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Los tres impulsos básicos que nos explican por qué el amor sólo existe como una forma de supervivencia

Es intolerable guardar el tapete de bambú para dormir, cuando la noche que te traje a casa te vi desenvolverlo. Así comienza el poema chino del siglo VIII con el que Helen Fisher, antropóloga y bióloga estadounidense, compara lo que sucede en nuestra mente cuando nos enamoramos. Por ejemplo, conoces a alguien, planean una vida juntos y compran […]




Es intolerable guardar el tapete de bambú para dormir, cuando la noche que te traje a casa te vi desenvolverlo. 

Así comienza el poema chino del siglo VIII con el que Helen Fisher, antropóloga y bióloga estadounidense, compara lo que sucede en nuestra mente cuando nos enamoramos. Por ejemplo, conoces a alguien, planean una vida juntos y compran un tapete de bambú para dormir abrazados por el resto de sus días; las cosas no funcionan más, se separan y entonces ver, oler, usar o recordar ese tapete se vuelve una cruel tortura que te convence de no poder seguir adelante sin esa persona.

En resumen y para no entrar en términos científicos muy específicos, esta investigadora del comportamiento humano asegura que el amor, como un sentimiento que nos une de manera genuina a otra persona, no existe. Esta fuerza que mueve montañas, esta emoción que nos hace ser más felices que nunca, es realmente la consecuencia de tres impulsos que nos ayudan a sobrevivir y evolucionar. De acuerdo con la plática que Fisher impartió en una sesión de Ted Talks, el amor es aquello a lo que nuestro cerebro se prende de manera irremediable para no dejarnos morir. Esta reacción se relaciona principalmente con la dopamina que se genera cuando el romance comienza a invadir nuestra mente y cuerpo.

Según al análisis que Fisher ha hecho alrededor del romance, el cortejo y las relaciones de pareja, no hay nada más intenso para el ser humano que la experiencia de enamorarse. Por lo tanto, no hay nada más tormentoso que el proceso al que nos orilla el desamor. Sabiendo esto, la bióloga se dio a la tarea de reestructurar la concepción que tenemos sobre este sentimiento. Así es como llegó a dividir este fenómeno en tres impulsos básicos que comprueban que nadie tiene una media naranja y que por supuesto, el amor no es eterno.  

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1. Impulso sexual

Éste no se refiere mas que al propósito darwiniano de la evolución. En primer lugar, Fisher aclara que existe una gran diferencia entre el sexo casual y el sexo con una pareja. El segundo nos convierte en seres sexualmente posesivos ¿por qué? No se trata de exclusividad, respeto, ni amor, sino de la intención de continuar siendo una especie. A pesar de que durante el impulso sexual todavía no aparece esa necesidad de sentirse amado y necesitado, en esta etapa creamos una sola obsesión: sobrevivir en este mundo a través de la reproducción.

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2. Amor romántico

La ansia intensa de estar con una persona en particular, no sólo en el ámbito sexual sino en el emocional también, es a lo que Fisher le llama amor romántico. Ese momento en el que preferimos pasar un día entero recostados a lado de la misma persona, en lugar de una noche divirtiéndonos con alguien diferente, significa que el amor romántico se ha encendido en nuestro cerebro. El problema es que esa sensación de estar conectado con alguien más termina por convertirse en la motivación principal de nuestras vidas, en el motor por el que nuestra mente continúa en marcha. 

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El problema del amor romántico es que nos hace vivir en una realidad adversa. Por ejemplo, cuando le preguntas a alguien totalmente enamorado si sería capaz de morir por su pareja, sin pensarlo responde que sí. Esto sucede porque el amor nos hace sentir invencibles ya que, tal cual un subido de cocaína, este sentimiento comienza a activar ciertas áreas de nuestro cerebro que nos convencen de ser tan poderosos como para arriesgarlo todo por alguien. 

Pero, ¿qué sucede cuando la persona que nos hace sentir invulnerables nos rechaza? Fisher menciona que es cierto que la gente vive, mata, muere, escribe, pinta, crea y vive por amor; por lo tanto nadie puede sobrevivir sin él. Como uno de los sistemas cerebrales más poderosos sobre la faz de la Tierra, esta emoción de pertenecer y poseer a alguien más nos ayuda a continuar. 

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3. Apego

El tercer y último impulso es el resultado de una evolución que el hombre sufrió junto con los avances de nuestra sociedad. Nuestro sistema cerebral desarrolló una gran tolerancia para permanecer junto a alguien el tiempo necesario para criar a un niño, ser un equipo y aún sin impulso sexual u amor romántico, intentar estar bien. En palabras de Ted Hughes: “Creo que fuimos hechos para ser como dos pies, nos necesitamos mutuamente para salir adelante”. Así somos los hombres y las mujeres, quienes a pesar de no evolucionar con la misma rapidez, sí continuamos necesitando de la compañía del otro para satisfacer dos de las demandas humanas más básicas. La primera es el placer y la segunda nuestra supervivencia

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¿Qué está pasando con las relaciones y por qué cada vez es más difícil enamorarse?

A pesar de tratarse de una táctica para subsistir, el amor se ha rezagado a medida que se intentamos colocar al hombre y a la mujer en una igualdad inexistente. El género femenino se ha ido integrando al mercado laboral de manera paulatina pero segura y con ello, se ha ido alejando de su propósito evolutivo. Esto no quiere decir que estemos cometiendo un error, Fisher aclara que estos cambios nos dirigen a la creación de una sociedad colaborativa. Sin embargo, esta inclusión ha impactado de manera importante y un tanto negativa al sexo, el romance y la vida familiar. 

Las relaciones se están terminando porque las mujeres han comenzado a expresarse. Ellas expresan su sexualidad, sus estándares, sus inconformidades y por lo tanto, van en busca de una relación simétrica en la que se compartan patrones de comportamiento y acción. Evidentemente, encontrar un pareja así no es tan fácil.

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No obstante, el panorama también parece ser más sincero que nunca, pues de acuerdo con las estadísticas que Fisher compartió durante su conferencia, los matrimonios arreglados van de salida. Hoy casi nadie se casa por conveniencia u obligación, la cultura occidental está convencida de tomarse el tiempo necesario para encontrar a alguien con quien deseen comprometerse. Es decir, las nuevas generaciones están aprendiendo a mediar estos tres impulsos básicos para encontrar el equilibrio entre éstos y su propia vida. 

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Es cierto, cada vez es más difícil enamorarse, las mujeres ya no se dejan llevar con tanta facilidad por el impulso romántico y los hombres contienen sus impulsos sexuales con mayor constancia. Ningún género planea evolucionar a través de la procreación, por lo tanto el amor ha largo plazo también ha perdido fuerza. A pesar de ello, Fisher declara que si ha habido una época para intentar un amor igualitario, ésa es la nuestra. Teniendo el conocimiento de que la dopamina y nuestro cerebro pueden llegar a engañarnos, también tenemos el poder de tomar la mejor decisión en cuanto a una 
relación y la persona que elijamos para sobrevivir juntos. 

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Fuentes:

Ted.com








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