Fotografías de los burdeles de Bangladesh donde la prostitución es legal - Cultura Colectiva Fotografías de los burdeles de Bangladesh donde la prostitución es legal

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Fotografías de los burdeles de Bangladesh, donde la prostitución es legal y las mujeres no tienen derechos

Nacer para ellas significa morir. Recluidas en un pequeño cuarto durante toda su vida, las mujeres que nacen en el distrito de Tangail, en Bangladesh, tienen una existencia complicada desde los primeros años de su vida. Como si el destino les hubiera puesto el reto de sobrevivir a las adversidades más complicadas, las mujeres de este […]



Nacer para ellas significa morir. Recluidas en un pequeño cuarto durante toda su vida, las mujeres que nacen en el distrito de Tangail, en Bangladesh, tienen una existencia complicada desde los primeros años de su vida. Como si el destino les hubiera puesto el reto de sobrevivir a las adversidades más complicadas, las mujeres de este lugar deben enfrentarse a la tarea de tener que lidiar con cualquier tipo de hombres, a aceptar los besos de desconocidos, a ser de todos y de nadie. Enfrentan una realidad que no han decidido, buscan la manera de sobrevivir y ser felices en las condiciones más adversas que alguien pueda enfrentar.

La fotógrafa alemana Sandra Hoyn recorrió los lugares más inhóspitos del mundo para retratar lo que ocurre en su vida cotidiana.

burdeles de bangladesh

Rupa, 16 años, bailando en la cama mientras un cliente la filma.



Como un cuento de terror de la Edad Media, ellas llegaron ahí para saldar la deuda de sus familias. No quisieron, nadie les consultó: fueron la solución más sencilla para soportar la dura crisis de un país que se encuentra en condiciones paupérrimas. Como pueden, a diario se enfrentan a bruscos movimientos, repugnantes muestras de amor y la dolorosa impotencia de hijos al por mayor y enfermedades de transmisión sexual de aquel valiente que se acercó para prometerles un futuro que estaban seguros no ocurriría. 

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Karol con su bebé de 6 meses al lado y un cliente en su cama. Piensa que tiene 17 años pero no está segura de su edad. Se casó a los 9 años, pero su tía la vendió al burdel Kandapara. Dos semanas después de su cumpleaños fue forzada a tener sexo con los clientes porque los bebés en este negocio no son buenos.



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Asma, de 14 años, nació en el burdel Tangail. Dejó de ir a la escuela porque los demás estudiantes la molestaban por el oficio de su madre. En ese momento empezó a trabajar como prostituta.



Se internó en los burdeles de Bangladesh, donde muchas mujeres sonríen y seguramente se enamoran perdidamente de aquel caballero que parece ofrecerles eso que nunca han tenido: un abrazo, un beso de buenas noches y alguien a quién contarle sus problemas. Pero son muy pocas las que consiguen algo más. Cada mañana se levantan con vigor de continuar, sin embargo, justo al abrir sus ojos, rezan y le piden con fuerza a su Dios para que sea un buen día, para que esta vez la penetración no duela, para que los hombres que acudan no lleguen ebrios, que no las golpeen, no las embaracen, no las contagien con ladillas o algo peor. Viven en la inmundicia, pero no conocen otra vida. 

burdeles de bangladesh

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Esta ciudad amurallada es uno de los pocos lugares donde la prostitución es legal. Como pueden, las mujeres que habitan ahí deben cuidarse a sí mismas, con reglas y jerarquías de poder. Por ejemplo, en los burdeles de bangladesh las mujeres son débiles, pero también poderosas. El estado más vulnerable es cuando una niña entra al burdel, ellas las llaman “chicas en condiciones de servidumbre” y tienen entre 12 y 14 años: sin derechos y sin libertad, pertenecen a la madame, tienen deudas y no pueden salir ni conservar su dinero. Están ahí para pagar una deuda y hasta saldarla pueden dejar de ser tratadas como esclavas.


burdeles de bangladesh

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No era su deuda sino la de su familia, pero el castigo no fue justo y aquellos que las entregaron las han olvidado. Casi esclavas, no pueden salir del burdel ni recibir algún tipo de dinero o recompensa por su trabajo. Una nueva manera de tener sirvientes, de esclavizar la sexualidad femenina y servir a intereses ajenos.


