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Manuel Álvarez Bravo, un surrealista innato

En sus años como estudiante quiso ser contador, pero en 1915 descubrió su vocación para las artes e inició su quehacer artístico en la Academia de San Carlos dedicándose a la música. Aunque su acercamiento con la fotografía se dio desde pequeño gracias a su padre, un profesor quien dedicaba algunos de sus momentos a […]

En sus años como estudiante quiso ser contador, pero en 1915 descubrió su vocación para las artes e inició su quehacer artístico en la Academia de San Carlos dedicándose a la música. Aunque su acercamiento con la fotografía se dio desde pequeño gracias a su padre, un profesor quien dedicaba algunos de sus momentos a la fotografía y la pintura, su primer encuentro importante con esta técnica surgió en 1923 cuando conoció al fotógrafo alemán Hugo Brehme, personaje que lo incitara a adquirir su primer cámara. Así nacería uno de los fotógrafos más importantes que ha tenido nuestro país: Manuel Álvarez Bravo.

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Álvarez Bravo es considerado uno de los padres de la fotografía mexicana y su trabajo es reconocido por plasmar el paisaje de México y su gente con maestría. En 1925, obtuvo su primer premio en un concurso local en Oaxaca; durante ese mismo año se casó con Lola Álvarez Bravo, considerada la primera fotógrafa profesional mexicana y quien asumiera la misma profesión y el apellido de su esposo.

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La obra fotográfica de Manuel Álvarez Bravo se reconoce por la cultura e identidad mexicana que impregna en cada una de sus imágenes en las que aborda, con gran imaginación, la vida urbana y la de los pueblos, el campo, la religión, el paisaje y las tradiciones, características que adoptó de su amistad con Tina Modotti, Diego Rivera, Pablo O`Higgins, entre otros.

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En 1932, realizó su primera exposición fotográfica individual en la Galería Posada y en esa época compartió muestras con el también fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson en Bellas Artes. El reconocido André Bretón descubrió su trabajo y lo describió con un surrealismo innato. Su amistad con el artista desembocó en la portada del libro Catálogo de la exposición Surrealista Internacional (1939) que incluía textos de Bretón, y en 1935 presentó una exposición en París que sería trascendental en su carrera como fotógrafo.

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En 1936, expuso en la Galería Hipocampo del poeta mexicano Xavier Villaurrutia, ya con un estilo ajeno al de sus antecesores, incorporando elementos basados en la cultura mexicana que permitían la evocación de imágenes, además de dar cuenta de un fino sentido del humor. Ya en los 40, el reconocido fotógrafo incursionó en el mundo del cine con la cinta ¡Que Viva México! (Eisenstein, 1930), además de participar en películas junto a Johhn Ford y Luis Buñuel. Pero también fungió como realizador del largometraje Tehuantepec y de cortometrajes como Los tigres de Coyoacán y La vida cotidiana de los perros, entre otros.

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Gran parte de la labor de Álvarez Bravo consistió e reunir y mostrar importantes colecciones fotográficas, así como la creación del Primer Museo de la Fotografía en México. Entre los premios que obtuvo a lo largo de su trayectoria nacional e internacional, destacan: El Premio Nacional de las Artes (1975), el Premio internacional de la Fundación Hasselblad, por Suecia (1984) y el Master of Photography del ICP en Nueva York, en 1987.  

Manuel Álvarez Bravo falleció el 19 de octubre de 2002 a la edad de 100 años.

 

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