Sol LeWitt, las dimensiones del cuadrado

 ”La idea se convierte en una máquina que hace arte”.Un artista camaleónico que se involucra, participa, define y redefine muchas corrientes artísticas. Normalmente se le relaciona con el minimalismo, con el arte conceptual y las instalaciones. Un pilar indiscutible del arte contemporáneo, que independientemente de la etiqueta que se le ponga, es necesario conocer su […]

 ”La idea se convierte en una máquina que hace arte”.

Un artista camaleónico que se involucra, participa, define y redefine muchas corrientes artísticas. Normalmente se le relaciona con el minimalismo, con el arte conceptual y las instalaciones. Un pilar indiscutible del arte contemporáneo, que independientemente de la etiqueta que se le ponga, es necesario conocer su obra para plantearse un panorama completo de las vanguardias y del arte en sí.

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Sol LeWitt es un artista norteamericano nacido en 1928 en Hartford, Nueva York, de ascendencia judía rusa y con un pasado inmigrante como la mayoría de los artistas “Americanos” del siglo XX. Nacido entre las Guerras Mundiales, en el boom del American Dream y la depresión del 29, recepcionista nocturno en el MoMA y por si fuera poco, soldado activo en la guerra Corea.  Definitivamente tuvo una juventud muy movida.

Se gradúa en Fine Arts de la universidad de  Syracuse y al poco tiempo emprende un viaje a Europa donde conoce a los grandes maestros y las vanguardias del momento, del grupo De Stijil, del constructivismo y la Bauhaus, lo cual sería una gran definición en su estilo formal. Comienza su carrea profesional como diseñador gráfico en la revista Seventeen Magazine, y con el arquitecto M. Pei donde nacería su interés por las estructuras tridimensionales.

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Los primeros años de su trabajo (los cincuentas) pasan sin pena ni gloria para ser francos, es a principios de los sesenta con el  afán de buscar un estilo nuevo de hacer arte que redefiniría su lenguaje hasta convertirse en el artista que hoy celebramos.

“Hacer tabula rasa en el arte y volver a empezar desde cero, recrear el arte, empezando por el propio cuadrado”.

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Conceptualiza entonces las estructuras, entendidas como esculturas tridimensionales con una fuerte carga minimalista. Utilizando estrictas formas geométricas de diversos colores, usando el cubo como la unidad básica de trabajo.

Su propuesta se puede clasificar en dos categorías básicas, las bidimensionales y las tridimensionales. Las primeras conocidas como wall drawings principalmente murales con composiciones geométricas básicas con colores básicos amarillo, rojo, azul y gris, que eran aplicados de forma directa en la pared con movimientos circulares en capas transparentes. En muchas ocasiones eran piezas efímeras que morían junto con el final de la exposición.

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“Reducción del lenguaje pictórico y escultórico hasta lograr las formas más básicas, como los cuadrados, las esferas y los triángulos, muchos de ellas estampadas en murales inmensos llenos de colores primarios”. [1]

La segunda variante parte del cubo, o la repetición de cubos, como unidad básica de trabajo en algunos casos intervenidos por patrones geométricos sencillos. Es quizá por esta razón que se asocia su obra al minimalismo, formalmente podrían ser minimalistas, conceptualmente definitivamente no.

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“La combinación de la forma geométrica del cuadrado en sus obras (miles de cuadrados convertidos en cubos y en “estructuras”) tenía que ver con los experimentos de la Bauhaus, con las matemáticas, con los avances de la ciencia de la época (la lingüística, especialmente), pero también con el arte y la expresión personal de LeWitt.”[2]

En 1962 influenciado por la fotografía secuencial de Eadweard Muybridge comienza a formalizar su estilo. La figura geométrica se convierte en el elemento básico de las composiciones, idea un sistema serial, creando piezas en las que las partes ocultas pueden inferirse a partir de los elementos vistos, siguiendo una secuencia regular de intervalos y proyecciones que producen en el espectador una sensación de orden y rigor matemático.

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Otra de sus fuertes influencias conceptuales corresponde al reduccionismo lingüístico de Ferdinand de Saussure el cual diferenciaba los conceptos mentales de las palabras. El concepto y la idea son diferentes. El primero implica una dirección general mientras que el segundo es el componente propio del primero. 

A partir de ambas estructuras de pensamiento, en 1969 desarrolla de manifiesto[3] de 35 puntos que sería el fundamento del arte conceptual. Pocos artistas de las vanguardias se tomaron la molestia de enlistar los fundamentos de su arte, lo cual nos da la certeza que hay trabajo detrás de lo que hacen y no solo son ocurrencias de un domingo soleado cualquiera.

“La idea es el todo y el objeto es tan sólo un artefacto que acaba modelando a la propia idea. La ejecución es un asunto superficial”. Bajo esta premisa y siguiendo la senda anticipada por el irreverente Marcel Duchamp, LeWitt, quien provenía del minimalismo formal, abrazó el arte conceptual llevándolo a su máxima expresión”.

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Quizá la mayor aportación a la historia del arte por parte de nuestro artista es el concepto del valor de la idea como obra de arte. Que sería el motor del arte conceptual y de artistas como Joseph Kosuth, Piero Manzoni, Yoko Ono, Jasper Johns o Robert Rauschenberg.

Parte de la convicción de que la idea primigenia que sustenta una obra es más importante que el resultado mismo. Sostenía que al igual que la música, sus piezas podrían ser representadas por cualquiera de forma mejor o peor que el artista pero que eso no lo hacía perder su valor.

Fiel a sus ideas era la antítesis del artista rockstar. Siempre ponía la obra por encima de la persona, rechazó varios premios y casi no daba entrevistas, siempre optó por el perfil bajo en aras del reconocimiento de la obra más que del artista.

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Algunos críticos se burlaban al respecto ya que algunas veces Sol Lewitt viajaba a ver sus exposiciones ya montadas para ver cómo había quedado su obra. La realidad es que muchas veces el sólo realizaba el boceto y su equipo de trabajo se encargaba del montaje. Muchas veces resultando una obra distinta a lo que él había pensado.

Este tema da para mucha discusión. Es uno de los puntos débiles de la crítica hacia muchos artistas odiados/amados como Damian Hirst o el mismo Warhol, que la gente critica hasta qué punto el objeto final es de ellos o del ejército de becarios que los ejecutan.

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El tema del hand made es motivo de sobrecosto incluso en accesorios de uso diario como la ropa o el calzado. “hecho a mano en Italia” por citar un ejemplo. La realidad es que en la mayoría de las artes desde tiempos inmemorables han tenido ayuda de equipos de trabajo. Sería difícil de creer que Miguel Ángel manipulaba sólo los enormes bloques de mármol.

Para saber en qué medida el objeto artístico es el producto único y fidedigno del artista es muy complicado de determinar. Creo que es más honesto el planteamiento de Sol Lewitt donde apuesta por la idea genial más que por el resultado final. A fin de cuentas el objeto material solo es el resultado del proceso creativo, el testimonio viviente del momento creativo.


[1] Del arte minimalista al arte conceptual.

[2] Op Cita.

[3] First published in 0-9 (New York), 1969, and Art-Language (England), May 1969.

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