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Las estúpidas y crueles etapas del enamoramiento en 27 fotografías

“¡No jodas esto una vez más! Piensa antes de hablar y asegúrate de dar pasos firmes. No grites tus miedos ni exijas lo que no estás dispuesta a dar. Deja de fingir que eres alguien más y confía en que él podría amarte sin necesidad de cambiar”. Eso me exigí la última vez que intenté amar a alguien, […]




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“¡No jodas esto una vez más! Piensa antes de hablar y asegúrate de dar pasos firmes. No grites tus miedos ni exijas lo que no estás dispuesta a dar. Deja de fingir que eres alguien más y confía en que él podría amarte sin necesidad de cambiar”. Eso me exigí la última vez que intenté amar a alguien, pero sólo logré la parte más fácil, enamorarme. Conseguí perderme en sus palabras, me drogué de amor hasta caer inconsciente, me encendí en chispas con sus caricias y al final aquello se jodió de todas formas.



La idealización

Él y yo éramos perfectos y al mismo tiempo tan ajenos. Pasé días escondiéndome donde él me pudiera encontrar, soñaba con su mirada atravesando mi pecho, deseaba sus labios sobre mi alma e imaginaba su corazón enredándose en mi cabello. Mi vida giraba alrededor de su existencia, sabía que era lunes porque él tardaba más en contestar mis mensajes, los miércoles le gustaba bromear por teléfono y los fines eran lo único que me importaba para poder ver sus ojos sonriéndome. Aún sin saber si tendría una oportunidad me enamoré de él, aprendí a tocarlo en mis recuerdos y a escucharlo en mis sueños. Por meses me bastó con sólo la idea de un nosotros, hasta que todo se tornó de un color más real.

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La obsesión

Comencé a perderme en una felicidad absurda, se me olvidó todo lo que mi cuerpo no hacía por instinto. Podía sobrevivir sólo con sus cumplidos y prefería una sola caricia suya que un mundo entero para mí. Lo soñaba, lo respiraba, lo extrañaba y ya lo amaba. Nos amaba juntos, nos deseaba desnudos y nos imaginaba eternos. La emoción del enamoramiento se convirtió en una obsesión, pero ni a él ni a mí nos importó. Intenté todo para desacelerar nuestros pasos, pero ya era tarde. Tenía que recordar olvidarme de él para poder concentrarme, me esforzaba en conciliar el sueño para dejar de sentirme frágil cuando estábamos lejos, pero jamás intenté no amarlo tanto.

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El sometimiento

Entregué todo, cedí por completo y me volví suya, pero el nunca fue tan mío. Sus días le seguían perteneciendo, pero mi vida era completamente suya. Él guardó mi tiempo y espacio, dejé de disponer de mis propias ideas y adopté cada una de sus verdades. Me enseñó a pensar sólo para nosotros y a depender de su sonrisa. Mi amor no le era suficiente, así que tuve que ofrecerle más que eso. Ambos aceptamos ese intercambio, mientras yo me quedaba más vacía, él quería más de mí y de alguna forma, ese sometimiento se parecía al amor que yo siempre había anhelado.

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La suplica

Un día todo dejó de serle suficiente. Mis lágrimas dejaron de conmoverlo, mi cariño lo agobiaba y cualquiera de mis palabras lo asqueaban. Se cansó de quererme, pero también se aburrió de odiarme. El sometimiento que permití me hería, pero su indiferencia comenzó a matarme. Dejamos de ser nosotros y me convertí en un objeto suyo, el cual el decidía cuándo usar. En mí tiraba toda su mierda, guardaba toda su frustración y en ocasiones buscaba una solución. A veces también servía como parte de su decoración, pero otras se encargaba de esconderme en el rincón más oscuro de su presente. Me volví un diccionario de súplicas y él una máquina de rechazos.

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La realidad

No sé en qué segundo ni por qué razón pude verlo sin disfraz. Aunque todo era más gris que nunca, por fin se esclareció su verdadero rostro frente a mis ojos. Las palabras hirientes que al principio escuchaba tan lejos comenzaron a aturdirme hasta la locura. Ya no era feliz con él, nunca lo había sido, pero me había convencido de lo contrario. No sé si algún día me amó de verdad, sólo puedo asegurar que me destruyó sin piedad. Jamás me golpeó con su puño, pero me humilló hasta destrozar todas mis ilusiones. No me robó nada, pero se quedó con lo único que en verdad necesitaba, mi amor propio. No me obligó nunca a estar con él, pero me sedujo para demostrarme que sin él yo no era nadie.

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El arrepentimiento 

A pesar de haber logrado ver la realidad, en la cual ya no éramos uno solo, yo lo quería de regreso. Necesitaba su compañía ausente, sus besos groseros y su alma congelada. Prefería resignarme a su amor falso que a su partida cínica. Estar con él me dolía, pero estar sin él también, así que anhelaba poder sufrir en la misma cama en la que se recostaba, con él dándome la espalda y a su lado sintiéndome menos. No me lamentaba por haberme enamorado de él, sino por haber dejado de amarme a mí. Pero ningún arrepentimiento era tan venenoso como el de haberle pedido que se fuera.

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La indiferencia

Pasaron 9 meses, se registraron más de 100 llamadas perdidas en su teléfono, tecleé más de 10 mil caracteres para pedirle que regresará y lo visité una vez a la semana, pero nunca volvió. Jamás dejó de dolerme, todavía extraño casi todo de él, pero también aprendí a ignorar nuestros recuerdos juntos. Todos los días creo que estoy cerca de olvidarlo y con eso me basta por ahora. Después de mi historia con él comprendí que el ardor del enamoramiento y la suavidad del amor no son lo mismo. Él y yo fuimos fuego, pero nunca le importó no quemarme, prefirió destruir todo en mí antes de apagar la única llama que me mantenía junto a él. No me importa saber por qué, en realidad no me importa nada y esa indiferencia es lo único que me mantiene a salvo.

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La soledad

Lo sabía, ya me habían roto el corazón una vez, pero sería yo quien lo acabaría destrozando. Me enamoré, pero también me obsesioné con la idea de un nosotros, permití cualquier cosa a cambio de su compañía y perdí todo lo que me hacía humana. Cuando decidí vaciarme para él sólo quedó mi alma líquida y cuando el decidió tener suficiente de mí me evaporé hasta desaparecer. Fui estúpida y él cruel, finalmente quebré mi propio corazón y ahora espero que sane pronto para no joder esto la próxima vez.

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Las estúpidas y crueles etapas del enamoramiento fueron capturadas por una diseñadora gráfica conocida como “Witchoria“. Quien parece entender la primera fase del amor desde todos sus ángulos, pues el enamoramiento no sólo es ternura y pasión, también está lleno de crueldad, estupidez y mucho dolor

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Imágenes:

Witchoria







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