para referirse a los conflictos que había que cubrir. Ellos eran fotógrafos blancos que habían logrado ganarse la confianza de lo pobladores negros y así retratar los eventos con “menos riesgo”.  

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La mayoría de los testimonios coinciden en que la dinámica de vida de los miembros del club era por demás contrastante: podían cubrir por la mañana los eventos de barbaries más crudos y por la tarde estar sentados tomando un café con total tranquilidad. Sin embargo, en palabras de Judith Maltoff, corresponsal de Reuters, los reporteros estaban completamente comprometidos moral y políticamente con la situación; Carter, en específico, era adicto al White Pipe.

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En 1993, por su propia iniciativa, Carter decidió dirigirse a Sudan para cubrir la segunda Guerra Civil del país, una vez en la aldea de Ayod, se topó con la escena que lo hizo mundialmente famoso. Kevin fotografió lo que el creyó ser una niña (en realidad niño llamado Kong Nyong) en evidente estado de desnutrición quien estaba siendo acechada, o eso parece, por un buitre. Carter estuvo 20 minutos en el lugar esperando a que el animal abriera las alas y eso hiciera a la fotografía aún más dramática, Carter dijo que en ese momento reconoció a los protagonistas de la imagen como “un conjunto de símbolos poderosos” y que deseaba asegurarse de obtener la foto adecuada.

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La imagen fue publicada en el New York Times el 26 de marzo de 1993, provocando entre el público una duda que retaba el valor humanitario de Carter: ¿qué fue de la niña? Tanta fue la presión de la audiencia que el 30 de marzo el New York Times publicó la siguiente nota del editor:

A picture last Friday with an article about the Sudan showed a little Sudanese girl who had collapsed from hunger on the trail to a feeding center in Ayod. A vulture lurked behind her.

Many readers have asked about the fate of the girl. The photographer reports that she recovered enough to resume her trek after the vulture was chased away. It is not known whether she reached the center.

Los comentarios llevaban a Kevin al llanto y a la desolación, un feroz público criticó al periodista por dejar al niño a la deriva. Se nombró a Kevin como el verdadero buitre de la escena. En su defensa, Carter argumentó que antes de dejar el lugar ahuyentó al animal. Sin embargo, Maltoff argumenta que Kevin confesó a sus amigos más cercanos no haber hecho nada.

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“La gente quizá no lo entienda; como fotoperiodista mi primer impulso fue sacar una fotografía, pero cuando todo acabo, cuando la niña se fue, me sentí completamente devastado. Creo que intenté orar, hablar con Dios y asegurarle que si me sacaba de aquel lugar yo cambaría mi vida”.

En mayo de 1994, Carter fue galardonado con el Pullitzer a la mejor fotografía del año. Expresó que tomaría el premio como un parteaguas en su vida, que deseaba comenzar de cero. Pero el impacto mundial que conlleva el premio aumentó el número de detractores hacia el trabajo de Kevin. Eso, aunado al fallecimiento de su amigo Ken Oosterbroek, también miembro del Bang-Bang club, hundió a Carter en una intensa depresión.

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Un par de meses después, la revista Times contactó a Carter para cubrir una cumbre de la ONU, en Mozambique. Al regresar a su natal Johannesburgo, Kevin se percató de que había olvidado en el avión los 17 rollos fotográficos sobre el evento; se dice que este suceso fue la gota que derramó el vaso en su vida. El 27 de julio de 1994, Carter manejó hasta un pequeño parque donde jugaba de niño, conectó una manguera al tubo de escape de su camioneta y aspiro monóxido de carbono hasta morir.

-I am depressed… without phone…. money for child support… money for debts…. money!!!!….. I am haunted by the vivid memories of killings and corpses and anger and pain…. of starving or wounded children, of trigger-happy madmen, often police, of killer executioners… I have gone to join Ken  if I am that lucky. – Kevin Carter

Pasado el tiempo, y tras estudiar la fotografía, detalles importantes salieron a la luz. En alta definición se puede observar que el niño lleva puesta una pulsera de plástico del centro de alimentación con los caracteres “T3”, esto significa que ya había tenido contacto con los médicos de la ONU y estaba registrado para recibir tratamiento lo que, por lo menos, pone en duda la asunción que tras la fotografía el niño había fallecido.

También se supo que el terreno donde Carter tomó la fotografía (a unos cuantos metros del centro de alimentación), era utilizado por los pacientes del lugar como baño, esto explica la presencia constante de buitres.  

Entre amigos y familiares, Carter es recordado como un hombre profundamente involucrado con las situaciones socio-políticas de Sudáfrica; un hombre que llegaba a culparse por ser blanco y, por tanto, estar exento de la violencia que fotografió durante tanto tiempo; alguien perseguido por sus recuerdos de sangre y de dolor y no un ser inconsciente e indiferente. Kevin Carter fue la encarnación del dilema periodístico: ¿Hasta que punto se justifica y/o se necesita neutralidad en una profesión como el periodismo?

 

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