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La mujer que Morrissey asesinó una y otra vez hasta enviarla al infierno

Es el verano de 1978. Un joven inquieto de Lancaster con tendencias depresivas ocupa el tiempo libre que le deja su alienante labor como burócrata del gobierno inglés en poesía y música. Con sólo 19 años, Steven Patrick Morrissey sueña con una carrera como crítico de música en la gris y fabril Manchester. Ha participado […]




Es el verano de 1978. Un joven inquieto de Lancaster con tendencias depresivas ocupa el tiempo libre que le deja su alienante labor como burócrata del gobierno inglés en poesía y música. Con sólo 19 años, Steven Patrick Morrissey sueña con una carrera como crítico de música en la gris y fabril Manchester. Ha participado en al menos dos proyectos, The Nosebleeds y Slaughter & The Dogs, que se evaporaron tan pronto como participó en ellos.

De forma análoga, Margaret Thatcher, la favorita del Partido Conservador para contender por el puesto de Primer Ministro, asesta un último golpe al laborismo inglés en septiembre, llamándolos gallinas por posponer las elecciones para el año próximo. Un mes antes, Morrissey conoce a Johnny Marr, un chico de apenas 14 años durante un concierto de Patti Smith en el Teatro Apolo de Manchester. Sin saberlo, tal encuentro habría de cambiar sus vidas. Tanto el triunfo conservador como el nacimiento de una banda de culto en los próximos años eran inminentes.

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Thatcher se convirtió en la Primera Ministra del Reino Unido en 1979 para iniciar una década turbulenta. Privatizaciones, el desmantelamiento de empresas propiedad del Estado, recortes en el gasto social y un dramático aumento de la desigualdad y polarización de clases marcaron sus primeras gestiones al frente de la isla.

En 1982, uno de los años que habría de marcar su mandato, nacía The Smiths mientras Inglaterra movilizaba miles de soldados hacia el Cono Sur en el instante más álgido de Thatcher al frente del Reino Unido, la Guerra de las Malvinas. Un joven Morrissey habría de guardarse su primera opinión sobre la ministra durante 33 años, misma que hizo pública en una misiva de 2015 en su visita más reciente a la Argentina:

“Esa matona de ego sobrecargado conocida como Margaret Thatcher. Usando orgullosamente la placa de la brutalidad, la matona Thatcher asesinó a varios jóvenes argentinos y le levantó el pulgar al mundo. A la destructora Thatcher no le importó que se perdieran vidas británicas o argentinas, y es sólo su menú de horrores lo que preserva su legado (…). Nunca habrá un monumento de Thatcher en pie en suelo británico, pues sería derribado en un instante por ser un símbolo del terror envenenado”.

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Esa sería la última declaración (hasta el momento) de más de tres décadas en que Morrissey decidió expresar una y otra vez el odio que sentía por Margaret Thatcher. Sin embargo, el desprecio del artista británico no podía expresarse de formas tan bajas como la guerra de Thatcher o los insultos sin sentido. Cuando The Smiths llegó a su fin, decidió que no había mejor forma de mostrar cuán despreciable le parecía la Primera Ministra que a través de la música. 

‘Viva Hate’ (1988) fue el primer material de estudio de Morrissey como solista. Además de contener el potencial creativo, sombrío y poético del músico británico, incluyó un mensaje directo para la política más odiada en la historia del Reino Unido: “Margaret on The Guillotine”, la décimotercera y última pista del álbum describía como “un maravilloso sueño” el día en que Thatcher muriera. No sólo eso, Morrissey también le pedía “muérete por favor” y cuestionaba sin cesar, “¿Cuándo morirás?”, en al menos cinco ocasiones.


El lanzamiento del álbum con el tema dedicado a la Primera Ministra habría de traer consecuencias negativas para Morrissey. Una vez que ‘Viva Hate’ se posicionó en el gusto del público, agentes de Scotland Yard decidieron seguir la pista del músico y conocer porqué su afrenta a la figura política. Rápidamente contactaron con su representante y el día menos pensado, tocaron a la puerta del otrora líder de The Smiths. 

Sorprendido, Morrissey accedió a la entrevista y frente a los cuestionamientos (que incluso llegaron a aseverar que el tema podría tratarse de un delito de Seguridad Nacional por hablar del sarcástico y divertido deseo de ver morir a Thatcher), respondió que sólo había escrito una canción que representaba el sueño maravilloso de la gente decente. Sin comprender del todo, los oficiales abandonaron la casa del artista y dejaron que el tiempo le diera la razón.

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La ofensiva de Morrissey se mantuvo en pie y respondía cuestionamientos sobre Thatcher cada que era necesario. Finalmente, Margaret dejó el cargo después de un intenso movimiento social en 1990, con la carrera del músico en franco ascenso. Después de su desaparición pública, la conservadora vivió bajo las sombras de su legado hasta el 8 de abril de 2013, cuando falleció de un accidente cerebrovascular.

No obstante, Morrissey -como el resto de la población inglesa- no olvidó los estragos que el gobierno de Thatcher causó en el Reino Unido, sobre todo en las clases menos favorecidas y los de a pie, que soportaron el embate a través de su política económica. Un día después de su deceso, el autor de “Suedehead” escribió una carta abierta sobre su sentir en el instante, donde dejó clara la postura que caracterizó su antipatía hacia la “Dama de Hierro”: 

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Thatcher es recordada como la Dama de Hierro solamente porque poseía características completamente negativas, como su permanente tozudez y su incapacidad de escuchar a los demás (…). Cada movimiento que hacía estaba cargado de negatividad: destruyó la industria manufacturera británica, odiaba a los mineros, odiaba las artes, odiaba a los luchadores de la libertad irlandeses y los dejó morir, odiaba a los ingleses pobres y no hizo nada por ayudarles…”


Se trató de la gesta de un músico genuino y la percepción de la desigualdad. Un artista que no se alineó y mantiene posturas tan polémicas como críticas, pero siempre auténticas. Se trató de la historia de la mujer que Morrissey asesinó una y otra vez en canciones, declaraciones y sueños, y no descanso hasta verla en el infierno.


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Referencias

The Guardian
El Mundo



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