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Señales de que no extrañas a tu pareja sino a la persona que eras cuando estabas con ella

Soñaba contigo, según mi memoria, casi todos los días. Vestida de novia, desnuda sobre la cama y abrazada a tu cuello, riéndome frente a tu sonrisa retorcida y mirándote desde lejos mientras jugueteabas con otra mujer; así es como me veía en los sueños que protagonizabas. Le conté de ti y la forma en que me terminaste […]




Soñaba contigo, según mi memoria, casi todos los días. Vestida de novia, desnuda sobre la cama y abrazada a tu cuello, riéndome frente a tu sonrisa retorcida y mirándote desde lejos mientras jugueteabas con otra mujer; así es como me veía en los sueños que protagonizabas. Le conté de ti y la forma en que me terminaste a todos y cada uno de mis amigos, mis conocidos también se aprendieron tu nombre pues no había día en el que no apareciera en alguna plática o reunión casual. Reordené nuestra carpeta de fotografías más de tres veces, primero las separé por fechas, después por importancia y luego decidí hacer un compilado de buenos momentos y otro de malas experiencias. ¿Sabes cuál se llevó la mayoría de nuestras imágenes? La de los días tristes…

Después de que la carpeta, que titulé como “las peleas más horribles“, guardó el 70 % de nuestras fotografías, comencé a preguntarme si extrañarte tanto valía la pena. La respuesta aún no la tengo clara, pero sí sé algo con seguridad: lo que me hace sollozar todas las noches (sobre todo los domingos en la madrugada) no es tu ausencia, sino el recuerdo de mí misma cuando estaba contigo.

no extranas a tu ex risco

Me di cuenta de que no te extrañaba por lo “dulce” que eras conmigo, sino por lo tierna que descubrí que puedo ser cuando me enamoro. Tampoco me duelen los momentos que ya no tenemos, sino la forma en que las risas del comienzo de nuestra relación se convirtieron en malas palabras, silencios incómodos y gritos hirientes. 

Me extraño bailando frente a ti, buscando tus labios con ansia, riendo, rozando tu nariz y durmiendo sobre tu pecho, pero no echo de menos tu presencia. Me gustaría tener conmigo la emoción que me causaba un mensaje tuyo, la tranquilidad de saberme protegida por ti y el gusto de sentirme acompañada, aunque no me encantaría que hoy fueras tú quien tomara mi mano.

no extranas a tu ex rosa

Intento recordar los detalles de tu tono de voz, de tus huellas sobre mi piel y de tu olor a mi alrededor, entonces me percato de que no extraño nada de eso, más bien anhelo cómo todo eso me alejaba de la soledad. Sin embargo, hoy la valoro (a la soledad), hasta creo que la admiro, pues es incondicional y siempre me acompaña en total paz. Ella es noble y no me juzga, no como tú lo hacías; ella se detiene antes de señalarme algo hiriente sobre mi forma de ser y no intenta subestimar mis palabras. Así que no, cuando estoy recostada sobre mi cama junto a la soledad, no te extraño como imaginé que lo haría.

no extranas a tu ex

Recuerdo las veces que fui capaz de sacrificar todo lo que me gusta y –en general– lo que soy, sólo para complacer tus deseos. Aunque extraño estar motivada por un sentimiento tan poderoso como el amor, jamás quiero volver a obsesionarme con la idea de un romance utópico. Dejar de extrañarte va de la mano con empezar a liberarme, aunque nunca lo sepas y jamás me preguntes, puede que algún día deje de soñar contigo y, sobre todo, comenzaré a imaginarme un futuro sin ti a mi lado.

no extranas a tu ex coche

A pesar de lo difícil que es aceptarlo, hoy sé que no te extraño a ti, sino a la persona que era cuando estaba contigo, porque:

He dejado de buscarte en cada rostro, lugar y sensación, ahora sólo me importa volverme a encontrar todos los días.

no extranas a tu ex ventana

Ya no planeo mi rutina o fin de semana con el afán de toparme contigo, sino con el objetivo de disfrutar la vida –al igual que lo hacía contigo– con mis amigos, familia y mi soledad.

Ahora no espero que me busques pidiéndome otra oportunidad, sino que el destino me ponga en el camino nuevas posibilidades. 

no extranas a tu ex montana

Lee otras cartas sobre desamor, recuerdos y las etapas del duelo en: “La carta que te explica por qué, aunque te amo, no puedo estar contigo” y “Carta al amor de mi vida: lo que olvidé decirte”.


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