Fascinaciones sobre el sexo anal en los relatos de dos grandes autores
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Fascinaciones sobre el sexo anal en los relatos de dos grandes autores

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Por: Paola Vazquez

5 de enero, 2016

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Por: Paola Vazquez

5 de enero, 2016


“Pretender extirpar toda perversión es una perversión”.
-Élisabeth Roudinesco


¿A qué nos referimos con perversión y por qué algunas prácticas sexuales han sido consideradas perversas? Perverso es considerado el intento de hacer el mal, dañar al otro y obtener por ello un placer.

Foucault reflexiona en su Historia de la Sexualidad sobre las relaciones que median el placer a través del poder dentro de la cultura Occidental, en la cual la represión se impuso mediante una moral sexual que imponía la monogamia, la heterosexualidad y el coito con un fin reproductivo, como parte de los mecanismos de reproducción de la familia y la sociedad moderna.

A partir de la imposición de diversos parámetros de conducta sexual desde la moral cristiana, el sexo anal se convirtió en una práctica tabú frente al coito vaginal, censurado como una práctica “antinatural” y tendiente al vicio, la tentación y el pecado.

historia ojo 2

Sin embargo, desmitificar esta práctica, quitándole su carga moral que nos inclina a sentir que se trata de una deformación de la sexualidad o una perversión, es posible si echamos una mirada a otras culturas e incluso a las raíces mismas de Occidente. El sexo anal ha sido una práctica sexual explorada desde la antigüedad por ambos sexos. Diversas culturas primitivas han demostrado que la práctica sexual, más allá de la función reproductiva, implica la exploración con el cuerpo y la sexualidad; algunas culturas precolombinas, así como la misma Grecia y Roma, demuestran que el sexo anal y la práctica homosexual eran comunes.

culturas sexo anal

Múltiples autores han abordado a lo largo de la historia la experiencia de esta exploración sexual. Mencionaremos aquí a dos figuras icónicas que irrumpieron en la moral de su época y gustaron de explorar, en carne y hueso, o bien mediante relatos literarios, su fascinación por las prácticas sexuales anales.

saade

El primero de ellos es el reconocido Marqués de Sade, cuya vida estuvo marcada por el hedonismo y considerada pecaminosa y libertina para su tiempo. En sus últimos días de vida y desde el encierro, escribió sus últimos libros, que constituyeron una auténtica provocación a la moral religiosa, pues su discurso aspiraba además a la liberación de los poderes represivos sobre el cuerpo. Sade no sólo relata a detalle las experiencias en las cuales los protagonistas externan sus más reprimidos deseos, siendo cómplices y víctimas de violaciones, juegos y disfrute, sino que casi se convierte en un ejercicio pedagógico de enseñanza del placer, en los que el vicio y la virtud, el bien y el mal se camuflan.

Sade

Con el recurso de un humor negro, Sade cuenta con lujo de detalle en La filosofía del tocador, 120 días de Sodoma, Historia de Juliette o las prosperidades del vicio, las sesiones en las que hombres y mujeres eran instruidos para entregarse al placer de los juegos orgiásticos:

“La postura más usada para la mujer, en este goce, es acostarse boca abajo, en el borde de la cama, con las nalgas bien separadas, la cabeza lo más bajo posible. El lascivo, tras haber disfrutado un instante con la perspectiva del bello culo que se le ofrece, tras haberlo palmoteado, palpado, a veces incluso latigado, pellizcado y mordido, humedece con su boca el lindo ojete que va a perforar, y prepara la introducción con la punta de su lengua; moja asimismo su aparato con saliva o con pomada y lo presenta suavemente al agujero que va a horadar (…); a veces la mujer sufre entonces, si es nueva y joven; pero sin miramiento alguno para con los dolores que pronto van a convertirse en placeres”. (La filosofía del Tocador)

sade grabado

De la misma manera, Georges Bataille, filósofo y antropólogo francés, busca provocar, escandalizar y horadar las buenas conciencias de su época. En Historia del Ojo se atreve a irrumpir en las reglas morales con un banquete de sensualidad desbordada, en la cual los blanquecinos del ojo, huevo y semen se funden en la complicidad erótica de sus personajes. El erotismo de Bataille recrea imágenes orgiásticas en las que los ojos y huevos sirven de figuras que se introducen de forma real y metafórica por el ano:

“A partir de esa época, Simona contrajo la manía de quebrar huevos con su culo. Para hacerlo se colocaba sobre un sofá del salón, con la cabeza sobre el asiento y la espalda contra el respaldo, las piernas apuntando hacia mí (…) Colocaba entonces el huevo justo encima del agujero del culo y se divertía haciéndolo entrar con agilidad en la división profunda de sus nalgas. En el momento en el que el semen empezaba a caer y a regarse por sus ojos, las nalgas se cerraban, cascaban el huevo y ella gozaba”. (Historia del ojo)

historia ojo

Sade y Bataille coinciden en la ruptura con los cánones que reprimen la sexualidad, ambos encuentran un placer en afirmar la sexualidad en todas sus posibilidades. Para ambos, la fascinación de la práctica sexual constituye un juego del goce en el cual objetos, cuerpos y fluidos acompañan el descubrimiento del placer de formas aventuradas.

Dibujo


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