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Significado de las 5 obras más enigmáticas de Remedios Varo

Pero echarse al agua a nadar y no querer al mismo tiempomojarse la ropa, esto, Gerardo, es imposible.—Remedios VaroEn esa frase se resume y refleja la valentía de una mujer que siempre pintó a través de su intuición, el mundo esotérico que la rodeaba. Sólo alguien como Remedios Varo fue capaz de unir varios mundos en un solo lienzo, de concebirlo […]



Pero echarse al agua a nadar y no querer al mismo tiempo
mojarse la ropa, esto, Gerardo, es imposible.

—Remedios Varo


En esa frase se resume y refleja la valentía de una mujer que siempre pintó a través de su intuición, el mundo esotérico que la rodeaba. Sólo alguien como Remedios Varo fue capaz de unir varios mundos en un solo lienzo, de concebirlo todo desde la magia de su voluntad artística y de encontrar sistemas planetarios –y sus respectivos efectos– en todo lo que tenía frente a ella.

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“Visita inesperada” (1958)

La enigmática surrealista viajó a través de lo que creó con su brocha. Plasmó su alma en los trazos de sus cuadros y dejó parte de su indescifrable, pero inconfundible, misticismo en cada una de sus pinturas. Para Varo la coalición de dos mundos, uno que todos aseguramos comprender y otro que sólo pocos llegan a conocer, fue la única manera en la que sus sueños e ideas pudieron ser materializados antes de que su inspiración explotara dentro de su mente ingeniosa, libre y creativa.

Quienes admiran su trabajo conocen los temas a los que la pintora española, naturalizada mexicana, recurría con constancia: ciencias, arquetipos psicoanalíticos, la Tierra y su origen, el espacio y su infinidad,  y todo lo que nos conecta con ello. Sin embargo, desmenuzar los elementos de sus pinturas va más allá de un análisis estético; una parte de su obra pertenece a una corriente basada en la experimentación artística –el surrealismo– pero otra es el conjunto de sus sueños lúcidos, de sus vivencias fantásticas y de su indiscutible capacidad para convertir lo ordinario en enigmático.

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“Llegué a México buscando la paz que no había encontrado, ni en España –la de la revolución– ni en Europa– la de la terrible contienda–, para mí era imposible pintar entre tanta inquietud”.


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“Ruptura” (1955)

Con esa frase podemos partir para definir una pequeña parte de lo que Remedios quiso reflejar en su obra. “Ruptura”, cuadro que terminó en 1955, es el inicio un viaje que la española emprendió para escapar de las estructuras restrictivas que limitaban a la mujer de la época. Ella, o un ser que la representa, se encuentra dándole la espalda a una figura geométrica, perfecta y casi condicionante. Ésta representa aquel sistema en el que a la pintora le fue imposible encontrar el equilibrio que siempre necesitó para dejar bailar su pincel al ritmo de su creatividad. 

Bajando las escaleras encapuchada y con las manos asegurándose una a la otra, ella huye de todo lo establecido, se aleja de esas convenciones que le impiden liberar su pensamiento. Mientras da un paso, su mirada se dirige hacia los papeles que escapan por una puerta entreabierta que no sugiere nada; esto significa que sólo Remedios y esas ideas en forma de palabras sobre papel, son lo único que se atreve a salir de ahí, a cruzar los límites y a buscar la inspiración faltante. Sobre ella se encuentran las miradas expectantes de quienes deja atrás, no es necesario que la pintora los detalle demasiado para darnos cuenta de que permanecen inmóviles, cobardes y perplejos; tal vez orgullosos o celosos de la hazaña de esta valiente viajera. 

La postura del personaje principal es un tanto etérea; como en la mayoría de sus pinturas, el misterio hace su aparición envuelto en una capa, debajo de un disfraz que espera con ansias ser revelado. Los colores en la obra de Remedios siempre han sido los protagonistas de su interpretación; en este caso, el rojizo y el sepia sugieren un atardecer, un día casi concluso. Así que podemos suponer que ella se prepara para cerrar un ciclo e iniciar otro.

El movimiento surrealista y sus exponentes siempre se identificaron con ese quehacer para encontrar lo novedoso e inexplorado en todo, tanto en lo que los inspiraba como en lo que creaban. Así, Remedios Varo continúa integrando en su arte elementos que parecen inalcanzables; por ejemplo, el máximo saber, la genialidad o la imaginación infinita. “Ciencia inútil o El Alquimista” es el nombre de la obra en la que la pintora comprueba, una vez más, que el encanto de sus cuadros está en la importancia que le da a los detalles más inesperados. 

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“Ciencia inútil o El Alquimista” (1958)

Su pincel creaba máquinas magnas y artilugios inexistentes con los que no sólo configuraba los distintos planos de sus piezas, sino con los que comunicaba la complejidad de las mismas. Tal vez su fascinación por estos artefactos se debe a que su padre se dedicaba a la ingeniería; sea cual sea la razón, en este cuadro Varo propone un proceso de purificación para un líquido vital. Una vez más, el origen de la vida y su evolución interfiere en su pintura, la cual es protagonizada por un personaje que hace girar la manivela de este sofisticado mecanismo. Esta misma figura se funde con el ambiente, pues sobre él tiene una capa con el mismo patrón que posee el suelo del lugar; así es como Remedios representaba la verdadera sabiduría, aquella que se basa en la experiencia, reflexión y unificación.

