El artista indígena que pintó a la Virgen de Guadalupe y fue olvidado por la historia - Cultura Colectiva

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El artista indígena que pintó a la Virgen de Guadalupe y fue olvidado por la historia

Realidad vs ficciónUn joven indígena, aprendiz de algunos de los primeros artistas católicos que pisaron la Nueva España, tuvo la visión de una doncella sobre el Cerro del Tepeyac. Una vez que sucedió, corrió con su maestro, Fray Juan de Zumárraga para contarle sobre lo sucedido: la dama era la Virgen de Guadalupe y le […]

Realidad vs ficción

Un joven indígena, aprendiz de algunos de los primeros artistas católicos que pisaron la Nueva España, tuvo la visión de una doncella sobre el Cerro del Tepeyac. Una vez que sucedió, corrió con su maestro, Fray Juan de Zumárraga para contarle sobre lo sucedido: la dama era la Virgen de Guadalupe y le mencionó que deseaba que se edificara una iglesia para honrarla en ese mismo lugar. El hombre de Dios no le creyó, pero la dama no se rindió y tampoco su nuevo cómplice, que no se detuvo hasta complacer a la “Madre de los Mexicanos”.

El resto de la historia se ha repetido a lo largo de la cultura mexicana durante casi 500 años y cada vez que los seguidores de la Virgen la escuchan, no pueden evitar reforzar su fe. El relato es fascinante y representa con épica la aparición que definiría las creencias de los habitantes de la Nueva España durante el resto de sus vidas.

Aquellos que no creyeran dicho relato, tendrían que enfrentarse a la prueba principal, el objeto de fe más importante y adorado de toda América: la tilma donde se plasmó la viva imagen de la Virgen, aquel 12 de Diciembre de 1531. Según esta versión, la imagen fue la prueba que convenció a Zumárraga de la aparición relatada por el indio Juan Diego y a pesar de que la ciencia y la historia han demostrado que la figura no apareció de forma sobrenatural, en la actualidad sigue siendo la evidencia más contundente que prueba que la divinidad está para protegernos.

Existen distintos factores que han demostrado que la Virgen no es una creación sobrenatural, tal como lo hemos mencionado en otros artículos, con base a las investigaciones de Joaquín García Icazbalceta, D.A. Brading y Edmundo O’Gorman (entre otros). Sin embargo, la prueba más relevante podría darle otro sentido divino a la historia de la “Morenita del Tepeyac”. La imagen no tiene colores divinos, ni fue creada de la nada con una fuerza sobrenatural que se plasmó en la tilma. En realidad, fue creada por un artista con una visión y talento fuera de lo convencional, cuya obra maestra logró convencer a todo un pueblo de que una representación doméstica de la Virgen María los protegía.

¿Su nombre?

Marcos Cipac de Aquino

Fray Francisco de Bustamante, perteneciente a la Orden Franciscana, habló del “indio Marcos” en algunos de los documentos en los que mantenía registro de las actividades clericales en la Nueva España. En sus papeles, el religioso lo señalaba como el autor original de la imagen en la tilma de Juan Diego. De acuerdo con Edmundo O’Gorman, el hombre estaba consciente de que la adoración de la Virgen estaba poniendo en riesgo las ideas católicas tradicionales, especialmente porque se pensaba que concedía milagros y porque en la Biblia se afirma que no se venerará a otros ídolos que no sean el mismo Dios.

Marcos aparece en registros históricos como Marcos Cipac, Marcos Aquino o como Marcos Griego. Una investigación de Ángel Vargas para La Jornada –que profundiza en los documentos que avalan su existencia–, resalta el hecho de que el hombre apareció mencionado en un texto de Bernal Díaz de Castillo en el que narraba la historia de la Nueva España. El cronista lo llamó uno de los pintores más relevantes de la época y su trabajo puede encontrarse en distintos murales de diferentes conventos franciscanos en Puebla.

Otra investigación periodística publicada en el Semanario Proceso a cargo de Rodrigo Vera, revela que Cipac de Aquino fue el creador de la primera de tres imágenes que crean la Virgen de la tilma como la conocemos. Se especula que el artista fue contactado por Juan de Zumárraga para crear una obra especial con la que los indígenas pudiesen identificarse. Su primera idea fue plasmar una representación de la Virgen con el hijo de Dios en brazos, basándose en otra Virgen que se encuentra en el Monasterio de Nuestra Señora en Extremadura, España.

El resultado fue un éxito; sin embargo, al poco tiempo otra imagen fue superpuesta, creada por Juan de Arrue en 1625, con rasgos más indigenas, sin el niño Dios y con algunas de las características que permanecerían durante el resto de su existencia. Esa también fue pintada en blanco para finamente crear la tercera, la que conocemos en la actualidad.

Los análisis que se han hecho de la imagen apuntan a que una sección habría sido creada “de un golpe”; sin embargo, era sólo la marca de pintura blanca que ocultó la obra original de Cipac de Aquino. Supongamos ahora que Aquino haya creado esa imagen de manera súbita y sin más bocetos que su inspiración: entonces es indudable que el hombre poseía un talento insólito entre los artistas novohispanos, especialmente los indígenas. Su técnica era única y lo catapultó como un favorito de los miembros del clero y los aristócratas en la Nueva España.

¿Qué podemos rescatar?

«Mire, la mayoría de los aparicionistas son gente muy noble y muy honesta. Ellos dicen lo que creen, de modo que no están mintiendo. Pero, a lo largo de generaciones, han estado viviendo en el autoengaño. ¿Por qué? Pues porque eso de las apariciones de la Virgen es un engaño muy bonito, y a todos nos llena de orgullo y de emoción».

No demasiado. Siguiendo estas pistas, Marcos Cipac de Aquino resulta el responsable de la imagen y fray Juan de Zumárraga el hombre que consolidó un mito fantástico que ha prevalecido hasta nuestros días. La obra de arte no es un hecho sobrenatural, tal como lo hemos mencionado en el pasado. Sin embargo, vale la pena revisitar la historia para conocer cómo es que el mito nació y con qué propósito se posicionó en el imaginario indígena para atraerlos hacia el catolicismo. Fue una conquista religiosa la que acabó con la identidad de los nativos y desde tal punto de vista, el mito nunca dejará de ser tan sorprendente como trágico.

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Referencias

La Jornada
Semanario Proceso



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