Con un gemido de mujer libre
Adulto

Con un gemido de mujer libre

Avatar of Fernando Angel Lara

Por: Fernando Angel Lara

3 de mayo, 2016

Adulto Con un gemido de mujer libre
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Por: Fernando Angel Lara

3 de mayo, 2016




Cuento erotico

Elisa se levantó temprano esa mañana, se bañó y se puso las bragas más simples que encontró, incluso tenían un agujero en la nalga izquierda.
Pensó… ¿brasier o sin brasier? Meditó unos minutos sobre el lugar al que iría: viernes en la noche, sí; no lucía muy emocionada, pues un amigo que trataba de quedar bien con ella, (no sabía si quiera tener sexo o impresionarla y quererla de novia para después tener sexo) la había invitado a un evento, y no estaba segura de las intenciones que escondía en su entrepierna, o bajo su pecho, y lo último que quería era darle falsas señales de cualquier tipo, “¡Hombres!” -pensó ella- “se les para con una mirada y creen que te cogerán cuando les agarras la mano, se las tocas o la rozas. Sí, definitivamente con brasier”.

 
 Se acomodó el cabello para atrás, su largo cabello lacio y rojo; simplemente pasar el peine entre los hilos colorados era como peinar el fuego, domarlo y ser uno con el elemento que, o destruye o crea. Con sólo una pasada con el peine y algunas gotitas de agua quedó perfecta, un short de mezclilla roto de las orillas y una blusa negra con la espalda deshilachada, le dio el toque simple y desaliñado que tanto le gustaba y que lograba sin esforzarse.

 Los labios quedaron de un intenso color rojo que obliga a cualquiera a querer besarlos, hombre o mujer.

 Llegó al lugar, la música aturdía, era buen rock, así que no importaba el volumen; en una esquina una mujer le hacía una paja a su hombre, en otra un caballero metía las manos debajo de la blusa de su acompañante acariciándole los senos en una expresión de éxtasis por parte de la dama.  Elisa sintió que había sido invitada a una orgía. En fracciones de segundos le pasó por su mente imágenes relámpago de ella teniendo sexo con su amigo. "¡A la chingada!" se dijo,  dio la vuelta para huir lo antes posible pero él, estaba detrás de ella.

 -Llegaste.

 Lo normal, un chico de cabello corto, playera de moda, estilo punk, pantalones apretados, cadenas de cinturón, tenis. No estaba mal, pero era ropa y nada más. No le interesaba lo que estaba debajo de eso.

  -¿A qué horas tocas tú? –preguntó Elisa por compromiso.

  -Yo no toco en ninguna banda, soy el organizador, sin mi nada de esto sería posible. Aquí yo soy el César y tú mi Cleopatra; lo que quieras que te consiga sólo pídemelo. No gastarás en nada.

 Propuesta inmediatamente rechazada. Después del saludo, Elisa fue a la azotea, el señor “César” estaba ocupado atendiendo a la gente que llegaba, regodeándose de lo que sus manos e intelecto narcisista -sin mencionar haber rogado por el lugar y arrastrarse ante las bandas para que tocaran esa noche- habían logrado.  Estaba sentada en un sillón, la brisa la acariciaba, bebía una cerveza que fue pagada de su dinero; y texteando lo aburrida que estaba, decidió que al terminarse la cerveza se marchaba sin mirar atrás.

 -¿Estás esperando a alguien?

 Se acercó un tipo con camisa y chamarra negra, y pantalones rotos de mezclilla. Lo vio de arriba abajo, este hombre la había tomado por sorpresa con su pregunta, e inconsciente y en automático respondió

–No. No espero a nadie.  

 -Te invito una cerveza.

 -Bueno.

