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Recuerdos que me gustaría guardar antes de que te vayas

Pensemos en la vida hace cien años. Suena a algo sumamente lejano; sin embargo, todo lo que se hizo en el pasado es nuestra herencia. Cuesta trabajo creer que entre miles de galaxias, estrellas o planetas existamos nosotros, seres conscientes y únicos, conviviendo, hablando, pensando, jugando, creando planes y verdaderos proyectos de vida para lograr […]




Pensemos en la vida hace cien años. Suena a algo sumamente lejano; sin embargo, todo lo que se hizo en el pasado es nuestra herencia. Cuesta trabajo creer que entre miles de galaxias, estrellas o planetas existamos nosotros, seres conscientes y únicos, conviviendo, hablando, pensando, jugando, creando planes y verdaderos proyectos de vida para lograr ser felices: enamorándonos. 

Algún día soñé con encontrar a una persona entre miles de seres humanos y galaxias. Alguien a la que le gustara lo mismo que a mí o siquiera tuviéramos algo en común. Una melodía –por ejemplo– que definiera toda nuestra historia sin la necesidad de conocernos. Mirarnos un día cualquiera, hablar y empezar a crear planes, ésos que van implícitos e involucran un mar de sentimientos. Sí, algún día pensé que encontrar al amor de mi vida era imposible hasta que te cruzaste y mágicamente el universo hizo que nuestros ojos coincidieran frente a frente. 


Entre muchas generaciones nos tocó vivir en la más efímera, donde las relaciones no duran, se gastan y al final se quiebran, pero hay una cuestión importante:
¿El amor ha muerto? ¿El romance se ha ido? ¿Acaso ya no nos motiva estar con alguien toda la vida? Quizá nací con la mentalidad de un niño, pero prefiero eso a tener que olvidar cada momento contigo. Recordaré el primer instante como si fuera el último y lo pondré donde se merece: en mis logros y en todo aquello que me hace feliz. Antes de que te vayas, sabrás que en mi memoria caminarás por siempre. Mis momentos y los tuyos, nuestros momentos.




Aquellas charlas  

En cada charla se crea una historia sin fin y en las primeras conversaciones descubrimos cuáles son nuestras motivaciones, adicciones y sueños. Miles de ideas en una caminata larga, en una primera cita, pero sobre todo, muchos sentimientos y opiniones construyen algo más grande que nosotros.

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Esos momentos incómodos

Nervios y expresiones a medias. Como si hubiéramos sido un trabalenguas humano, nos quebramos la cabeza intentando aparentar estar seguros, pero la primera vez que conocí a tus padres el miedo era incontrolable. No obstante, jamás olvidaré esos –clásicos– silencios incómodos cuando apenas te conocía. 

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Soñar y viajar

Cómo no recordar cuando éramos jóvenes estudiantes sin dinero y veíamos una película donde el personaje principal siempre se la pasaba viajando y decíamos “quiero ser como él”. Maduramos juntos y crecimos para alcanzar nuestros sueños y planes; viajar y conocer el mundo estaba en nuestras manos, lo logramos.  

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Las películas a las que nos hicimos adictos

Cada que íbamos al cine aprovechábamos la oportunidad de meternos a un nuevo universo. Nos convertimos en adictos a las películas y a historias cliché, originales y de fantasía. Pero no sólo era eso, también reíamos, nos abrazábamos y comíamos a reventar. 

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Canciones que cantamos juntos

Teníamos nuestra canción favorita y llegamos a dedicarnos alguna. Fuimos a conciertos y cantamos mientras nos tomábamos de la mano. También soporté tus gustos culposos y tú los míos, escuchaste mi voz y yo la tuya. Jamás podría hacer un soundtrack de todo lo que viví a tu lado porque aún no existen suficientes canciones.

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Cuando nos odiamos y luego nos amamos

Pasamos por miles de discusiones. Un gesto, una palabra o alguna malinterpretación hicieron de algo insignificante un drama incontrolable, pero salimos de ese abismo y logramos perdonarnos. No puedo recordar la primera vez que peleamos, pero si aquella donde nos reconciliamos y volvimos a ser felices. 


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El día que cocinamos y fracasamos intentándolo 

Creímos que podríamos ser chefs y crear un platillo especial; sin embargo, fracasamos en encontrar nuestro lado más gourmet y preferimos regresar a lo básico: los antojitos. Preparamos un sándwich con esmero y al final le untamos mermelada para darle un gran sabor. No fue nuestra mejor receta, pero fue uno de los sabores culinarios más hermosos que tuvimos. 

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Todas las promesas

Prometiste estar a mi lado cuando más lo necesitaba y en momentos tristes te vi tomando mi mano, al tiempo que soltabas una broma atrevida que siempre me sacaba una sonrisa. Mi promesa fue mantenerte en mi mente por siempre, recordarte y hacerte saber que estarías ahí sin importar en qué lugar me encontrara. 

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El planeta Tierra gira alrededor del Sol en un año y tú y yo volveremos a estar juntos en nuestra memoria, en la eternidad. Por eso hay que recordar cada momento de nuestra vida, ya sea amoroso o doloroso, pero nunca malo. Algunos incluso –como aquellos donde cocinamos– pueden ser únicos, ese día la mermelada Smuckers fue nuestra aliada y el sabor fue totalmente original, supimos que no necesitábamos ser chefs y que lo único que importaba era estar juntos.

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Recordar que todos los momentos son más ricos con Smuckers es y será un elemento que necesitamos en nuestra vida. Hay que jugar y soñar con ser forjadores de nuestro destino y por supuesto, de todo aquello que nos mueve y diferencia entre miles de estrellas, galaxias y planetas. Los recuerdos nos permiten revivir esos momentos. 



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