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Cuando la deuda se salda, aseguran, las mujeres son libres, pero muchas de ellas sólo conocen ese lugar, no pueden huir, no hay escapatoria, nacieron para ofrecer servicios sexuales y parecen no intentar remediarlo de algún modo. Muchas de ellas tienen menos de 15 años y deben permanecer en ese sitio alrededor de cinco años para que la deuda se salde… una infancia perdida y los dolorosos pensamientos del mundo que las abandonó.


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Gonna, de 27 años, pelea con otra mujer.



No conocen otra forma de vida, no saben hacer nada más para ganarse unos cuantos centavos que vender su cuerpo, dejando que alguien más conozca sus senos, su espalda, las piernas que no pertenecen a nadie y que por unos cuantos billetes pueden ser de todos.

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Paper, de 18 años, con un cliente. Sus padres murieron y se casó muy joven. Su esposo y ella fueron a la cárcel por ser adictos a la heroína. Ella asegura que la cárcel fue el mejor lugar que ha conocido porque nadie la golpeaba ahí. En prisión conoció a una mujer que la llevó al burdel.



Dentro de las fronteras de Tangail, el Kandapara es el burdel más popular y antiguo, y el segundo más grande en todo el país. Cientos de trabajadoras sexuales conviven en un sitio en el que es mucho tener una habitación con un cuarto, en donde debes bañarte en el exterior y tirar los condones ya utilizados en un lugar remoto, fuera de la vista de todos, pero en el que la basura se acumula hasta que es imposible ver debajo de decenas de capas de látex.

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Este lugar existe desde hace unos 200 años y aunque fue demolido en 2014, se estableció de nuevo porque, como ya mencionamos, muchas de las mujeres que trabajan en ese sitio nacieron ahí, crecieron ahí y si desapareciera, quedarían aún más rotas. La Asociación de Mujeres Abogadas de Bangladesh pudo convencer al Tribunal Supremo de que el desalojo de las prostitutas era un acto ilegal y ellas pudieron regresar al Kandapara.

 

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[Te puede interesar: Fotografías del hombre que recorrió el mundo de la prostitución de manera cínica y cruda]

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Sumaiya, de 17 años, con su novio y cliente frecuente Titu, de 23 años. Él es de Dhaka y la visita cada mes por una semana. Pelean a menudo porque Titu quiere casarse con ella, pero ella no quiere. Sumaiya tiene miedo de que después de casarse, él tome todo su dinero y se vaya. Él está celoso de que ella tenga sexo con tantos hombres, incluso con sus amigos, pero él hace lo mismo con diferentes mujeres del burdel.

 

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Dipa, de 26 años, llora porque tiene dos meses de embarazo, el bebé es de un cliente.

 

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Pakhi, de 15 años, está en su cuarto con un cliente en el burdel Kanapara. Vive ahí desde hace un año. Había contraído matrimonio a los 12 años pero huyó… un hombre la encontró en la calle y la vendió al burdel.



Estas mujeres no pueden hacer nada sin la autorización de la madame del burdel y sus derechos se ven pisoteados con una realidad única que no pueden cambiar. En Nepal, las mujeres que menstruan también son condenadas al confinamiento sin casi ningún derecho, puedes conocer su historia aquí. También podría interesarte conocer la historia de las niñas que escaparon del horror de Boko Haram en este link.


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Ve más proyectos de Sandra Hoyn aquí


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Referencia:

The Washington Post

The Hindu

Goethe Institut


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