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Pezones, dedos y labios que salpican lujuria y provocan placer

No soportaba más, así que di rienda suelta a apagar el ardor de mis entrañas cuando terminé de leer “El amante de Lady Chatterley”… Frases dentro de ésta me hicieron sentir como si tuviera un infierno entre las piernas: “Somos libres de hablar con cualquiera; así que, ¿por qué no vamos a ser libres de hacer […]



No soportaba más, así que di rienda suelta a apagar el ardor de mis entrañas cuando terminé de leer “El amante de Lady Chatterley”… Frases dentro de ésta me hicieron sentir como si tuviera un infierno entre las piernas: “Somos libres de hablar con cualquiera; así que, ¿por qué no vamos a ser libres de hacer el amor con cualquier mujer que nos incline a ello?”.

Pensé: si podemos tener la libertad de elegir nuestra ropa, nuestra carrera universitaria, nuestros alimentos, una película en el cine, ¿por qué no elegir al sexo como una vía de escape, como una declaración de libertad? ¿Por qué no tener un encuentro erótico y amoroso donde exploremos nuestras fantasías y todo lo que deseamos sentir? Ante todo quiero ser dueña de mi vida y mis decisiones, eso incluye la forma en la que experimento el placer.

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Hace poco conocí a un hombre diez años mayor que yo, en casa de una amiga. Tras varias rondas de bebidas y tres horas de conversación, me fui a su departamento. Jamás lo voy a olvidar, lo monté como a nadie en mi vida. En medio de las sábanas empapadas y sobre condones tirados a un lado de la cama, me descubrí gritando mientras su pene entraba y salía de mí: “¡Fuerte, más fuerte… mátame… y dame como… ¡ah!… como a nadie en tu vida!”.

Me sentía presa de un frenesí absoluto, jamás me había concebido tan hinchada de gozo, tan desbordante de placer. Era verdad que en mi interior ardía un infierno con mil demonios susurrándome al oído todo tipo de ideas sexuales. ¿La prosa de D. H. Lawrence en realidad era lo que había desatado en mí esta ola de magnetismo erótico? ¿Acaso años y años de represión apenas estallaban y mi instinto me ordenaba comportarme así para que mi mente y cuerpo se liberaran por primera vez?

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Volví a verlo una semana después. En los días intermedios me dediqué a ver “Ninfomanía” de Lars von Trier. Sé que se puede catalogar de pretenciosa e incluso aburrida, pero necesitaba algo que me ayudara a no perder la cabeza ante la idea de no tenerlo dentro de mí durante cinco días. Cuando finalmente nos vimos, los chorros de su esencia al final de sus orgasmos me indicaban, con alivio, que no había estado con nadie más esa semana. Él esperaba por mí y eso aumentaba mi excitación. Sus dedos alrededor de mis pezones, sobre mis nalgas buscando con avidez mi clítoris, me hacían deshacerme en gritos y suspiros.

Estaba sedienta de su saliva, él también parecía tener un apetito feroz por tomarme, tocarme y hacerme sentir la dueña del Universo. Su departamento pronto se volvió mi segundo hogar. Teníamos sexo en todos lados: en su cama, en la regadera, en los sillones, en la alfombra de la sala. En la terraza de su balcón en plena madrugada, sobre la mesa después de comer.

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Decidí comenzar a dibujar cada encuentro para inmortalizar de una manera diferente lo que había nacido entre nosotros. Nuestros cuerpos eran mi nuevo motivo de adoración. La manera en que su lengua se paseaba por mis pezones, la forma en que yo tomaba su pene y lo acariciaba, eran indicadores de que habíamos forjado una nueva religión: el culto al sexo, la alquimia del orgasmo.

Mis pezones, mis labios y mis dedos eran suyos. No podía pensar en otra cosa que no fuera él en mí, yo sobre él, él llenando mis espacios, yo pidiendo ser ultrajada por él… Trabajar en la oficina se volvió una misión imposible; la computadora no me decía nada, los papeles para llenar eran puras idioteces. Las juntas eran un parloteo incesante que sólo me llevaba a imaginar sus dedos en mi y los trazos de lo que dibujaría llegando a casa.

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Estoy completamente loca por él. Ni Lady Chatterley experimentó lo que yo siento ahora. Soy una mujer salpicada de las deliciosas bendiciones del placer carnal. Mi cuerpo es su motivo de adoración y su semen es la nueva bebida que calma mi sed. En definitiva estoy encadenada a su corazón y sobre todo a su cuerpo.

En las noches sueño con su rostro.

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La ilustraciones que inspiraron este relato pertenecen la artista conocida como Eromática, quien a través de dedos, pezones y labios estilizados nos transporta de maneras tan deliciosas como peligrosas por un mundo de sexo, placer y fluidos.

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Explora estas explícitas ilustraciones para detonar el placer más intenso. Déjate conducir a un mundo de completo erotismo con estas imágenes sexuales, difícil verlas sin sentirlas.

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Las imágenes han sido tomadas de la cuenta de Instagram Eremítica.

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