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Fotografías de lo que comerían los personajes de tus libros favoritos

Fascinado por la escena, haces una pequeña pausa para recuperar el aliento y lees el fragmento una vez más: “¡No hay sitio! Se pusieron a gritar cuando vieron que se acercaba Alicia. -¡Hay un montón de sitio!- Protestó Alicia indignada y se sentó en un gran sillón al extremo de la mesa. -¿Por qué no […]




Fascinado por la escena, haces una pequeña pausa para recuperar el aliento y lees el fragmento una vez más: “¡No hay sitio! Se pusieron a gritar cuando vieron que se acercaba Alicia. -¡Hay un montón de sitio!- Protestó Alicia indignada y se sentó en un gran sillón al extremo de la mesa. -¿Por qué no tomas un poco de vino?- Le animó la Liebre de Marzo. Alicia miró por toda la mesa, pero allí sólo había té. -No veo ni rastro de vino, observó…-. Sin haberlo percibido, descubres una leve sonrisa en tus labios, imaginaste la escena de principio a fin.

Sumergirnos en ese aroma dulce con un toque ahumado de pigmentos oscuros que son las palabras, transforma a cualquier biblioteca en una cava de fragancias y licores dispuesta a ofrecer sus embriagadoras historias a quien lo desee. La literatura y la gastronomía son una degustación colmada de ingredientes exquisitos.

charles roux te

Tal y como sucedió con Lewis Carrol en “Alicia en el país de las maravillas”, diversos escritores comprendían (y comprenden), la gastronomía de esta manera y por ello incluyeron en sus relatos pasajes gastronómicos u objetos alusivos a él, con la intención de volver sus narraciones un gran menú de sensaciones, aromas y experiencias más reales para los lectores, quienes –a medida que ocurre la historia– mudan en comensales ávidos de recetas deliciosas y descripciones detalladas.

Sin embargo, dichas descripciones han sido extraídas del mundo de la fantasía y retratadas por Charles Roux, el fotógrafo francés que se dio a la tarea de colmar su realidad con todos aquellos festines literarios que hicieron de su infancia un sinfín de horas girando las páginas e imaginando los mundos dentro de ellas. 

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Charles Roux se refiere a su niñez como la imagen de “un niño solitario que llenó su vida y sus vacíos con ficción literaria”. Justo esa soledad le ayudó a concebir la idea de la serie “Festividades ficticias”. Fotografías donde la fiesta del té o la triste comida podrida de Gregorio Samsa, descrita en “Metamorfosis” de Kafka, son algunas de las imágenes recreadas y preservadas por la lente de Roux. 

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“Alicia en el país de las maravillas” (Lewis Carrol)

 

charles roux kafka

“La metamorfosis” (Franz Kafka)

 

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“Ricitos de oro y los tres ositos” (Jacob and Whilhem Grimm)

De acuerdo con Roux, la comida es sinónimo de la sofisticación y cumple con un papel específico en el reino de lo literario. Para el fotógrafo los alimentos son una metáfora, una muestra de que la verdadera magia está en los detalles de lo cotidiano: los cubiertos, la vajilla, las machas de comida e incluso las arrugas en el mantel transmiten tanto o más que la escena en donde intervienen.

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“La campana de Cristal”(Sylvia Plath)

 

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“El amor en los tiempos del cólera” (García Márquez)

 

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“Jane Eyre” (Charlotte Brontë)

 

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“To the lighthouse” (Virginia Woolf)


En esta serie fotográfica, Charles Roux utilizó los libros como guía. Algunas escenas, como en el caso de “Ricitos de oro y los tres ositos” vinieron a su cabeza de forma inmediata. Sin embargo, otras recreaciones necesitaron más tiempo. Para esos casos tuvo que releer los libros, hizo notas e incluso realizó bosquejos sobre cómo podrían ser las versiones finales.

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“Los miserables” (Víctor Hugo)

 

Charles Roux

“Moby Dick (Herman Melville)

 

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“Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el ropero” (C.S. Lewis)

 

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“El guardián entre el centeno” (D. Salinger)

 

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“Oliver Twist” (Charles Dickens)

Uno de los mayores retos del francés fue transportar a los espectadores de estas imágenes hacia el momento en que tentativamente sucedieron. Lugares que ya desaparecieron o incluso jamás han existido. En el caso de Virginia Woolf, por ejemplo, ella brindó al artista lo que él considera “una detallada hoja de ruta” a través de sus minuciosas descripciones que le permitieron recrear la escena retratada. Mientras que autores como Samuel Beckett, característico por su escasa escenografía, le dieron a Roux la oportunidad de llenar los espacio en blanco. 

charles roux

“En busca del tiempo perdido” (Marcel Proust)

 

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“Ulises” (James Joyce)

“Todo debía ser lo más preciso posible. Viajé hasta los Alpes para filmar los irresistibles paisajes de “El León, la bruja y el ropero”. Alquilé una taza de té para el personaje de Leopold Bloom del “Ulises” de Joyce. Y, por supuesto, la fotografía inspirada en el texto de Shirley Jackson fue realizada en un castillo real…” –Roux

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“Siempre hemos vivido en el castillo” (Shirley Jackson)

 

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“Final de partida” (Samuel Beckett)

El fotógrafo se propuso nunca utilizar los mismos objetos para dos escenas diferentes. Para ello se auxilió de las colecciones de objetos de la familia y de los amigos. También ahorró y visitó algunas tiendas de antigüedades en busca de los accesorios que se adecuaran a la idea que tenía en mente perfecto. Él mismo fue quien preparó los platillos que retrató de acuerdo con las descripciones de los textos y ha expresado su satisfacción al respecto. Actualmente, Roux se encuentra a la espera de una casa editorial que publique “Festividades ficticias”. De concretarse, para él significaría cerrar un círculo al “hacer el libro de otros libros”. 

Además de los festines literarios retratados en el Instagram de Charles, las fotografías han brindado la pauta para encapsular (al menos por un instante) la  belleza de mujeres francesas con un pequeño secreto o lo que significa ser una mujer en medio de un culto bajo los efectos de las drogas.

La libertad, por ejemplo.



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Referencia: FeatureShoot






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