El cine mexicano tuvo su mayor auge durante los años cuarenta y cincuenta, periodo conocido como la “época de oro”. Fue durante esta etapa cuando México realmente tuvo una industria cinematográfica con bases solidas, produciendo películas a un ritmo inigualable, y generando frutos de su producción que alcanzaron muchos lugares y festivales alrededor del mundo. Nombres como los de Emilio “el Indio” Fernández, Roberto Gavaldón e Ismael Rodríguez resonaban no sólo como los mejores directores mexicanos, sino también los mejores de toda Latinoamérica en ese tiempo. Durante estas dos décadas, el cine mexicano era famoso por sus melodramas, en los cuales muchos actores la hicieron también de cantantes. Este hecho despegó las carreras de muchos artistas mexicanos tanto en la industria cinematográfica como en la musical. Actores como Pedro Infante y Jorge Negrete ganaron fama internacional al cantar en sus películas, y su música ha permanecido como un elemento de gran relevancia en la cultura pop mexicana.

Pedro Infante (1917-1957)
La mayoría de estos filmes, incluso cuando contaban con argumentos extremadamente dramáticos, siempre fueron llevados a cabo de una manera muy suave y convencional. Luis Buñuel fue una de las muy pocas excepciones con algunos de sus filmes como Los Olvidados (1950) y El Ángel Exterminador (1962); el director español-mexicano exploraba temáticas más oscuras y controversiales, realizados con una visión más cruda de lo habitual. A finales de los años sesenta, México sufrió una fuerte decadencia en su industria y cultura cinematográfica, dando un giro extremo a su producción fílmica. El cine de “ficheras” empezó a producirse y pretendía llegar a una audiencia diferente. Sus temas caían en lo grotesco a través de argumentos pornográficos, mayormente centrados en cabarets como locaciones y prostitutas como personajes, dando como resultado el declive de México en el panorama internacional de cine de renombre. Curiosamente, muchas celebridades nacionales de la actualidad llegaron a la fama gracias a esta época del cine mexicano. No fue hasta finales de los noventa que México empezó a llamar nuevamente la atención en el panorama internacional desde la “época de oro”. Alejandro González Iñárritu rompió en el universo del séptimo arte a comienzos del nuevo milenio con su opera prima Amores Perros (2000). La esencia y energía del debut de Iñárritu era algo diferente a cualquier otra cosa antes hecha en la historia del cine mexicano: el estilo del cineasta consistía en tomas a cámara en mano en vez de planos estabilizados con la ayuda de un tripie o Dolly, brindándole al filme una sensación más realista, más natural y más tangible, casi documentalista. Con el apoyo de un guión detalladamente construido por Guillermo Arriaga, conocido como el maestro de la narrativa no lineal, Iñárritu recreó una atmósfera realista de elementos dramáticos que se convertiría en su firma personal que bien plasmaría en sus siguiente películas.
Arriaga e Iñárritu se dieron cuenta del exitoso resultado proveniente de su colaboración; esto motivó a la pareja a la realización de otros dos filmes antes de decidir partir por diferentes rumbos. 21 Gramos (2003) fue el segundo proyecto de Iñárritu, y el primero en ser producido por un estudio Hollywoodense. El resultado fue otra vez favorable, gracias a la combinación del ya descubierto estilo innovador del director y a un fresco reparto de renombre que consistía en actores de talla grande, tales como Sean Penn, Benicio Del Toro y Naomi Watts, todos ellos grandes celebridades de la meca del cine.

Babel (2006) fue el siguiente y último filme de la mancuerna Iñárritu-Arriaga. El tercer proyecto de la pareja terminó siendo el más premiado en su tiempo, contando una vez más con una narrativa no lineal, pero en esta ocasión combinando no sólo tres historias, sino cuatro países, culturas e idiomas. Babel recibió siete nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Director, causando una catarsis nacional, y otorgó a Iñárritu el premio a Mejor Director en la edición 59 del Festival de Cannes, siendo el primer mexicano en recibir dicho reconocimiento.
La mirada realista de Iñárritu se traduce en la pantalla gracias a la fotografía de Rodrigo Prieto, cinematógrafo de cabecera en la filmografía del director. La música del cine de Iñárritu, escrita y conducida por el compositor argentino Gustavo Santaolalla, siempre carga en sí el tono acertadamente depresivo que encaja de manera perfecta con el ambiente de las historias que el cineasta pretende contar. Para su último filme, Iñárritu hizo un cambio radical en su estilo. Birdman or (the Unexpected Virtue of Ignorance) [2014] encontró su lugar como una de las mejores películas (sino es que la mejor) del año en que se estrenó, así como una de las ejecuciones del plano secuencia más impresionante de todos los tiempos, curiosamente realizada por un cinematógrafo diferente al colaborador usual, pero excepcional como él mismo: el mexicano Emmanuel “el chivo” Lubezki.
Birdman or (the Unexpected Virtue of Ignorance) sigue la historia de Riggan (interpretado por un sorprendente Michael Keaton), una celebridad en crisis existencial quien, después de haberse hecho de muchísima fama al encarnar a un superhéroe en sus mejores años, busca desesperadamente el reconocimiento perdido al intentar debutar en Broadway con una obra de teatro que él mismo adapta, dirige y estelariza. Existen muchas razones por las cuales alabar Birdman or (the Unexpected Virtue of Ignorance), tanto en cuestiones técnicas como narrativas. Por una parte, Iñárritu optó por un enfoque muy ambicioso para la realización de esta película; llevó el guión a la pantalla (una vez más, escrito por él mismo, sus colaboradores de Biutiful y Alexander Dinelaris como nuevo elemento) de manera que toda la cinta aparenta ser una sola toma. Lubezki es elemento clave para este logro. También, Birdman or (the Unexpected Virtue of Ignorance) es el primer intento de Iñárritu dentro de otro género cinematográfico que no sea el drama realista que tanto lo caracteriza: la comedia negra.


