La historia de la fotografía erótica

La curiosidad por el erotismo es natural en los seres humanos. Desde la antigüedad, representaciones de desnudos como la Venus de Milo o las diosas de la fertilidad en paredes prehistóricas son evidencia de este interés.   http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e1.jpg http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e2.jpg http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e3.jpg http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e4.jpg http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e5.jpg El desnudo en representaciones visuales ha sido constante en todas las culturas. Este […]

La curiosidad por el erotismo es natural en los seres humanos. Desde la antigüedad, representaciones de desnudos como la Venus de Milo o las diosas de la fertilidad en paredes prehistóricas son evidencia de este interés.

 



http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e1.jpg http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e2.jpg http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e3.jpg http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e4.jpg http://culturacolectiva.com/wp-content/uploads/2012/10/e5.jpg

El desnudo en representaciones visuales ha sido constante en todas las culturas. Este artículo se dedicará a la historia de un formato en particular que propició la reproducción masiva de estas imágenes y diversificó sus usos, popularizándola hasta nuestros días: la fotografía erótica.

Los primeros pasos en este nuevo arte los dio Lois Jackes Daguerre en 1839, el célebre inventor del daguerrotipo (un primer tipo de fotografía impresa en cobre plateado), quien retrató esculturas de figuras desnudas. Obtener un daguerrotipo es caro y tardado pues se revela con luz solar, pero la veracidad obtenida comenzó a llamar la atención en cuanto a los retratos de personas desnudas.

Primeros daguerrotipos:

 

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Las primeras modelos nudistas de daguerrotipos solían ser prostitutas, pues a pesar del ambiente “liberal” de París a finales de 1800, eran las únicas mujeres que aceptaban inmortalizar su imagen a cambio de dinero. Un mercado conformado por altas esferas y círculos sociales adinerados rápidamente se interesó por las imágenes, que se movían en la clandestinidad a precios elevados.

 

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Como no había precedente, las modelos adoptaban poses clásicas de pinturas: recostadas en divanes, erguidas con aire solemne o jugueteando como los personajes de las obras pictóricas antiguas. En retrospectiva, muchos historiadores concuerdan en que estas imágenes eróticas tienen un aire de “inocencia”, pues aunque eran para un público que las compraba para deleite visual, no estaban tan complejamente construidas como las fotografías eróticas actuales. 

 

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Hacia 1845 el mercado ya era amplio y para darles legalidad, las imágenes comenzaron a venderse como piezas de estudio científico anatómico. Para 1850 la impresión en papel (fotografías propiamente dichas) abarató los costos de tal manera que comenzó la producción y reproducción en masa de las imágenes que satisfacían la demanda de un mercado creciente.

 

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Un híbrido interesante entre el daguerrotipo y la fotografía es esta especie de binoculares, que permitían ver la imagen erótica a contraluz y apreciar su textura y detalles con un aire personalizado y privado. 

 



A finales del siglo XIX, ya existían tres grandes grupos de fotografías de desnudos: las antropológicas (que retrataban a mujeres de diversas razas con el fin de “catalogar” a los seres humanos), las pornográficas (ampliamente extendidas en el mercado negro europeo) y las incipientes imágenes eróticas artísticas (resultado de pintores interesados en la fotografía, que querían formar una nueva disciplina).

 

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Posteriormente, el nacimiento de las revistas y las impresiones a gran escala en los inicios del siglo XX permitió el desarrollo estético de las fotografías eróticas, que ahora eran presentadas como imágenes artísticas. A esto se sumó el desarrollo del color en la fotografía y el movimiento “Pin-Up”, que de nuevo colocaba a las imágenes eróticas entre la línea de lo artístico y lo moralmente restringido, de lo culto y de lo mal visto.

 

 



A partir de 1953, publicaciones como Play-Boy delinearon y establecieron permanentemente el mercado de imágenes pornográficas, industria millonaria que en términos monetarios ha producido más en su “corta vida” que todas las imágenes eróticas de las historia juntas. 



En contraste, la corriente artística delimitó y estableció su espacio acercándose a la narrativa de la imagen, contando historias con los cuerpos y alcanzando una elaboración conceptual elevada e intelectualmente muy valiosa.

 

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Hacia nuestros días, las múltiples herramientas digitales que están a nuestro alcance permiten retoques, iluminación y perfeccionamiento de la imagen a muchos fotógrafos nuevos que se interesan en el mundo de la fotografía erótica. 

 

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La historia de la fotografía erótica es un pequeño fragmento en el amplio mundo del arte erótico a través del tiempo. Pero resulta una etapa muy atractiva por su cercanía con nuestro mundo actual (con tendencia completamente audio-visual) y naturalmente, se relaciona con ese instinto de curiosidad por el cuerpo desnudo; ya sea que nuestro interés sea el deleite visual, la apreciación por la construcción artística o el simple placer de dar rienda suelta a nuestra imaginación mientras admiramos un cuerpo ajeno que se ha desprendido de las cargas morales de la ropa.

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