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Los cuatro elementos que necesitas para crear con pasión

Un ser apasionado necesita del caos para estallar, que la sangre se caliente, el cuerpo comience a hervir y alcancemos la cumbre en un beso, un triunfo o una obra de arte. Nuestras construcciones, pictóricas, arquitectónicas, coreográficas y literarias hablan por nosotros, si no hacemos erupción todo permanece en nuestro interior, atormentándonos, nutriendo el fuego interior que nos […]


Un ser apasionado necesita del caos para estallar, que la sangre se caliente, el cuerpo comience a hervir y alcancemos la cumbre en un beso, un triunfo o una obra de arte. Nuestras construcciones, pictóricas, arquitectónicas, coreográficas y literarias hablan por nosotros, si no hacemos erupción todo permanece en nuestro interior, atormentándonos, nutriendo el fuego interior que nos calcina si no generamos vías de escape para cimbrar el mundo con el estruendo de una pieza artística.

La pasión es lo que nos impulsa a crear y nos convierte en volcanes en erupción al desbordar ese fuego que nos quema por dentro cuando las emociones explotan y arde nuestro interior. Pasión es renacer de las cenizas, reconstruirte y reacomodar tus piezas, armarte una y otra vez para poder crear algo radicalmente distinto. 

El ser humano repele la calma; necesitamos derrumbarnos y continuar el proceso creativo interminable que se alimenta de esa sensación catártica que sigue al estallido, cuando comienza el recuento de los daños, y a pesar de que hemos sobrevivido y volvemos a lo cotidiano, ya no somos los mismos, es por ello que ser artista exige renacimiento y reencarnación a través del material y la creación pura, que a su vez se determina por conceptos como cultura y tradición.


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La pasión no permite que algo se extinga, nos vuelve eternos, o por lo menos nos alimenta con la ilusión de trascender las épocas. Pero también hay que volver a los orígenes de vez en cuando para entender el instante y las decisiones que nos han arrastrado hacia él; esta necesidad existencial nos hace acumular y coleccionar piezas que narran tiempos distintos, otorgándole un valor abstracto a los objetos. Un claro ejemplo son todos esos objetos comunes que han perdido su función original, condenados a la soledad de las vitrinas en las salas de los museos de antropología.

Es un instinto humano el deseo de construir y experimentar con cada recurso que esté a nuestro alcance, lo cual le ha permitido a la humanidad diseñar herramientas para sobrevivir y facilitar la vida, materiales como la cerámica y el barro nos han acompañado casi en cada lugar donde la humanidad se ha asentado, inseparables de nuestra memoria.


Si nuestros sitios algún día serán ruinas, estamos habitando los vestigios arqueológicos de la civilización presente, y cuando nos extingamos… ¿qué quedará entonces? Serán los objetos los que narren nuestra historia y esa es la verdadera importancia de los materiales para el deseo humano que se niega a perecer. 

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La obra del artista mexicano Bosco Sodi, retoma estas paradojas que conectan la naturaleza y la humanidad en una tensión constante, en destrucción y reconstrucción. Influenciadas por el paso del tiempo, sus piezas proponen un discurso contemporáneo que honra el pasado, consciente de que todo lo que creamos en el presente perderá vigencia, y sólo sobrevivirá el material descontextualizado. 

Sodi revela los secretos de la roca, lee sus texturas, con sus imperfecciones e historias, tal como el ser humano. Enfrentarnos a sus creaciones nos demuestra la belleza del ambiente orgánico e inerte que nos rodea y está presente en cada paso que damos. Su discurso propone una abstracción hacia lo básico, entre cubos de arcilla, piezas cubiertas de lámina de oro y  tabiques de barro rojo el tiempo adquiere un sentido distinto, si la belleza orgánica toma millones en construcción, lo que se erige frente a nuestra mirada se está convirtiendo en vestigio segundo a segundo. 

La pasión de este artista mexicano que pone en alto el nombre del país, hace erupción en su obra escultórica que lleva al límite cuatro elementos anacrónicos e imperfectos que se entrelazan en sus instalaciones reconocidas a nivel internacional.

Foto por Ricardo Guzmán. Cortesía de Studio Bosco Sodi.

Foto por Ricardo Guzmán. Cortesía de Studio Bosco Sodi.


La roca

Es la máxima expresión de la pureza que posee un material desnudo, encierra la posibilidad de construir, moldear y reinventar nuestro mundo. La roca está siempre presente en la relación civilización-naturaleza por ser el primer material donde se manifiestan sus ideas. 
Hallamos lo bello en lo amorfo de las rocas porque reflejan nuestra naturaleza corpórea, las cicatrices en la piel y las arrugas que documentan el paso del tiempo que nos erosiona al igual que a este elemento. Sometiendo la roca, Bosco Sodi explora lo simple, los materiales básicos expuestos a distintos procesos, cubos amorfos de barro donde lo elemental nos conduce a una reflexión profunda acerca de quiénes somos y cómo nos manipulamos para sobrevivir día con día. 

