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Los tesoros del Tornaviaje y la primera globalización

Texto por: Sofía Navarro Hernández  En ti están sus grandezas abreviadas,tú las basteces de oro y plata finay ellas a ti de cosas más preciadas. En ti se juntan España con China,Italia con Japón, y, finalmente,un mundo entero en trato y disciplina[1].Bernardo de Balbuena, Grandeza mexicana, 1604Fenómenos como la integración internacional, el multiculturalismo o el “made in […]




Texto por: Sofía Navarro Hernández

 

 

En ti están sus grandezas abreviadas,

tú las basteces de oro y plata fina

y ellas a ti de cosas más preciadas.

 

En ti se juntan España con China,

Italia con Japón, y, finalmente,

un mundo entero en trato y disciplina[1].

Bernardo de Balbuena, Grandeza mexicana, 1604

Fenómenos como la integración internacional, el multiculturalismo o el “made in China” suenan muy contemporáneos. Sin embargo, eso que llamamos “globalización”, término que identificamos con un proceso de comunicación e interdependencia económica, política y cultural a escala planetaria, tuvo sus antecedentes desde el siglo XVI, en un momento en el que México tuvo un papel esencial como encrucijada del comercio internacional.

En efecto, durante el periodo colonial, lejos de ocupar una posición periférica, el virreinato de la Nueva España constituyó una plataforma para los intercambios marítimos que unían al Pacífico y al Atlántico. Entre 1565 y 1815, el llamado Galeón de Manila, también conocido como “Nao de China”, atravesó anualmente el Pacífico para transportar bienes y personas de un continente a otro. De ida a Manila, los galeones iban cargados mayoritariamente de plata, en gran medida para satisfacer la demanda china. En el otro sentido, regresaban repletos de alfombras y perlas de Persia, porcelana y seda de China, lacas y biombos de Japón, muebles y marfiles de Filipinas, textiles de la India, sin olvidar las especias de Indonesia.

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Mantón de manila. Lienzo de seda tejido en tafetán, bordado con hilos de seda teñidos. Dinastía Qing, período (1644-1911), China. Colección Museo Franz Mayer.

Las especias, precisamente, habían sido el principal motor de las expediciones marítimas emprendidas por las potencias europeas en la segunda mitad del siglo XV. En esa época, los preciados condimentos se comerciaban a través de una ruta terrestre, controlada casi exclusivamente por los genoveses. Para poner fin a este monopolio y acceder directamente a las especias asiáticas, dos potencias rivales, Castilla y Portugal, se aventuraron en direcciones opuestas, la primera hacia el oeste, topándose con América, y la segunda hacia el este, rodeando África hasta llegar a la India. El afán de estos dos reinos por explotar nuevos territorios era tal que, en 1494, tuvieron que firmar el Tratado de Tordesillas para dividir el mundo en dos mitades y repartirse las zonas de navegación y de conquista. A partir de ese momento, la ruta marítima que rodeaba África para llegar a Asia le correspondía a Portugal, mientras los españoles tenían que recorrer el Atlántico y hacer escala en América, antes de atravesar el Pacífico. Esta escala se hacía en la Nueva España, de donde zarpaban los navíos para alcanzar las costas filipinas.

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Papelera. Madera laqueada y dorada. Siglo XVIII, Nueva España. Colección Museo Franz Mayer.

Si la ida a Filipinas no presentaba mayores desafíos, pues se hacía en la primavera con ayuda de los vientos alisios y duraba dos meses, el regreso era toda una aventura. En varias ocasiones, los navíos que partían de Filipinas naufragaron al ser superados por las difíciles condiciones meteorológicas. No fue hasta 1565 cuando el explorador fray Andrés de Urdaneta (c. 1508-1568) descubrió la famosa ruta del “tornaviaje”, que se logró hacer el primer regreso a la Nueva España. Urdaneta y su equipo habían esperado el mes de junio para aprovechar los vientos favorables que provenían del suroeste y que impulsarían el navío hacia el norte hasta llegar a la altura de Japón, donde la corriente de Ártico los ayudaría a descender por la costa californiana, antes de llegar por fin a Acapulco. En total, el viaje duraría cuatro meses, y sería uno de los regresos más cortos de todos los tiempos, pues otros tardarían hasta siete meses; la ruta descubierta no dejaba de ser difícil al subir muy al norte y atravesar zonas de vientos imprevisibles. Aunque el navío llegara a salvo, la tripulación no siempre sobrevivía, derrotada por la sed, el hambre, las enfermedades o las fuertes tormentas.

