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Exploraciones fotográficas de una sensualidad agresiva, sucia y silenciada

La sensualidad viene de la mano de la represión. Desde hace mucho tiempo, expresar los más profundos deseos sexuales es un tabú que en realidad no se ha eliminado por completo. Hombres y mujeres viven día con día la desesperación de no poder soltarse ni decir nada respecto a sus inclinaciones sexuales o fetiches por […]



La sensualidad viene de la mano de la represión. Desde hace mucho tiempo, expresar los más profundos deseos sexuales es un tabú que en realidad no se ha eliminado por completo. Hombres y mujeres viven día con día la desesperación de no poder soltarse ni decir nada respecto a sus inclinaciones sexuales o fetiches por temor a que su pareja o amigos no los acepten. Hay quien cae en la soledad debido a esto, pero no es del todo malo.

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Estar solo puede ser sinónimo de tristeza y depresión. Levantarse por las mañanas es lo más difícil del mundo. Al escalar por los dramas familiares, por el desinterés de los amigos y surfear entre los problemas internos, nos descomponemos. Pareciéramos piezas rotas en el suelo buscando ser armadas de nuevo. A veces, el apoyo de los amigos no se ve tan cercano como lo prometieron y el amor simplemente es inexistente. No siempre es así. Nuestra percepción varía y no es culpa de nadie, ni siquiera nuestra. Es únicamente una mala racha de la que no tenemos control, a veces estamos arriba y otras, abajo.

Faber Franco ha experimentado este mismo sentimiento cientos de veces. El fotógrafo colombiano nos lleva por su mundo en que nos hace colarnos en su vida y su piel a través de sus autorretratos, que no son más que el reflejo de sus vivencias. Su deseo sexual empapado de naturalidad nos muestran una parte del ser humano que todos tenemos y pocos muestran. Franco lo hace.

Melancolía, soledad y ternura son las tres ideas básicas que vemos en el trabajo del colombiano. Con desnudos no explícitos, insinuaciones a soñar y un talento para mirarse a sí mismo a través del lente, el fotógrafo retrata metáforas de sus problemas y sueños que, sin querer, empatizan con los nuestros. En un aire un tanto surrealista, Faber se retrata a sí mismo inmerso en una oscuridad en la que no puede rebelarse contra el mundo, pareciera que ni siquiera sabe quién es él mismo, hasta que recuerda que hay luz más allá del oscuro sitio en el que se encuentra. Siempre habrá un día nuevo del cual sacar provecho o, mínimo, para ver la luz del sol.


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Faber Franco entrelaza cada una de las sensaciones que le provoca la soledad, llevándolas al lente de su cámara para formar un cuadro en el que todo converge y se desprenden nuevas necesidades, como su satisfacción sexual que muchas veces se ve mermada por los prejuicios que provienen incluso de él mismo. Para poder lidiar con ellos, crea personajes diferentes que fungen como álter ego de sus pasiones. Personajes que se muestran aterrados, dramáticos, cansados y enojados. Todos ellos coexisten dentro de Faber.

Basta con ver sus fotos para darse cuenta de que él no es más que un joven con mucho talento que siente, observa y vive. Aunque también tiene nociones básicas de pintura y las ejerce de manera excepcional, su pasión por la fotografía es tan inmensa como la naturalidad con la que toma la cámara en sus manos y la ajusta a su rostro, torso o cualquier parte del cuerpo que quiera plasmar. Lo mismo se retrata él rodeado de aviones de juguete con angustia en la cara que a una modelo caminando por un bosque.

La sexualidad es un campo tan amplio que todas las formas de satisfacer el deseo varían de persona en persona. Él refleja los suyos como si estuvieran reprimidos o como si algo lo obligara a no sacarlos. Pero gracias a la fotografía puede enseñarnos una faceta muy interna cuya suciedad nos atrapa dentro de los retratos. Pero, ¿no son, precisamente, esos rasgos sucios los que le dan naturalidad a cada una de las capturas que realiza?

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Faber Franco ha hecho que los autorretratos hayan alcanzado un nuevo nivel de técnica. Con la iluminación adecuada y la composición estética que plasma en cada foto emite diferentes mensajes que van más allá de un chico triste o necesitado de desfogar su deseo sexual. Son sentimientos de la vida diaria de un joven que bien puede vivir en Colombia o en cualquier país. Usualmente, como seres humanos, pasamos por las mismas etapas y una crisis es normal, no obstante, no es el fin del mundo. Faber nos hace entender que no hay manera de no sobrevivir al caos interno sabiendo que el día de mañana es una oportunidad más para volver a levantarse e intentarlo.

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Así, Faber ha cambiado el concepto de la auto fotografía. Sus elementos son claros y no hay ninguno que no ejemplifique lo que siente o su postura en algún tema. Faber Franco aclara que a solas, cara a cara con uno mismo, aprendemos a querernos y a aceptarnos. Una vez que esto ocurre, el exterior parece mucho más sencillo y las expectativas que podamos tener de la realidad mejorarán, o quizá no, pero siempre hay una nueva oportunidad.

Si la melancolía te invadió, tal vez deberías conocer las fotografías del recuerdo de Luca Bortolato, así como el trabajo de Maggie West y sus desnudos color neón.

Referencias: flickr.com
lamonomagazine.com
ignant.com




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