'Pregúntale a Alicia' y otros títulos para temerle a las drogas y al ocultismo - Cultura Colectiva

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‘Pregúntale a Alicia’ y otros títulos para temerle a las drogas y al ocultismo

Pregúntale a Alicia, creo que ella sabrá…«Sigue al conejo blanco».Alicia camina detrás de él corriendo. «Se hace tarde, se hace tarde» repite el animal, mientras la niña lo persigue, hasta que ambos caen en su hoyo y la aventura comienza…Grace Slick de Jefferson Airplane pensaba que “Alicia en el País de las Maravillas”, escrito por Lewis […]

Pregúntale a Alicia, creo que ella sabrá…

«Sigue al conejo blanco».

Alicia camina detrás de él corriendo. «Se hace tarde, se hace tarde» repite el animal, mientras la niña lo persigue, hasta que ambos caen en su hoyo y la aventura comienza…

Grace Slick de Jefferson Airplane pensaba que “Alicia en el País de las Maravillas”, escrito por Lewis Carroll, era una metáfora ideal para hablar sobre drogas, así que la usó en su canción ‘White Rabbit’. Según esta, el peludo animal es la curiosidad invitando sutilmente a que lo sigamos y el pozo que lleva hacia Wonderland es el camino que tomamos cuando experimentamos con múltiples sustancias. La banda psicodélica creó un tema que se convirtió en un himno para los amantes de la locura en forma de estupefacientes. La frase más importante de toda la composición se convirtió en un símbolo para los junkies alrededor del mundo: «Go Ask Alice»(Ve y pregúntale a Alicia) cómo es la locura, el sufrimiento y la adrenalina de entrar en el mundo de las drogas y los placeres seculares que los enviarán hacia el infierno.

La icónica frase se convirtió en el título de un famoso libro que llegó a la juventud norteamericana con la historia de una joven, llamada de la misma forma que la protagonista de Wonderland, quién cayó en su propio hoyo del conejo y narró todas sus experiencias con las drogas en su diario. De acuerdo con un artículo de The Guardian, el libro causó una serie de despertares en los adolescentes: mientras que algunos comenzaron a generar interés en las drogas y en las experiencias surrealistas que presentaba Alicia, otros leían su vida con miedo; notaban que su adicción avanzaba a niveles inesperados. En una página probaba la marihuana y a las 30 hojas ya estaba experimentando con heroína. De hecho, su problema se hizo tan fuerte que el diario no cuenta con un final, termina súbitamente, la joven murió.

El libro fue prohibido en algunos lugares por describir a detalle las experiencias de drogas, glorificando el consumo, pero también fue popularizado entre las comunidades religiosas antiadicciones, porque retrataba un lado oscuro que casi no se veía en la literatura.

Durante un tiempo las personas pensaron en Alicia como una especie de Ana Frank, tenían su vida entre sus manos en forma de libro. Sin embargo, había un problema… Alicia nunca existió. Fue el invento de una mujer religiosa cuyo propósito era asustar a la juventud, alejarlos de las adicciones y acercarlos a la Iglesia. El engaño de la adolescente era sólo el primero en una serie de libros (escritos por ella) que se encargarían de satanizar y exagerar cualquier actividad mal vista por la religión. ¿Su nombre?…

Beatrice Sparks

Sparks nació en 1917 en Idaho pero se crío en Utah, uno de los centros más grandes de mormones en Estados Unidos y se sabe muy poco sobre su trasfondo. La periodista Aleen Pace Nielsen, quien realizó una exhaustiva investigación sobre la mujer, afirma que comenzó a trabajar como terapeuta musical en la Universidad de California en Los Ángeles y en la Brigham Young University, pero nunca se pudieron comprobar sus logros académicos. Aunque aseguraba tener un doctorado, no logró confirmarlo y siempre ofrecía respuestas vagas cuando hablaba sobre su carrera.

Sin embargo, lo anterior no la detuvo para comenzar una prolífica carrera en la literatura, la cual comenzó con “Pregúntale a Alicia”. La mujer afirmó que había descubierto el diario de la adolescente y que se había decidido a editarlo para publicarlo como forma de concientizar a la juventud, pero nunca pudo comprobar que había sido legítimo. Asimismo, el libro era claramente una pieza de propaganda religiosa por la forma en que lidiaba con la adicción y cómo se olvidaba de los otros aspectos que conforman la vida de una adolescente; el amor, las amistades e incluso los chismes. Alicia era una adicta ficticia, más exagerada que Renton de “Trainspotting” o los personajes de “Requiem for a Dream”, ambos personajes con un trasfondos más realista.



Al poco tiempo de que se reveló la falsa autoría de “Pregúntale a Alicia” el libro comenzó a integrar la leyenda «Esta es una obra de ficción» en todas sus ediciones y fue señalado como una burla hacia la drogadicción. Algo similar a lo que sucedió con el filme “Reefer Madness”, el cual presentaba escenarios absurdos vinculados con el consumo de marihuana y afirmaba que fumarla podía convertir a una persona en un psicópata.

Ocultismo, drogas y mormonismo

Otro de los casos relevantes en los que Sparks fue señalada como una autora fraudulenta sucedió cuando la familia de un joven que se había suicidado en 1971 le proporcionó su diario con la esperanza de que lo publicara y creara conciencia sobre actividades de satanismo, un tema que le interesaban al adolescente. La mujer prometió crear la obra, sin embargo, sólo tomó unas cuantas entradas del documento y añadió una serie de descripciones que sugerían que el chico estaba más involucrado en actividades de ocultismo, lo cual fue desmentido por sus padres.

Sparks continuó su carrera creando libros sensacionalistas utilizando su talento como falsa adolescente durante décadas, hasta que falleció en 2012. Aunque podría decirse que la mujer no dejó un legado relevante en la literatura, «Pregúntale a Alicia» tuvo un efecto profundo en la conciencia de millones de jóvenes. Aunque estaba pensado en alejarlos de las drogas, algunos se sintieron atraídos por el tema, especialmente por la forma tan simple en que estaba narrado.

Hace aproximadamente 10 años, leí “Pregúntale a Alicia” como parte de una temprana fascinación por las adicciones y, puedo decir que, en lo personal, no me sentí aterrado por lo que leía. Hasta ese punto había visto y leído “Trainspotting” y “Requiém for a Dream”, así que –aunque estaba consciente del peligro que conllevaba el consumo de sustancias– el satanismo con el que fue tratado en el libro de Sparks, me hizo acercarme a las drogas con aún más curiosidad. Recuerdo poner ‘White Rabbit’ en algún punto de mi adolescencia y recordar el libro con risa, pues perseguí al conejo blanco y tengo la suerte de no haber perdido la cabeza a manos de la Reina de Corazones.

Está de más decirlo, pero Beatrice Sparks fracasó en su misión.

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Referencias

The Toast
Bustle
The Guardian

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