Foto por Michel Zabé. Cortesía de Studio Bosco Sodi.

Foto por Michel Zabé. Cortesía de Studio Bosco Sodi.

 

Foto por Michel Zabé. Cortesía de Studio Bosco Sodi.

Foto por Michel Zabé. Cortesía de Studio Bosco Sodi.


El calor

Este elemento protagoniza los procesos artísticos de la obra de Sodi, el juego constante que emplea para volver a la lava, fundir un objeto aparentemente inerte, que puede dar origen a algo totalmente nuevo sin perder la esencia inicial. El calor representa las alteraciones que también provienen de la naturaleza, ciclos que cada persona experimenta en la vida, cambios agresivos que transforman radicalmente nuestra estructura de pensamiento o composición física. En el terreno de lo humano, podemos compararlo con las heridas que dejan huecos necesarios para sanar, cirugías o tatuajes que son la expresión visible de un recuerdo, un momento o un crecimiento personal que transforma nuestra manera de relacionarnos con el mundo y queremos llevar en la piel. El calor en la obra de Sodi es la metáfora del tránsito por esta vida. 

Foto por Michel Zabé. Cortesía de Studio Bosco Sodi.

Foto por Michel Zabé. Cortesía de Studio Bosco Sodi.


El volcán

“El hombre quiere ser volcán
y dejar más que el suceso después de la lava.
Quiere estallar, derrumbar pueblos, prolongar su erupción hasta la niebla.
El hombre despierta y se erosiona.
El hombre estalla y cambia el paisaje.”


El fragmento anterior pertenece a un poema del venezolano Zakarías Zafra, quien al igual que Sodi se inspira en la naturaleza humana más primitiva, aquella que se contradice al saberse mortal y al mismo tiempo querer trascender, con la ambición de que el estallido de su vida dejé una huella permanente en la tierra, reflejo de una naturaleza que nos exige cambio, porque no podemos vivir en la estabilidad, el incendio nos llama, la violencia también es parte de nosotros. No nos conformamos con ser humo, cuando sentimos ansías por crear, el artista disfruta desafiar la naturaleza y todo lo que parece inquebrantable ante la mirada común. 

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Los sublimes latidos

Son los que impulsan a un artista, al creador, latidos que le recuerdan que está vivo y que mientras su tiempo no se agota tiene la capacidad construir y destruir con sus acciones.
Este elemento de la obra de Bosco Sodi responde a los estímulos naturales, energías que se alejan de lo primitivo para alcanzar lo sublime, la consciencia de que somos diminutos ante el universo, el terror que nos excita cuando nos hallamos rodeados de montañas, bosques, volcanes, u océanos que sólo podemos aspirar a representar desde una escala abstracta. 

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Foto por Michel Zabé. Cortesía de Studio Bosco Sodi.

Foto por Michel Zabé. Cortesía de Studio Bosco Sodi.



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El Museo Diego Rivera Anahuacalli alberga desde el 7 de febrero hasta el 30 de abril los cuatro elementos que hacen erupción en las obras de Bosco Sodi, en una exposición cuyo recorrido exige un diálogo directo con el museo como alegoría del volcán en cuyo interior las piezas de arte contemporáneo puede compartir hábitat y coincidencias con las cerámicas prehispánicas del pasado. Las 580 piezas de esta muestra revelan la fuerza del material en complemento con la historia de la civilización mesoamericana que compone la colección de este recinto de las artes. Además, la roca volcánica de la cual está hecha el edificio proviene de la lava producida por el Xitle, cuya erupción destruyó Cuicuilco, y que ahora cimienta un espacio para las artes. 

“ELEMENTAL” despierta al volcán Xitle, mientras reúne el trabajo de 10 años del artista, en espera de la interpretación abierta de los visitantes, una propuesta curada por Dakin Hart, curador del Museo Noguchi en Nueva York, cuya narrativa parte de la idea de intervenir y habitar el espacio, no como una sede, sino como un complemento arquitectónico de las piezas de Sodi. 


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Te invitamos a conocer otros artistas quienes al igual que Bosco Sodi crean obras de arte que nos recuerdan que somos salvajes e instintivos como cualquier animal por nuestro origen orgánico, para recordar que las pasiones nos hacen crear pero también nos destruyen hasta perder la cordura

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