Texto por Oscar Picazo Martínez
En 1835, el estado de Texas declaró su Independencia de los Estados Unidos Mexicanos para posteriormente anexarse a los Estados Unidos de América, razón por la cual esta nación continuó su expansión territorial hacia el Sur. México, por su parte, estaba en una clara desventaja, ya que desde su declaración de Independencia en 1810 no había dejado de haber luchas internas en el país. Fue hasta 1846 cuando la conflagración se agravió, pues las tropas norteamericanas se enfrentaron a los hombres del general Anastasio Torrejón, al norte del Río Bravo, para así comenzar con su invasión.
Foto: Wikimedia Commons
Entre las tropas norteamericanas se encontraban varios inmigrantes de origen europeo, principalmente de Irlanda, quienes dejaron su patria para buscar una vida mejor, pero que al profesar la religión católica se vieron discriminados debido a que los estadounidenses son protestantes. Uno de esos hombres fue el teniente John O’Reiley, quien al ver los abusos por parte de sus compañeros desertó junto con un grupo de hombres y se adentraron más hacia el territorio.
Nadie sabe cuál fue su motivación realmente, pero se especula que las acciones de O’Reiley fueron el detonante para que los soldados extranjeros que luchaban por los Estados Unidos desertaran y que más tarde se anexaran al Ejército Mexicano. Con una bandera verde, bajo la frase “Irlanda por siempre”, y como escudo el arpa y su santo patrono San Patricio, fue que se bautizó a esta unidad de artillería como ‘San Patricios’, la cual luchó mano a mano con las tropas del coronel José López Uraga, en Monterrey, y después se enfrentarían a los invasores en el Puerto de la Angostura, Coahuila, y en Cerro Gordo, Veracruz.
Foto: Wikimedia Commons.
Un año después, en 1847, el batallón contaría con la presencia de 800 hombres que habrían abandonado al ejercito norteamericano. El presidente Antonio López de Santana Anna convirtió entonces a los ‘San Patricios’ en un batallón de infantería, serían ellos los encargados de defender la capital en la llamada batalla de Churubusco, cuyo desenlace llevó a que los desertores fueran condenados a la horca.
Se dice que a los hombres de John O’Reiley, y aquellos que se anexaron a los mexicanos antes de declararse en guerra, se les perdonó la vida, pero fueron obligados a trabajos forzados y marcados con la letra “D” de desertor en la mejilla. De John O’Reiley, quien fue registrado como Juan Reley al anexarse al Ejército en México, sólo se sabe que falleció en 1860. Desde entonces, la historia del Batallón de San Patricio sigue contándose y se rinde homenaje a estos mal llamados “héroes sin patria”, que el folclor mexicano se ha dedicado a inmortalizar en canciones, monumentos y conmemoraciones como los días 12 de septiembre y 17 de marzo en las cercanías del Exconvento de Churubusco.
Foto: Captura del video “La historia desconocida de el batallon de San Patricio en Mexico”.
La solidaridad entre ambas naciones ha llevado a que exista una relación bilateral entre ambos países, destaca por ejemplo que el Gobierno de México regalo una escultura conmemorativa al Gobierno irlandés en 2004, misma que fue colocada en el pueblo de Clifden, lugar que vio nacer a O´Reiley.
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Foto: El gran por qué
En portada: Miembros del 7mo Batallón de fusileros preparándose para abandonar las Barracas Reales de Dublin en 1915. Foto: National Museum of Ireland.
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