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La serie de Netflix que logrará que dejes de ver porno

El pasado primero de abril, Pornhub hizo sudar a miles de usuarios y no precisamente por su contenido erótico. A propósito del April Fools’ Day, la popular página de videos pornográficos en Internet lanzó un falso link a sus internautas con la leyenda “Gracias por compartirlo”, simulando ser un vínculo de Facebook. “Nunca más será necesario compartir […]



El pasado primero de abril, Pornhub hizo sudar a miles de usuarios y no precisamente por su contenido erótico. A propósito del April Fools’ Day, la popular página de videos pornográficos en Internet lanzó un falso link a sus internautas con la leyenda “Gracias por compartirlo”, simulando ser un vínculo de Facebook. “Nunca más será necesario compartir manualmente tu vídeo con tus amigos y familiares porque esta nueva característica revolucionaria lo hará por ti”, añadía la terrorífica publicación.

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Posteriormente, para descanso de los usuarios, Pornhub reconoció que se trataba de una broma. “¡Feliz April Fools! No te preocupes, tu navegación siempre es segura. Estamos completamente encriptados usando protocolos HTTPS”.

Más allá de lo divertido que pudo ser esta lúdica publicación, salta a la vista una curiosa pregunta: ¿por qué ver porno es algo que avergüenza? Si quienes lo hacen, lo hacen de una manera habitual y cotidiana, ¿por qué aparece un miedo apabullante cuando esto puede ser conocimiento de otros?
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Habría muchas maneras de intentar responder esta cuestión, desde un enfoque de carácter psicológico hasta uno sociológico o político. Sin embargo, el hecho es que son pocas las personas que admiten abiertamente ser consumidores de pornografía.  Pese a que en privado no tengan ningún reparo en reconocerlo, posiblemente se tenga una intuición de que, el consumo de material sexual no es del todo “correcto” y se abstengan de hacer público su consumo. 

La industria del sexo es una de las más poderosas del mundo, eso lo sabemos, pero ¿qué hay detrás?, ¿cuáles son los mecanismos de  captación de cuerpos y rostros que se exhiben sexualmente frente a una cámara?, ¿qué hay en la mente de las jóvenes que, de manera voluntaria, acceden a exponer a millones sus más íntimos rincones?  “Hot Girls Wanted: Turned On” intenta responderlo.

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Tras el éxito que tuvo el documental homónimo, sus creadores, Rashida Jones, Jill Bauer y Ronna Gradus, exploran en un formato de serie cuáles son los aspectos más oscuros de esta industria. A lo largo de 6 capítulos disponibles en Netflix nos muestra diferentes facetas del consumo y distribución de pornografía, desde las jóvenes que comienzan de manera amateur usando las cámaras instaladas en su habitación, hasta hombres que hacen del porno la única manera de relacionarse afectivamente.

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Además, abre una interesante reflexión sobre la creciente accesibilidad que este tipo de contenidos ha tenido en estos años en sectores de la población cada vez más amplios.  Otro punto de reflexión en “Hot Girls Wanted: Turned On” es, ¿cómo esta industria ha modificado la manera en la que nos relacionamos con otros? Bien sabido es que la inmediatez comunicativa de un teléfono celular otorga una falsa sensación de compañía.

Desde el lanzamiento del documental en 2015, en el Festival de Cine de Sundance donde fue nominada para el Gran Premio del Jurado, “Hot Girls Wanted…” ha levantado una ola de reacciones. Algunos ven en ella una exposición innecesaria de algo que todos conocen: detrás de toda industria poderosamente mundial hay abusos.  Otros, sin embargo, sostienen que denunciar el ejercicio irregular de esta industria, no es sólo éticamente vital, sino necesario. El hecho es que esta serie, como la película, denuncian la vulnerabilidad de las jóvenes usadas para esta industria, siendo ellas las víctimas principales. 



¿Podemos ser indiferentes a lo que hay detrás del porno?, ¿serán nuestros instintos más poderosos que nuestra conciencia? 


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