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Cristo crucificado. Marfil tallado con restos de policromía y dorado. Siglo XVII, Filipinas. Colección Museo Franz Mayer.


Muchos de los bienes transportados tampoco resistían la peligrosa travesía, pero los que sí lo hacían eran llevados a Veracruz, donde les esperaba un nuevo viaje transoceánico hacia Cádiz. Aunque su destino principal era España, una parte se quedaba en la Nueva España y otra era vendida en la feria de Acapulco a comerciantes venidos de toda América. Esta circulación de objetos asiáticos en el territorio americano tuvo un fuerte impacto en la producción artística local, que muy pronto integró y se apropió temas, materiales y técnicas orientales. En el contexto mexicano, el caso más conocido es el de la talavera, que muestra un parentesco muy claro con la porcelana china, no solamente en el uso del azul y el blanco, sino en los motivos decorativos. Éstos no necesariamente eran “copiados”, sino que podían ser adaptados para dotarlos de un significado local, por ejemplo cuando se remplazaba la figura del fénix chino por la del quetzal. En otras ocasiones, los motivos locales (con frecuencia escudos de armas) cruzaban el Pacífico para deslizarse en piezas de porcelana china encargadas por miembros de la élite novohispana.


tesoros del tornaviaje

El caso de la porcelana era muy particular, pues la fórmula para fabricarla era un secreto bien guardado de los chinos, pero otras técnicas empleadas en Asia tenían su equivalente prehispánico, como es el caso de la laca. Si bien los materiales empleados eran distintos, pues en ambos continentes se utilizaban ingredientes locales, como el aceite de chía en México o la resina de mopa-mopa en Perú y la savia del árbol de la laca en Japón y en China, el acabado pulido y brillante era muy parecido. Así, muy pronto surgieron objetos que empleaban la técnica local del maque para producir un efecto oriental, por ejemplo los biombos o las cajas de inspiración japonesa. Estos objetos “híbridos” no se contentaban con integrar lo asiático y lo prehispánico, pues podían incluso narrar episodios de la mitología grecolatina o inspirarse en la exuberancia de los grutescos renacentistas.

Este tipo de objetos testigos de una globalización temprana son los que se exhiben actualmente en el Museo Franz Mayer con motivo de la exposición “Tornaviaje: La Nao de China y el Barroco en México, 1565-1815”. No te pierdas esta ocasión de descubrir un periodo de la historia en el que México reunía, como diría Bernardo de Balbuena, “de España lo mejor, de Filipinas la nata, de Macón lo más precioso, de ambas Javas riquezas peregrinas[2]”.

Bibliografía

Alba-Koch, B., “La Grandeza Mexicana y los aportes asiáticos a la Nueva España: lujo, “mestizaje cultural” y espiritualidad”, Actas del I Congreso Ibero-asiático de Hispanistas Siglo de Oro e Hispanismo general, ed. Vibha Maurya y Mariela Insúa, Pamplona, 2011, pp. 17-32.

Balbuena, B., Grandeza mexicana, ed. J. C. González Boixo, Roma, Bulzoni, 1988.

Carr, D. (ed), Made in the Americas, The New World Discovers Asia, Boston, MFA Publications, 2015.

Curiel, G., “Perception of the Other and the Language of ‘Chinese Mimicry’ in the Decorative Arts of New Spain”, en Asia and Spanish America: Transpacific Artistic and Cultural Exchanges, 1500-1850, ed. D. Pierce y R. Otsuka, Denver, Denver Art Museum, 2009, pp. 19-36.

[1] Balbuena, Grandeza mexicana, p. 80.

[2] Balbuena, Grandeza mexicana, p. 62.


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La historia del diseño en México es vasta e interesante, uno de los recintos que mejor cuenta la el proceso en diseño y arte en nuestro país es en Museo Franz Mayer, recinto que Treinta formas de sentarse a lo largo de cuatro siglos es lo que podemos ver en la muestra que hace algunos meses presentó la exposición “Silla mexicana. Diseño e identidad”

Diseño contemporáneo y artes decorativas.

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