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¿Qué es tu reloj biológico y por qué ignorarlo puede llevarte a la muerte?

A pesar de que no estás del todo consciente, sabes que algo anda mal cuando te levantas súbitamente para ir a trabajar y aún no amanece, cuando luchas contra el sueño a altas horas de la noche porque debes terminar con algún pendiente o después de una larga noche de fiesta cuando te pesa más el desvelo […]




A pesar de que no estás del todo consciente, sabes que algo anda mal cuando te levantas súbitamente para ir a trabajar y aún no amanece, cuando luchas contra el sueño a altas horas de la noche porque debes terminar con algún pendiente o después de una larga noche de fiesta cuando te pesa más el desvelo que el alcohol que ingeriste. 

Intuyes que el mejor momento para estudiar para un examen es la tarde anterior y no la madrugada, porque la falta de concentración te puede pasar factura. Conoces a tu organismo y sabes que debes evitar una comida copiosa antes de manejar o llevar a cabo una actividad que requiera el grueso de tu atención durante las horas siguientes, porque es muy probable que caigas rendido por el sueño.

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Sabes todo esto porque aún sin pensarlo y desde el principio de tu existencia, has aprendido a reconocer las señales que envía tu cuerpo sobre su funcionamiento y cómo varía a lo largo de un día: se trata del reloj biológico, un ciclo que debes atender para mantener tu salud física y mental.


El reloj biológico y la evolución


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La evolución y el desarrollo cerebral de los humanos es el rasgo cardinal de esta especie. A través de un intrincado proceso de miles de millones de años, hemos adquirido conciencia, el conocimiento de la existencia propia. Una característica que nos permite ir más allá de los instintos primarios que guían a los animales y al resto de los seres vivos que coexisten en el planeta, aun cuando en ocasiones, tal comportamiento pueda resultar contraproducente.

El caso más significativo es el reloj biológico. Determinado a través de las condiciones planetarias (de un día y una noche, un periodo de rotación de 24 horas, un ciclo lunar que influye poderosamente en la Tierra y cuatro estaciones anuales), el largo camino de la vida para desarrollar organismos multicelulares con funciones complejas lo fue todo, excepto fácil. La evolución tuvo que avanzar a través de acierto y error durante millones de años para crear organismos que respondieran favorablemente a tal entorno, adaptándose al medio dispuesto para subsistir. El reloj biológico es resultado de ello.

No obstante, no se trata de un solo reloj o ciclo, sino de distintos mecanismos que llevan un ritmo de la forma en que los seres vivos deben actuar y desarrollarse en la Tierra. El más notorio, tanto por su duración como sus efectos, es el ciclo circadiano: se trata del conjunto de procesos biológicos a distintos niveles que producen una variación metabólica como respuesta a las condiciones del medio, especialmente la hora del día.


El ritmo circadiano humano


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Para su estudio, el ritmo circadiano de nuestra especie se ha dividido en ocho fases, según la evidencia experimental de los cambios observados a lo largo de las 24 horas del día. A saber:


Estado de reposo
(00:00 a 02:59)

Es el instante en que el cuerpo humano se va desconectando de a poco dispuesto a descansar. La atención disminuye y el cuerpo se relaja mientras el cerebro procesa un subidón de melatonina, la hormona del sueño. La luz natural se ha ido hace algunas horas y las funciones orgánicas se reducen al mínimo para dormir.



Sueño profundo
(03:00 a 05:59)

Es la etapa más importante para el descanso del organismo. El cerebro procesa y fija los recuerdos, al tiempo que se produce la fase de MOR (movimiento ocular rápido) del sueño, la más vívida. El tono muscular disminuye y la temperatura corporal también, mientras la melatonina llega a su punto más alto.



Momento de despertar
(06:00 a 08:59)

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La salida del Sol y la luz que emana ayudan a disminuir el nivel de melatonina preparando al cuerpo para un nuevo día. Las funciones corporales se reanudan poco a poco, especialmente la actividad intestinal. La temperatura corporal vuelve a la normalidad y la presión arterial está en su nivel máximo.



Estado de alerta
(09:00 a 11:59)

Es el mejor momento del día para concentrarte a fondo y retener todo lo que aprendes con mejor capacidad. Los niveles de cortisol aumentan dramáticamente, favoreciendo tu atención al máximo. El sueño ha quedado atrás y el cerebro está en su fase más lúcida.



Siesta biológica
(12:00 a 14:59)

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En teoría, el cuerpo habrá exigido un primer alimento durante el estado de alerta pasado, situación que se refleja en un aumento de la actividad gástrica e intestinal, que provocan un déficit en los niveles de alerta, además de posible somnolencia y falta de energía mientras se procesa el desayuno en el organismo.



Energía a tope
(15:00 a 18:59)

Se considera el mejor momento del día para hacer ejercicio, porque los nutrientes ya han sido metabolizados y el tono muscular crece significativamente en comparación con la etapa de sueño profundo. El organismo exige una actividad física que desafíe el vigoroso funcionamiento de los pulmones y el corazón en este momento.



Reducción primaria
(18:00 a 20:59)

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Después del momento más álgido del día, el organismo entra en una fase de pasividad donde las actividades deben limitarse a pensamientos creativos, de intuición y planificación. El aparto digestivo detiene una vez más su ritmo y las comidas copiosas pueden causar obesidad con más facilidad en este instante del día, aunque el hígado metaboliza mejor el alcohol durante esta etapa.



Listo para dormir
(21:00 a 23:59)

Finalmente, el cuerpo entra en un estado de relajación, obedecido por la reducción de luz una vez que se marchó el Sol y el estímulo de la glándula pineal mediante la liberación de melatonina. Es momento de olvidarse de la luz artificial, especialmente de dispositivos electrónicos y dedicarse a leer, planificar el día siguiente o mantener una conversación ligera antes de dormir.


El riesgo de ignorar el reloj biológico


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El frenético ritmo de vida moderno, guiado por la inmediatez y la velocidad con que se ejecuta cada acto, provoca con frecuencia la omisión del reloj biológico y la resistencia ante las señales que a lo largo del día, emite el organismo en busca de seguir con sus funciones naturales.

El riesgo de ignorar los cambios metabólicos, hormonales y endocrinos, especialmente la falta de descanso, motivada por rutinas que involucran despertarse antes de que salga el Sol e irse a la cama con aparatos eléctricos o dormir más allá de la fase del estado de reposo, acarrean graves repercusiones a la salud como la propensión a desarrollar diabetes, el aumento de peso, facilidad para contraer infecciones, mal humor y falta de concentración.

No sólo eso: algunas visiones más rigurosas afirman que desobedecer al reloj biológico también acarrea trastornos más graves como deterioro del ADN traducido en envejecimiento más rápido o propensión a desarrollar una enfermedad crónica. Después de todo, ignorar olímpicamente un mecanismo desarrollado por medio de la evolución para nuestra subsistencia, nunca será una buena idea.


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Referencias

Science Daily
BBC



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