A pesar de que las texturas y la combinación del fondo son diversas, todas se complementan. Pareciera que el exterior y el interior son uno mismo, pues así es como la pintora siempre intentó explorar el mundo: como un conjunto de realidades que no se repelan sino se atraen entre sí.

Para la también escritora, siempre fue fácil encontrar esta relación entre la materia y lo intangible. Sus ojos encontraban el reflejo de cualquier elemento sobre otro y eso lo plasmó en “Reflejo Lunar”. Esta pintura trata sobre el misterio y la belleza cotizada de los cuerpos celestes. La luna y las estrellas son transformadas en geometría terrenal en su pintura, más nunca son despojadas de la energía y el movimiento que las caracteriza.

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“Reflejo Lunar” (1957)

Un personaje a los lejos, tal vez la misma Remedios, posa desnudo, con las extremidades abiertas y una postura repleta de sorpresa en una esquina. Mitad oculta detrás de la naturaleza y mitad asombrada por la perfección cósmica, Varo se representa incrédula y un tanto infantil ante aquello que influenció toda su infancia y, por lo tanto, su carrera como artista: la ciencia y el Universo. Ella colgó su imaginación de ambas ramas; siempre comparó la bastedad de una estrella con el alcance de la imaginación y de ese símil surgieron obras de iluminación casi romántica y paisaje incomparable, como la del lago devorando el reflejo de la luna en el firmamento.

La luna fue un elemento icónico en la vida y obra de Remedios, tanto como para cazarla con su red y encerrarla en una jaula de pájaros. Por lo menos así lo muestra “Cazadora de Astros”, pintura en la que su autora aparece con un abrigo confeccionado con andrajos luminosos, casi astrales y los ojos redondos, aunque esta vez no se trata de sorpresa, sino de la insoportable sensación que le provoca ver su luna apresada. 

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“Cazadora de Astros” (1956)

Todo en estas pinceladas es una metáfora, su ropa –que casi la devora– es el cúmulo de fragmentos oscuros y brillantes sobre su pasado y sus sueños. Por otro lado, el hueco en su pecho, formado por los pliegues de su majestuoso y peligroso abrigo, es el resultado de su pensamiento apresado, su creatividad atada y sus escasas oportunidades de idealizar. Ella misma, quien interpreta a la cazadora, ha enjaulado su pensar y sentir onírico por alguna razón. 

Es evidente que la obra de Varo es tétrica y no sólo por las tonalidades y los rasgos empleados, sino por las temáticas que expresa. Ella siempre utilizó su incesante búsqueda de la libertad para impregnar fuerza en todas sus pinceladas, pero también influenció su arte a través de las limitantes que la persiguieron toda su vida. De hecho, otra de las interpretaciones que se le da a esta pintura se relacionan con la represión sexual. En el centro del cuadro los pliegues de la tela de la arropa y el hueco negro que le descubre el pecho, se asemejan a los labios de una vagina; por lo que alrededor de esta pieza gira la teoría de que esta virtuosa también se sentía enclaustrada por las normas que la sociedad imponía en cuanto a la sexualidad y el placer.

Para la pintora, el placer realmente jamás llegó del reconocimiento de su trabajo o de la estabilidad que encontró en México después de huir de España a causa de la Guerra Civil y posteriormente de la II Guerra Mundial. La máxima satisfacción de Varo fue encontrar, durante esos viajes físicos, artísticos y oníricos, la espiritualidad que siempre anheló para sentirse en equilibrio y armonía con su alrededor. 

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La culminación de su estabilidad, arte y su vida misma, se manifestó como “Naturaleza Muerta Resucitando”. Este cuadro fue su última aportación pictórica, por lo tanto, su discurso final. A través de él la artista vuelve a representar la restricción de la libertad a la que el ser humano siempre se ha acoplado. La mesa en el centro de un marco gótico y sólido, parte de un castillo medieval sombrío, refleja aquella limitación que ejerce la materia sobre el hombre. Sin embargo, como en todas sus pinturas existe la posibilidad exitosa de escapar de esa realidad ordenada: la vela en el centro, misma que parece equilibrar con su luz y calor todo a su alrededor, es la energía de la que tanto se valía Varo para mantener –aún tras el encierro simbólico– todos los planetas de su sistema en movimiento. Los elementos que ella ocupa para representar cada satélite son platos y frutos en levitación, los cuales parecen enérgicos, pero también furiosos.

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“Naturaleza Muerta Resucitando” (1963)

Por otro lado, se ha analizado esta última pintura como la predicción de su propia muerte. Se dice que esa llama es Remedios convertida en un alma de fuego, energía y libertad; capaz de trascender hacia otros mundos en cualquier forma o estado, es decir, a punto de morir. En el centro, encendida y haciendo girar todo a su alrededor, así es como Varo se sentía; esa vela la representa y nos confirma cómo es que logró alcanzar un estado de pureza total a través de su arte y del surrealismo en su vida. 

En esta última pieza todo fluye poderosamente y aunque hay elementos que remiten a su pasado, como la mesa del centro en la que durante su infancia disfruto de comidas, juegos y conversaciones con su familia, también se presentan rasgos de una transmutación irremediable. Remedios Varo dejó de buscar su libertad, porque se convirtió en ella. 

“Puedes ir de acá para allá, pero mientras tú no estés bien, nada de lo que te rodea lo estará”.
–Remedios Varo


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Referencias: 

Proyecto Clío



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