Fetiche, el objeto del deseo

Martes, 4 de marzo de 2014 8:57

|Andrea Bastien

 Sadomasoquismo, acustofilia y somnofilia son sólo algunas de las parafilias más comunes. En realidad, casi todos los deseos sexuales se delimitan por aquello que los provoca o lo prohíbe.  

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La actividad sexual en el ser humano no se limita a la reproducción con fines de preservación de la especie; el gozo por sí mismo es un elemento que adquiere un gran peso al momento de la cópula entre dos personas, sin que se busque, necesariamente, la procreación; en este punto la búsqueda y obtención del placer puede generarse de distintas fuentes y a través de las prácticas más variadas dependiendo de cada persona, algunas de éstas pueden ser moderadas o extremas de acuerdo al tipo de fantasías e imaginación de sus practicantes. Dichas prácticas sexuales reciben el nombre de parafilias (παρά, pará: ‘al margen de’, y φιλία, filía: ‘amor’) y son comportamientos sexuales en los que el placer se obtiene de algún elemento o actividad alterna al coito. 

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En temas de sexualidad existe, además de este comportamiento, el fetiche, el que consiste en la excitación erótica a través de un talismán o, con más frecuencia, un objeto. El fetichismo es curioso, inimaginable, bizarro, pero normal. Es importante distinguir la delgada línea entre éste y las preferencias sexuales. Algunas personas sólo tienen favoritismos sobre la posición, las partes del cuerpo que más le excitan o alguna fantasía que tal vez algún día logren cumplir. Sin embargo, hay quienes son incapaces de sentir placer si no se encuentran en ciertas circunstancias o con la presencia de algunos objetos.

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La mente de los fetichistas buscan lo anormal, no lo cotidiano, no lo obvio; tener un fetiche no se trata sólo de desnudez, pornografía, actos explícitos o erotismo, es ese pequeño detalle que le da a los mortales un toque personal, se trata de buscar entre líneas, de imaginar más allá de lo que se ve a simple vista; los individuos fetichistas buscan ese encanto en el que viene la palabra. Fetiche se deriva del término portugués fetiço, que significa encanto, hechizo, magia o manía. La esencia del fetiche, en general, es darle un valor o poder a un objeto en especial. Fue hasta 1887 cuando apareció el término de fetichismo sexual, y fue el psicólogo Alfred Binet quien definió a éste como “fijación del instinto a un objeto bajo el modo de la adherencia histórica y la inadecuación biológica”.

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Estos rasgos enigmáticos se crean en la fase precoz de la excitación sexual, lo que logra una impresión y un placer que persistirá hasta que se inmortalice con el fetiche. Pensando en la teoría Freudiana, el fetiche sería un elemento del sueño. Esto quiere decir que nace del anhelo más profundo para obtener placer. Sin ahondar en conceptos psicológicos, este objeto es aquella parte no reproductiva del cuerpo como los pies, el cuello, las orejas, las axilas o cierta acción que aumente los estímulos sexuales y la potencia del orgasmo.

La forma y el material del fetiche son muy importantes, un ejemplo son los zapatos de tacón alto, el cuero, el látex o la seda. De la misma manera, existen fetichistas que llegan a robar, tienen sexo con asesinos seriales, con cadáveres y son capaces de hasta conseguir deshechos humanos sólo para satisfacer sus deseos. Aun así, el fetichismo es considerado una práctica inofensiva, siempre y cuando no ocasione problemas a terceros o algún malestar clínico. 

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En la actualidad, y tras el éxito de Cincuenta Sombras de Grey, el fetish, en inglés, y el BDSM -siglas de bondage, disciplina, dominación, sadismo y masoquismo- son empleados como sinónimos. Lo cierto es que a pesar de tener una unión y concordancia entre ambos, no se sustituyen. Es sencillo, se puede ser fetichista sin practicar el BDSM, o al revés. Una persona puede tener como fetiche el látex, sin entrar al juego de BDSM, pues el fetichista disfrutaría de su forma, textura, olor y la sensación que éste le provoca. El fetichismo, al contrario del BDSM, se debe sentir y, a pesar de no tener mucho sentido, es posible que éste no necesite la penetración.

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Existe la combinación de fetiches, como el de los pies con tacones o medias; desde antifaces, uniformes, máscaras, bondage, mujeres vestidas de chicos, lugares encerrados, maniquíes, pañales, objetos religiosos, crema de maní, insectos y hasta lágrimas, el fetiche puede ser cualquier cosa mundana que otorgue ese misterioso placer que, aunque sea difícil de creer, todos tenemos... al menos uno. 

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