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Placer, excesos y poder en 12 fotografías de una generación a la que hubiéramos querido pertenecer

Miradas fijas que imponen, mandan; sus dueños saben que son grandes y gobiernan la escena. La lente los toma y nosotros los admiramos. Sus rostros son lo que recordaremos como íconos de ciertos años y determinadas disciplinas. Nadie se escapa de un ojo tan preparado como el de Terry O’Neill. Él dibuja con su cámara […]





Miradas fijas que imponen, mandan; sus dueños saben que son grandes y gobiernan la escena. La lente los toma y nosotros los admiramos. Sus rostros son lo que recordaremos como íconos de ciertos años y determinadas disciplinas. Nadie se escapa de un ojo tan preparado como el de Terry O’Neill. Él dibuja con su cámara los rostros de Amy Winehouse, Bridget Bardot y David Bowie haciéndolos pertenecer a una misma época. Los tres parecen haber salido del mismo espacio y lugar aunque en realidad hayan vivido en diferentes contextos.

Desde principios de los 60, cuando la mujer comenzaba a tener identidad propia, O’Neill ha dejado en nuestro repertorio cultural, tomas inolvidables, icónicas y muy específicas que construyeron en gran medida el imaginario colectivo en el que nos desarrollamos, ¿por qué? El fotógrafo resulta ser el artista que acompañó a las celebridades más importantes desde la década del hippismo hasta la actualidad. Su amplia trayectoria siguió de cerca las peripecias, los buenos y malos momentos de personalidades del mundo del cine, la música y el pop, en general.

fotografias de terry oneill actrices


Con la idea de ser un  reconocido músico, llegó a Estados Unidos, cuando sin poder evitarlo, tomó una fotografía al Secretario de Relaciones Exteriores británico quien dormía plácidamente en el aeropuerto de Londres. Un periódico compró la imagen y O’Neill le dijo adiós al sueño de ser músico y le dio la bienvenida a una de sus más grandes pasiones: la fotografía.

Testigo de momentos únicos, retrató a  Marlene Dietrich  al dar su último concierto, de igual manera, la última foto de Romy Schneider se la adjudica él y durante treinta años fue la sombra de Frank Sinatra. Como fanático de la música conoció y amistó de cerca con los Rolling Stones y los Beatles, luego conoció a Elton John a quién a lo largo de cuatro décadas siguió de cerca ayudándolo incluso a sobresalir en la música, él fue quién lo descubrió y lo llevó con los productores quienes le dieron un contrato que incluía al fotógrafo, por supuesto, era O’Neill. Sus piezas se publicaron nada más y nada menos que en Vogue. Pocas celebridades musicales salían en la revista de moda más tirana del mundo; sin embargo, Elton John ocupaba algunas de sus páginas siendo un joven recién nacido en la industria musical.

fotografias de terry oneill musicos 

Así, se dedicó a cazar los rostros más expresivos y menos disfrazados de actores como Robert De Niro, Al Pacino, Robert Redford y Marlon Brando. Tiene en su haber las más míticas fotografías de David Bowie y logró capturar la esencia inocente que escondía Amy Winehouse. Tuvo el privilegio de fotografiar a todos los James Bond que han existido y considera a Sean Connery el hombre más masculino al que pudo fotografiar.

Sus capturas emiten algo más que fama y poder, la esencia natural de los retratados se hace presente, pero con un aire majestuoso, mismo que O’Neill les permitía tener con la confianza que les brindaba. Él los seguía pero no les hablaba, eso le permitía atraparlos en estados naturales, nunca los forzó a posar con falsedad. Si bien tomaban una pose, les nacía desde lo más íntimo de su ser y eso lo hacía más humano.

fotografias de teery oneill actores

Siempre en retratos o en la cotidianidad de los días, las fotos de Terry O’Neill se muestran pulcras y con un significado que va mucho más allá del ícono en sí. Es decir, podemos ver a David Bowie, pero la pose, los elementos, el maquillaje, todo en conjunto hacen del discurso un poderoso mensaje que dicta que Bowie es una estrella, la más grande. Él era un hombre fuera de lo común y el ojo detrás de la cámara sabía cómo enaltecer el poderío del músico. Así pasaba con todas y cada una de las estrellas retratadas.

A su vez, ellos sabían agradecerle con más de un shoot, sabían que sus rostros quedarían inmortalizados por la mejor visión fotográfica, O’Neill. Así, el hombre con sueños musicales fallidos no se paraba en cualquier concierto ni tampoco iba a cualquier set de cine. Solamente los grandes tuvieron la oportunidad de atravesar su óptica, quedándose en un papel para siempre y como si eso no fuera suficiente, se quedaron también en nuestra memoria colectiva en la que somos testigos ajenos de una época completamente distinta, pero con la que compartimos algo en especifico: la admiración por el trabajo de Terry O’Neil.

fotografias de teery oneill musicos 

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Con trabajos de moda que van más allá de mostrar ropa, los fotógrafos demuestran que ésta puede ser un arte que pocos pueden realizar, así como el erotismo. Pocos fotógrafos se atreven a capturar esta esencia ya que sigue siendo un tabú sexual muy imponente.

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Referencia

Telegraph
Artsy
Artnet




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