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La película de Scorsese que se ríe de las obsesiones de la sociedad moderna

Hay que amar a Scorsese. Aunque no toda su filmografía es impecable, varias de sus obras se inscriben entre las más grandes, importantes y valiosas del planeta. Su más reciente producción, titulada Silence, rescata en gran medida sus preocupaciones existenciales, filosóficas y religiosas, las cuales ya exploró en La última tentación de Cristo (1988). Sin embargo, […]



Hay que amar a Scorsese. Aunque no toda su filmografía es impecable, varias de sus obras se inscriben entre las más grandes, importantes y valiosas del planeta. Su más reciente producción, titulada Silence, rescata en gran medida sus preocupaciones existenciales, filosóficas y religiosas, las cuales ya exploró en La última tentación de Cristo (1988). Sin embargo, hoy toca hablar de una cinta anterior, igualmente emblemática, pues refleja un matiz crucial de la sociedad moderna norteamericana.


el rey de la comedia martin scorsese


¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para lograr tu más deseado anhelo, que tienes desde joven, que se ve cada vez más difícil de realizar a medida que pasan los años? Posiblemente haya muchos que se dan por vencidos gracias a las trabas que nos pone la vida, pero este no es el caso de El rey de la comedia (The King of Comedy, 1982), una comedia dramática dirigida por el gran Martin Scorsese y protagonizada por un joven pero no menos talentoso Robert De Niro.

La película transcurre en los años 80, en Estados Unidos, época y lugar donde los late nigth shows entran en su esplendor y sirven de plataforma a los humoristas y los comediantes, quienes con sus actos políticamente incorrectos, pero siempre bajo la premisa de que todo es una simple broma, llegan al pico máximo del clamor popular. El público empieza a tomarlos como sus nuevos “dioses mediáticos”. De pronto el fanatismo alcanza sus más altos niveles y esta admiración y pasión se transforma en pura locura.


el rey de la comedia martin scorsese


Aquí es donde entra en escena Rupert Pupkin (De Niro), un comediante de poca monta a quien jamás se le presentó la oportunidad justa en el momento oportuno para mostrar al mundo lo que es capaz de hacer. En uno de sus días de fanático, como otras tantas veces, se dirigió hacia la salida del show de TV de moda, el programa de Jerry Langford (interpretado por un irreconocible y genial Jerry Lewis), que como de costumbre está colmado de fanáticos que desean ver, aunque sea por un instante, al comediante favorito de la televisión. Luego de un tumulto provocado por Masha (Sandra Bernhard), Rupert y Jerry se conocen y el famoso comediante, sólo para librarse de él, le dice que lo tendrá en cuenta para su famoso programa nocturno.

Aquí es donde el guión de Scorsese cobra magia y las acciones contiguas nos demuestran hasta qué punto puede llegar una persona que está desesperada por probarle al mundo su talento. Rupert, pese a viento y marea, insiste en su propósito, simple pero al mismo tiempo complejo: que Jerry escuche una cinta con su rutina humorística.





La película está llena de sarcasmo, ironía y humor negro, lo que de una forma extraña hace que los espectadores se identifiquen y empaticen con el personaje. Todo lo que el joven Pupkin quiere es una noche, una oportunidad para demostrar su valía frente a todos los que se han burlado de él a lo largo de toda su vida. Bajo su lema de “Prefiero ser rey por una noche a bufón toda la vida”, Rupert nos demuestra que todo el esfuerzo, tiempo y sacrificios valen la pena, sólo por una oportunidad.

***

Nada más serio que el humor, como suele afirmarse. De hecho, la comedia bien hecha, con contenido, es un acto puramente intelectual. La risa, sobre todo si es incómoda, no está exenta del filo que muchas veces parece faltarle a otros medios de entretenimiento y formas de arte.

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