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9 mitos sobre el México prehispánico que siempre creíste ciertos

La memoria de los pueblos indígenas de México es difusa. Los códices prehispánicos, la principal fuente de preservación y difusión de saberes de entonces, enfrentó una destrucción sistemática inmediatamente después de la conquista y durante todo el periodo colonial. Acusada de herejía, perseguida por el cristianismo y las autoridades civiles, la memoria histórica del conjunto […]



La memoria de los pueblos indígenas de México es difusa. Los códices prehispánicos, la principal fuente de preservación y difusión de saberes de entonces, enfrentó una destrucción sistemática inmediatamente después de la conquista y durante todo el periodo colonial.

Acusada de herejía, perseguida por el cristianismo y las autoridades civiles, la memoria histórica del conjunto de tradiciones que formaron la cosmovisión de las civilizaciones precolombinas desapareció en medio de una espesa niebla, que combatió a través de la cruz y la espada las raíces de los pueblos conquistados en detrimento de sus costumbres.

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En este contexto, algunos códices fueron reescritos bajo tutela y encargo de la autoridad religiosa, mientras los pocos que sobrevivieron a la extinción fueron enviados a Europa y desde entonces forman parte de un proceso de expolio cultural, descontextualización y olvido activo hasta el presente. A partir de entonces, la tradición oral se convirtió en el único método de transmisión del relato histórico desde la visión prehispánica, mientras, el discurso de los vencedores se consolidó como oficial. 

¿Alguna vez has escuchado que los mayas nunca chocaron con los conquistadores porque tal civilización ya había desaparecido, o que los vencedores del juego de pelota maya eran cruelmente asesinados y ofrecidos como ofrenda a los dioses? Si tu respuesta es positiva, no dudes en leer estos 9 mitos del México prehispánico que todos creímos ciertos:


“Los mayas ya no existían cuando llegaron los españoles”


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Es común escuchar esta frase cuando las palabras “maya” y “conquista” aparecen en una misma oración. Muchas personas asocian la caída de México-Tenochtitlán a la conquista e incluso obvian la existencia de civilizaciones distintas a los nahuas y niegan cualquier contacto entre mayas y españoles, cayendo en un error craso.

 
En 1519, Cortés inició la primera campaña en forma con destino hacia la América continental. Después de pasar por Cozumel, la avanzada española se internó en Yucatán, Belice, la región Quiché y más tarde, Chiapas, hasta que gradualmente mantuvo control de la zona. A pesar de que la civilización del sureste mexicano y Centroamérica había dejado atrás su momento de esplendor en el Periodo Clásico, más de 40 mil mayas vivían en grandes ciudades como Mayapán, Chichén Itzá, Tulum y Petén, y aunque pasaban por un periodo de conflictos, sufrieron los estragos de la conquista.



“Las enfermedades acabaron con los nativos”


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Si bien el enunciado anterior no falta a los hechos históricos, resulta necesaria una aclaración, pues el argumento de los virus y bacterias letales es comúnmente difundido a modo de apología para omitir (o justificar) la violencia y el despojo que sufrieron los pueblos indígenas a manos de los conquistadores.

 Es imposible saber si la Conquista de América se habría logrado sin las enfermedades que causaron millones de muertes de los nativos americanos y contribuyeron a un dramático descenso demográfico a finales del siglo XVI; sin embargo, el efecto de la violencia y las sangrientas campañas militares destinadas a subyugar a los indígenas latinoamericanos es incontestable.



“Los pueblos prehispánicos eran pacíficos”


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Una interpretación idealista y nada seria de la historia afirma con frecuencia que los pueblos prehispánicos convivían armoniosamente entre sí antes de la llegada de los españoles.

Nada más falso: en realidad, la gran mayoría de civilizaciones mesoamericanas concebían la guerra como una actividad necesaria para mantener su dominio sobre otros, especialmente cuando su vida material era regida por un modo de producción despótico-tributario. A partir de su realidad, la cosmovisión de estas civilizaciones otorgó un carácter religioso a la guerra y, como otros pueblos antiguos, designó a deidades específicas para ello.



“La Malinche fue una traidora”


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El papel exagerado del personaje identificado como “La Malinche” es una de las imprecisiones más recurrentes en la Historia de México. Malinalli fue regalada a Cortés durante su campaña en el este de México y fue especialmente útil gracias a su conocimiento del maya y del náhuatl.

Al mismo tiempo, Cortés contó con Jerónimo de Aguilar, un naufrago sevillano al que rescató luego de su expedición por Cozumel y sirvió para traducir del maya al español. La obsesión historiográfica con el papel que jugó la Malinche le ha llevado a adoptar un sinfín de papeles, desde traidora hasta víctima, pasando por amante de Cortés y responsable de la conquista. No obstante, se trata de un personaje producto histórico de su tiempo, que respondió al contexto que se presentó ante sí.