 Después de varias cervezas, risas y una buena plática, Elisa veía al hombre de negro, no solamente interesante, sino que la hacía humedecerse un poco; su cuerpo no reaccionaba como ella quería, le decía "no digas esto", y decía aquello, le gritaba "no lo toques", lo manoseaba (el hombro, la mano, el brazo, un leve pasón por el rostro simulando una basurita sobre la barba de tres días de aquel hombre, cualquier pretexto era bueno para hacer contacto).
Entonces sin más, lo besó, lo interrumpió, lo calló con un beso, un beso intenso y
reprimido, con lengua y mordida incluido.  Después del beso, él -con una sonrisa- fue el baño;  inmediatamente, algo ebrio, llegó el “César”.

Ella sintió un alivio misterioso de que él no hubiese visto el beso, no quería dar explicaciones vacías. El “César” comenzó a hablar como tarabilla, puras pendejadas y estupideces con lenguaje de borracho, y regodeado de las conexiones que había hecho esa noche se postraba ante ella, como un gran conquistador; la tomó de la mano y le dijo que necesitaba confesarle algo.
El hombre de negro salió del baño y vio la escena, prendió un cigarro, miró fijamente a Elisa y se metió nuevamente sin hacer expresión alguna, lento en su movimiento y con el cigarro en la mano de forma paciente y casi artística, la abandonó.

 Elisa no le quitó la mirada de encima hasta que desapareció el chico de negro, no puso atención a lo que le decían debido a eso; sólo al final pudo escuchar: -¿Quieres o no?

 -¿Quiero qué? -respondió confundida y desinteresada.

 -Ser…mi novia.

 Lo miró sin parpadear, él esperaba su respuesta como cachorro mojado esperando ser abrazado; entonces Elisa puso su mano en su hombro y lo movió, dirigiéndose al baño de caballeros, él la siguió con la mirada totalmente trastornado.

Cuento erotico

 Elisa entró al baño y vio al hombre de negro fumando sentado sobre el lavabo, él la miró entrar tan precipitadamente que apenas pudo levantarse cuando ella lo jaló de la chamarra de piel, lo besó y lo metió en un rincón sobre un escusado, le abrió el pantalón y ella se bajó el short y las bragas, y de una manera casi inmediata, humedad y dureza se abrazaron, se fusionaron. Ella lo besaba con elocuencia, le mordía los labios y el cuello, él acariciaba sus senos y empujaba con fuerza las caderas dentro de ella; la tenía tomada del trasero encajando sus uñas. Con gritos de exigencia pidiéndole más a ese extraño, la fornicación seguía su curso taladrado; el “César”, entró, siguió el camino de gemidos y la vio, en una posición en la que se sintió humillado; ella lo miró y con una sonrisa y  los ojos perdidos de placer comenzó a gemir más alto, a gritar de éxtasis, él sintió una calentura oscura, sintió una erección al ver a su amiga siendo manipulada y manipular también la copulación.
Erecto y desesperado, lágrimas internas lo invadía, no podía soportar más verla abierta de piernas colgada delante de ese espectro carente de rostro de color negro, así que caminó hacia atrás y Elisa le guiñó un ojo, diciéndole: -¡Sí quiero… sí quiero ser tu novia! –mientras soltaba un gemido al borde del orgasmo.

 El “César” no respondió nada, siguió su camino, casi en shock. 

 Después de una hora salieron los dos del baño, ella le dio a ese hombre un beso tierno en la mejilla y lo despidió, él la besó en los labios tomándola del trasero y se fue. "Peculiar su forma de despedirse" pensó Elisa.  

 Nunca supo el nombre del hombre de negro, nunca se enteró qée hacía, de qée vivía, si era casado o tenía novia; no le importó y nunca le importará, en cuanto a la propuesta del otro, sabía que no pasaría nada, no hay mejor manera de asustar a un hombre que dándole lo que él quiere de una manera explícita.

El compromiso asusta a cualquier hombre. "Soy demasiada mujer para él y nunca me olvidará, nunca lo hará, fui su objeto de deseo, su novia, lo engañé y lo decepcioné, y todo en una noche. Nos ahorramos años de relación".


Cuento erotico



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Las fotografías que acompañan el texto pertenecen a la artista Lina Scheynius



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