La mujer que aprendió a amarse tanto - Cultura Colectiva

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La mujer que aprendió a amarse tanto en soledad, que jamás volvió a perderse en unos brazos

El ser humano navega, nada, escucha y  ve el mar, muchas veces sin fijarse en lo valioso que es. Para valorar el mar tiene que conocer su profundidad, peces de todo tipo y tamaños, arrecifes con colores imaginables; necesita sentir el agua y dejarse encantar por su diversidad.El encanto y el valor de una mujer […]



El ser humano navega, nada, escucha y  ve el mar, muchas veces sin fijarse en lo valioso que es. Para valorar el mar tiene que conocer su profundidad, peces de todo tipo y tamaños, arrecifes con colores imaginables; necesita sentir el agua y dejarse encantar por su diversidad.

El encanto y el valor de una mujer es igual  y se encuentra cuando decides entrar a lo profundo de su alma y no de su cuerpo.

Si tienes el mar enfrente de ti, contémplalo con el corazón para ver su inmensidad y su valor.


La mujer que aprendió a amarse

Mujer enamorada del cielo 


Mujer enamorada del cielo, mi ángel encantador,

que toca el viento y deslumbra con su mirar.

Mujer que desvanece almas con su sonrisa,

mujer de la risa viva, la de energía alta.

 Que convierte lo suave en huracán.

Mujer enamorada de la vida,

la que quiso proteger al inocente y resguardar la injusticia.

Mujer valiente de sus heridas,

que con dulzura encanta lo amargo y empalaga con fragilidad.


La mujer que aprendió a amarse


Mujer de alas grandes, de inocencia creyente.

Andas por ahí, robándole energía al amanecer y descasando bajo la luna.

Mi mujer, que quisiera escapar con el viento, la que quisiera conocer todo el mundo.

Mi mujer tan atrapada en su mundo.

Tan creyente de ella,

a la vez tan dispersa.

La que pocos entienden y pocos saben amar.

Mujer, apasionada por lo que hace,

tan enamorada de lo que ve,

con tan poca falsedad que su rostro se ilumina de verdad.

  La que aprendió a amarse tanto en soledad, que jamás volvió a perderse en unos brazos.


La mujer que aprendió a amarse


Mi mujer y mi bella hechicera,

la mujer que encanta mi vida.

La que pocos tienen el placer de conocer profundamente.

Mi mujer, tan selectiva de lo que la rodea,

tan especial y exigente de ella misma.

Mi bella y humilde ante la vida,

con su sencilla forma de vivir.

A la que le faltará tiempo para conocer y aprender.

Mi mujer bella, mi bella mujer, tan bella para ella sola, que sola se ve tan bella.






La mujer que aprendió a amarse

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El mar y su oleaje, muchas veces, es lo único que necesitas para encontrar un faro que guíe tu camino, por eso te compartimos los Motivos que te convencerán de viajar a una isla para encontrarte contigo mismo. 


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Las fotografías que ilustran el texto pertenecen a Alessio Albi; conoce más sobre su trabajo en su página oficial. 



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