“La Conquista fue en nombre del Rey”

 
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Pizarro, Cortés, Grijalva, Alvarado y Valdivia; todos aparecen frente a la historia como hombres valientes, llenos de agallas que llevaron por buen puerto la epopeya española con su genio y determinación, con un sólo objetivo: la consecución de la conquista en nombre del rey de España.

Ante tal afirmación, es preciso aclarar que el papel de los conquistadores nunca fue el de soldados, militares o sirvientes de alguno de los soberanos de los distintos reinos de lo que actualmente es España. Las alianzas entre señores feudales y monarquía eran vistas como una oportunidad de negocio para ambos bandos: Cortés y compañía fungían de señores feudales que intentaban enriquecerse a través de la conquista y exportación de materias primas. El mejor ejemplo de esto ocurrió en 1520, cuando las tropas de Pánfilo de Narváez intentaron aprovecharse de la campaña primigenia y fueron abatidas rápidamente por el propio Cortés.



“Los ganadores del juego de pelota eran sacrificados”


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Se trata de uno de los mitos más difundidos en el imaginario colectivo sobre las culturas que practicaban el juego de pelota en sus distintas versiones a lo largo de Mesoamérica. Es habitual escuchar que el premio para los ganadores era la muerte. Peor aún: que los vencedores luchaban por conseguir una muerte digna para entregarse como ofrenda a los dioses; no obstante, se trata sólo de una degeneración de las tradiciones prehispánicas.

El juego de pelota era concebido como una representación simbólica de la guerra. En ocasiones, el juego tomaba un aspecto ritual y entonces la vida de los perdedores estaba en riesgo. Esta noción aparece representada en el Popol-Vuh, libro sagrado de los mayas quichés, cuando los hermanos Hun-Hunahpú y a Vucub-Hunapú son derrotados y asesinados por los señores de Xibalbá, lo mismo que sus hijos gemelos, Hunahpú e Ixbalanque. 



“La conquista fue una lucha entre pueblos indígenas y españoles”


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Una visión simplista que se apoderó de la educación básica en México afirma que los españoles conquistaron a cada una de las civilizaciones prehispánicas; sin embargo, la caída de Tenochtitlán no habría sido posible sin las valiosas alianzas que Cortés y otros conquistadores pactaron con los pueblos sometidos por el poderío mexica.

En realidad, la Conquista de América responde al proceso histórico de acumulación originaria de capital, la expansión de un sistema económico (el capitalismo) a través del globo, que se llevó a cabo desde los centros de desarrollo hacia las periferias y trajo consigo el colonialismo, junto con el desarrollo de nuevas rutas de comercio y la exportación de materias primas.



“Azteca es sinónimo de mexica”


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A través del uso indiscriminado de ambos términos, la diferencia entre azteca y mexica se tornó invisible y las confusiones florecieron. En realidad, aztecas son todos aquellos pueblos que según la tradición nahua, partieron de la ciudad de Aztlán. El vocablo viene de “aztatecatl” –oriundo de Aztlán– y no fue utilizado por ningún pueblo nahua para identificarse; sino acuñado por los españoles para referirse a los habitantes de México-Tenochtitlán. La forma correcta de referirse a esta civilización es mexicas.



“Los mexicas fueron la sociedad más desarrollada de Mesoamérica”


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Las crónicas de Cortés no mienten cuando afirman su asombro hacia México-Tenochtitlán y la grandeza de la capital mexica, pero el poderío de esta civilización no necesariamente estaba acompañado de los logros culturales, en materia científica y de avances tecnológicos.

Es cierto que los mexicas mantenían una posición de dominio en todo el Valle de México y sus alrededores, y para la llegada de los españoles, eran el pueblo más poderoso de toda Mesoamérica; pero otras civilizaciones como los mayas e incas poseían un conocimiento más vasto de matemáticas, astronomía y arquitectura más desarrollado que el pueblo guerrero por excelencia.



Años antes de la llegada de Cortés a Cozumel, un navío español naufragó en la costa de Yucatán y dos hombres sobrevivieron. Conoce la historia de uno de ellos luego de leer “Gonzalo Guerrero, el español que se convirtió en maya y luchó contra los conquistadores“. Según la tradición mexica, años antes de la llegada de Cortés a Tenochtitlán, ocurrieron extraños fenómenos que alertaron a los pobladores de que una catástrofe estaba por llegar. Descubre de qué se trataron “Las 8 señales de Moctezuma que presagiaron el horror y la sangre de la conquista“.
 


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