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Fotografías de la soledad que viven las prostitutas mayores en México

*Ficción*Frente a mi casa vive la señora Marisela. La conocemos desde que llegamos a este vecindario hace 20 años, cuando yo tenía 3. Desde aquel entonces sale de su casa todas las noches a trabajar en “los rincones miserables y ocultos de la ciudad”, dice mi hermano mayor, que tiene aires de poeta. Mis papás […]

*Ficción*


Frente a mi casa vive la señora Marisela. La conocemos desde que llegamos a este vecindario hace 20 años, cuando yo tenía 3. Desde aquel entonces sale de su casa todas las noches a trabajar en “los rincones miserables y ocultos de la ciudad”, dice mi hermano mayor, que tiene aires de poeta. Mis papás me contaron lo que nuestra vecina hacía para ganar dinero: “Se va con hombres a hoteles o al asiento trasero de sus carros para hacerles el amor. Es prostituta”, dijo mi madre. Esa palabra siempre se me ha figurado que tiene algo especial: para mí no sólo es una mujer que se acuesta con muchos hombres todas las noches y recibe dinero a cambio. Es una cazadora del destino. Creo que son las mujeres más bravas

maya goded prostitutas en cama

Ser prostituta no debe ser fácil, pero serlo en México debe ser aún más complicado. Me he dado cuenta de las condiciones en las que muchas sexoservidoras trabajan: inseguridad, enfermedades, redadas, peligros a veces inminentes. Quienes se dedican a este oficio llevan sangre valiente en las venas. He escuchado que es el oficio más antiguo del mundo, por lo tanto, llevar en los hombros tantos siglos de historia no es cosa sencilla.

He platicado varias veces con la señora Marisela. Hay confianza entre nosotros, pues me conoce desde que era un niño. Incluso varias veces me cuidó en su casa cuando mi madre tenía que salir a hacer un encargo. Recuerdo que su casa olía siempre a perfume barato. Hace unos días fui a tocar su puerta para pedirle un favor, después de muchos días de estar meditando la idea:

“Quiero que usted y sus amigas me ayuden a hacer un proyecto para mi clase de fotografía. Sé a lo que se dedica y quiero hacer un homenaje y recuento visual de su oficio. ¿Me dejaría estar con usted y sus compañeras en las calles para sacar imágenes del ambiente en el que se desenvuelven?”.

maya goded dos prostitutas

La señora Marisela me dijo medio en broma, medio en serio: “Esas canijas te van a querer cobrar por foto, no se les va una. ¿A poco te interesa la vida de un grupo de viejas a las que ya nadie se les acerca?”.

Yo le dije que no eran viejas, sino mujeres valientes que salían a ganarse la vida de manera diferente y audaz.  

“Mira, chamaco. Otros oficios y profesiones como contadora, policía, camarera o maestra son igual de raros y exóticos que ser prostituta. Estar sentada ocho horas con una calculadora o disparando a maleantes o haciendo camas para desconocidos o regañando escuincles también es algo muy raro. Toda profesión no deja de tener algo enfermo”.

maya goded prostituta bailando

Quedamos en vernos esa misma noche para la sesión de fotos. Dediqué las siguientes horas a preparar mi material, comer algo y leer un poco. A las 12 de la noche nos reunimos afuera de su casa y después echamos a andar hacia la calle. Algunos nos veían con una mirada extraña. ¿Creerían que me iba a acostar con ella? Al llegar a la plaza en la que usualmente se coloca a disposición de los clientes, me presentó a sus amigas: todas ellas eran señoras de entre 50 a 60 o 70 años de edad que llevaban décadas seduciendo clientes en avenidas, parques o plazas a cambio de unos pocos billetes.

maya goded prostitutas en calle

Todas ellas eran conmovedoras con sus minifaldas, abrigos de pieles y joyería barata. Detrás de esa fachada de femme fatale en tiempos de decadencia, se alojaban mujeres con nietos, divorciadas, con apenas la primaria terminada y un apetito feroz por captar la atención de todo hombre que pasara junto a ellas. Mi flash saltaba de aquí para allá como testigo de primera línea: captaba las vidas que bailan entre la miseria de la urbe pero también en la dignidad más alta de mujeres que no se atemorizan ante su soledad.

Todas ellas me trataron muy bien y sintieron atracción por mi proyecto cuando les conté acerca de él. Su carácter amable, sincero y amigable contrastaba con el salvajismo de una ciudad que no duerme. Este grupo de prostitutas, de mujeres en el apogeo de su decadencia, se las tiene que ver con borrachos, viudos, drogadictos y otros seres de la noche con la única consigna de salir adelante un día más.

maya goded calle

Herminia, una de ellas, me dijo: “Lo peligroso es que a veces hay clientes que, aunque nos vean traqueteadas, no nos respetan. A veces hay humillaciones, gritos, golpes y otros maltratos. También tenemos la fortuna de que algunos clientes son muy amables y hasta se muestran agradecidos por dedicarles un tiempo, una mirada, un abrazo”.  

Recargadas sobre carros chatarra, sobre paredes con grafiti, unidas bajo la misma consigna de ofrecer el poco sexo que les queda, estas mujeres no dejan de sonreír y hermanarse bajo el amparo de la noche. Sus refugios son hoteles baratos que huelen a moho, humedad y tristeza. En sus ojos se lee una historia de nostalgia y pérdida que las ha orillado a vivir de manera marginal, a buscar en el intercambio de fluidos una oportunidad más de existir en medio de las adversidades.

 maya goded prostituta

La juventud se le ha ido a Marisela entre capas de maquillaje y medias ajustadas. Sin embargo, su actitud de cazadora entusiasma muy en el fondo. Saco mi cámara y aprieto el obturador una vez más. A pesar de las tinieblas que nos envuelven me percato de su sonrisa con arrugas. Un estremecimiento me embarga. En ese momento me acuerdo de una frase dicha por Woody Allen: “Eres un amante experimentado, ¿por qué no ibas a cobrar por ello?”.  

Este texto está inspirado en la obra visual de la fotógrafa y cineasta mexicana Maya Goded, quien se ha sumergido de una manera profunda y humana en el mundo de la prostitución en el mítico barrio de La Merced. Esta serie fotográfica se titula “Plaza de la soledad”. Sus imágenes son una manera de reivindicar la vida de un puñado de mujeres que exhiben sus cuerpos pero también su alma, sus miedos, deseos y vivencias en la noche de la ciudad.

“Este retrato con tan diversos matices, nos abre las puertas a un mundo que, de otra manera, jamás conoceríamos. Sus colores vibrantes y categóricos resaltan en la pantalla. Carmen, Lety, Raquel y Ester, cuyas edades van de los 50 a los 80 años, trabajan en el barrio de la Merced de la Ciudad de México, donde la vida se desarrolla en calles y plazas. La edad nada significa para estas mujeres, quienes bailan y seducen con la vitalidad que conservan desde su juventud. Pero con el tiempo, llega el anhelo de buscar compañía y seguridad, ya sea en sus compañeras de trabajo y hombres mayores, o apelando a su autosuficiencia profundamente arraigada”.

maya goded plaza de la soledad

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Sumérgete en los rincones más ocultos alrededor del mundo: conoce las fotografías de las prostitutas y transexuales de Bangladesh e India más allá del olvido y las tristes fotografías de los burdeles donde la prostitución es legal y las mujeres no tienen derechos.

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Fuentes 
Página oficial de Maya Goded





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