Museo Nacional de San Carlos, una urdimbre de arte e historia - Cultura Colectiva Museo Nacional de San Carlos, una urdimbre de arte e historia

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Museo Nacional de San Carlos, una urdimbre de arte e historia

Yazmín Mondragón MendozaAna Leticia Carpizo GonzálezEl Museo Nacional de San Carlos se ubica en la Avenida de Puente de Alvarado al comienzo del centro histórico de la ciudad de México. Se distingue por ser uno de los edificios emblemáticos de estilo neoclásico de principios del siglo XIX. El palacio, obra del arquitecto valenciano Manuel Tolsá, […]


Yazmín Mondragón Mendoza
Ana Leticia Carpizo González


El Museo Nacional de San Carlos se ubica en la Avenida de Puente de Alvarado al comienzo del centro histórico de la ciudad de México. Se distingue por ser uno de los edificios emblemáticos de estilo neoclásico de principios del siglo XIX. El palacio, obra del arquitecto valenciano Manuel Tolsá, se suma al trabajo memorable de sus obras, tales como el Palacio de Minería, las cúpulas de la Catedral Metropolitana, y la estatua  ecuestre de Carlos IV mejor conocido como “el caballito”, piezas que resaltan por su belleza en la gran urbe mexicana.

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A finales del siglo XVIII la segunda marquesa de Selva Nevada, María Josefa Rodríguez de Pinillos y Gómez de Bárcena, heredera del título nobiliario otorgado por Carlos III de España, encargó al arquitecto Tolsá, prestigiado director de la Academia de San Carlos, la construcción de un palacete en honor a su hijo,  José Gutiérrez del Rivero Pinillos y Gómez, Conde de Buenavista, quien desafortunadamente murió por hemofilia antes de poder habitar su casa.


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Tiempo después la segunda Marquesa de Selva Nevada, abatida por la muerte de su hijo, se retiró a la vida conventual. En un comienzo vivió en una celda privada, diseñada por Tolsá, y cuyo estatuto religioso pertenecía al convento Regina Porta Coeli, en pleno centro del Distrito Federal y que actualmente forma parte de las instalaciones de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Finalmente la Marquesa se trasladó a Querétaro con el nombre de Sor María Antonia de los Dolores, al convento de las Teresas de la orden de las Carmelitas Descalzas, donde falleció en el año de 1813.

El palacete de Puente de Alvarado fungió en el siglo XIX como casa de la tercera Marquesa de Selva Nevada, María de la Soledad Gutiérrez del Rivero y Rodríguez, además de albergar a diferentes familias con títulos nobiliarios y personajes de la escena política, como el Tercer Conde de Regla, Pedro Romero de Terreros, el presidente Antonio López de Santa Anna y el Mariscal francés Francisco Aquiles Bazaine. Incluso Alejandro de Humboldt en su estadía por la ciudad refirió lo siguiente en su narrativa sobre la Nueva España:

 “Varios arquitectos mexicanos… han construido recientemente dos grandes edificios de personas principales, uno de los cuales, que está en el barrio de la Tlaxpana, presenta en el interior del patio un hermosísimo peristilo ovalado y con columnas pareadas”.[1]

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Museo Nacional 

Diversas convulsiones políticas y leyendas abrazan al Palacio de Puente de Alvarado, cuya avenida debe su nombre a que en época de la conquista, los ejércitos español y tlaxcalteca retiraron sus tropas después de la matanza del Templo Mayor.  Frente a lo que es hoy es el Templo de San Hipólito, infinidad de cadáveres obstruían el foso, y Pedro de Alvarado, apresurado huía a pie porque habían matado a su yegua alazana. De acuerdo a la crónica de Luis González Obregón, Alvarado encontró una viga que al ser apoyada en los cadáveres sirvió como puente para atravesar la acequia y ponerse a salvo de los mexicas que le perseguían con furia.

En pleno siglo XX el uso habitación de la nobleza cambió a oficinas y taller de la Tabacalera Mexicana, institución que heredará su nombre a la colonia que alberga al Palacio Tolsá, fue incluso sede de la primera representación diplomática del Reino Unido en México entre 1823 y 1827, a cargo de Sir Henry George Ward. La familia Iturbe Beistegui, dueños en aquel momento del predio, cambió el uso de habitación palaciega para arrendar la neoclásica propiedad a la Tabacalera Mexicana, Secretaría de Comunicaciones y Escuela Nacional Preparatoria número 4. Finalmente la familia Iturbe Beistegui fraccionó en 1937 los últimos terrenos aledaños al Palacete neoclásico para que en 1939 el Sr. Agustín von Schulzenberg fuera el último dueño particular del inmueble, quien al morir intestado permitió al gobierno tomar posesión del mismo y lo declararlo  Monumento Nacional.

Es en 1968 cuando el edificio fue restaurado y adaptado para convertirse en el Museo Nacional de San Carlos que tendría la función de resguardar uno de los más importantes acervos de arte europeo en Latinoamérica, integrado por obras de la más alta factura desde el siglo XIV a principios del siglo XX. Destacan una serie de tablas del alto gótico catalán, ejemplares invaluables del renacimiento alemán del siglo XV, el manierismo italiano del artista Jacopo Carucci, El Pontormo, el barroco de Francisco de Zurbarán, maestros flamencos del siglo XVII como Peter Paul Rubens y el incomparable Iluminismo de Joaquín Sorolla a principios del siglo XX.


Museo Nacional


Este conjunto de joyas artísticas fue puesto al alcance del público mexicano con la intención de difundir y preservar el acervo heredado de las colecciones de Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos de la Nueva España, aunado a la serie de obras adquiridas durante la coyuntura porfiriana en las exposiciones universales, la donación de obra de la Secretaría de Hacienda en los años veinte, la destacada colección Pani y aportaciones y comodatos de particulares suman páginas remarcables de la historia del arte. Esta incomparable pieza arquitectónica se yergue en el bullicio citadino y espera al visitante, para adentrarlo en las delicias del mejor arte europeo que se ofrece en el país y permitirle a la vez un descanso en el agitado camino de la urbe.


Museo Nacional

 

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Referencia:

[1] Alejandro de Humboldt, Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España. Tomo II, Libro Tercero, Capítulo VIII, México, Editorial Pedro Robredo, 1941, p. 194. 

 

Enfocado a la difusión de arte europeo de los siglos XIV al XX.

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