Sin más que decir ni menos que esperar que la puñalada en la garganta del adiós | Cultura Colectiva - Cultura Colectiva

Reciente

Sin más que decir ni menos que esperar que la puñalada en la garganta del adiós

El relato que se presenta a continuación, escrito por Enrique Ocampo, autor del libro Salto de fe; debe ser leído con el tema “Draw Your Swords”, de Angus & Julia Stone. Dale play y disfruta del flujo inminente de las letras.Medianoche de espadasQue Neruda me perdone por los versos más tristes de todas las noches.Que […]



El relato que se presenta a continuación, escrito por Enrique Ocampo, autor del libro Salto de fe; debe ser leído con el tema “Draw Your Swords”, de Angus & Julia Stone. Dale play y disfruta del flujo inminente de las letras.





Medianoche de espadas

Que Neruda me perdone por los versos más tristes de todas las noches.

Que tú me perdones por la mentira, en esta medianoche tan agonizante que ya poco tiene de media y de noche, con esta espada que es solo empuñadura y con este yo que no se siente como yo.

La veo bajar de entre las nubes, que ni cúmulo de nada, ni cirro de todo, ni estrato ni nimbo de nosotros, parece más un ventarrón opaco y amenazante. De entre las no nubes se acerca a mí y me mira sin verme y me quiere sin querer y me sonríe sin reír. Qué poco y qué tanto se siente la fría lluvia sobre mi cara, como un oxímoron meteorológico y poético y furioso y apagado y apático y pasional y ya cansado de que, cuando se va la poesía, todos lo tachan de contradicción mundana. I feel like a fool; fool me once, fool me twice, fool me always. Fulminantemente tonto, pero caprichosamente esnob de las palabras y el clima y la falsedad.


ansiedad hombre


No me queda nada por dar porque no me queda nada que perder. Ni dando y dando, ni pájaro en mano, ni cien ni diez ni mil volando. ¿Qué le puedes decir a quien le diste todo? Y, en el juego de perder, siempre fui el más ganador. No es autocompasión, que es un privilegio reservado sólo para los moribundos ni es falsa humildad, que es la eterna maldición —¿o bendición?— de los mediocres. Sólo soy realista y real y realidad y realeza, porque, sin nada por dar ni nada que perder, puedo ser todo y nada

¡Ven, amor! ¡Saca tus espadas! Tu siempre confiable as de espadas y mi más-siempre-de-lo-conveniente rey de copas siempre hicieron una buena mano. La misma mano que ahora empuña tu espada, mi alma y nuestra realidad: ¡lánzame al suelo!

¿Eres mía? ¿Yo soy tuyo? Let’s not fuck around. Around and around and around and around and… fuck. ¿Mía? Missing In Action, como el soldado que se pierde porque se encuentra a sí mismo. ¿Tuyo? Tu yo, que se fue a la guerra de la nostalgia y acabó sin espada, ni medalla, ni general, ni cuartel, ni ton ni son, sonata, sonidos, sonetos, son of a bitch.

Porque tú eres la única. Porque estuvimos y fuimos y que estemos o seamos siempre fue el cuento de siempre empezar. Tú –no se necesita otra palabra. Eres la nube y la espada y la lluvia y el casi todo que dar y el casi nada que perder. La… lánzame al suelo. Única como virtud, pero también como maldición: tan única que sé que no podría recuperarte nunca.

Veo a las serpientes salir de la tierra: ahorcan hasta mis huesos. Serpientes de Eva, tierra de nadie: tierra de todos, huesos decrépitos, esqueletos reminiscentes del fulgor del amor sencillo y las estrofas complicadas y mi yo tan asustado y tu tú tan valiente. Me ahorcas y me ahorcan con el nudo tejido y enmarañado de la incertidumbre. Me ahorcan, pero me liberan.


tristeza hombre


Me atan a su silla de madera: ¿Sentarse? Los que nacimos de pie nos morimos de pie, en la madera o la resina, con ataduras o con plumas y cantos y vientos y un millón volando. Aquí están todas mis canciones; junto con mis poemas, ya parece que Nervo escribió mi autobiografía. Yo como las naciones venturosas: con ejemplos, con mujer honrada, pero sin historia, porque nunca me ha sucedido nada. Adiviné el ritmo y la armonía antes de los años mozos de las golondrinas de Bécquer, que ni con balcón y tapias anidan, porque ya están muertas en la almohada de Sabina.

¡Ah, qué golondrinas!

¡Ven, amor! ¡Saca tus espadas! Sin más que decir ni menos que esperar que la puñalada en la garganta del adiós.

¿Eres mía? ¿Yo soy tuyo? Let’s. Not. Fuck. Around.
‘cause you are the only one.

Que me perdones tú por la verdad. Que si algo me perdonas, sea siempre la verdad.

Y que me perdone Neruda porque ninguno es el último dolor que ella me causa y ningunos los últimos versos que yo le escribo.

***

Pase lo que pase, no hay motivos para decaer en función de lo que dictan nuestros instintos primordiales. La felicidad y la tristeza son una dualidad amplia que se complementan. No es preciso desistir. Hay que avivar el fuego interno que calcina el inevitable y hermoso final de los amoríos que te hicieron quien eres.

Comenta