La ciencia de la atracción: ¿puedes enamorar a alguien sólo con tu aroma?

sábado, 10 de junio de 2017 12:44

|alejandro lopez



Cuando se trata de atracción sexual, el olfato es uno de los instintos que más influyen en el cerebro al momento de clasificar a alguien como un serio pretendiente o simplemente uno más. A pesar de que en los humanos este sentido no está tan ampliamente desarrollado como en otros mamíferos, su importancia al momento de elegir una pareja sexual resulta cardinal. Solemos creer que la vista es el origen de toda atracción por excelencia, pero a nivel evolutivo, resulta muy probable que el "amor a primer olfato" sea más decisivo que cualquier mirada.

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El aroma es bien conocido como una herramienta invisible de seducción: desde la Antigüedad, el uso de olores y fragancias específicas se instituyó como un mecanismo para alterar los sentidos, primero de forma ritual y más tarde, sobre los cánones estéticos de la cultura helénica. En el presente, un sinfín de esencias y perfumes se comercializan a altos precios, siempre como indicativo de seducción. Algunas firmas aseguran que sus productos contienen concentrados de feromonas que afirman, son capaces de lograr captar la atención del sexo opuesto tan sólo a través del olfato. 

¿Qué son las feromonas y para qué sirven?

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Se trata de una sustancia química utilizada por algunos insectos y otro tipo de animales para producir una reacción determinada en otro ejemplar de su especie. Como si se tratara de un lenguaje ajeno, sólo entendible entre hablantes del mismo idioma, las feromonas actúan como un método de comunicación particular, enviando "mensajes" químicos que viajan en el aire en forma de moléculas, que son procesadas por el cerebro a través del olfato. 

A pesar de que existen distintos tipos de feromonas con mensajes diferenciados, como la maduración sexual, el instinto territorial u otras funciones sociales que cumplen los seres vivos, el tipo que interesa en esta ocasión es el mismo que domina en la imaginación del gran público: las encargadas de estimular directamente la respuesta sexual en otros organismos.

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A partir del descubrimiento de la primera feromona en 1959, secretada por las hembras de los gusanos de seda con la intención de atraer a los machos para la reproducción aún a kilómetros de distancia, los estudios científicos al respecto proliferaron en busca de sus similares humanas; no obstante, hasta el momento no existe evidencia suficiente para asegurar que nuestra especie cuenta con moléculas distintivas que nos provocan actuar de una u otra manera, sea en el plano sexual o cualquier otro aspecto de la vida.

A falta de feromonas, estudiar los efectos de los olores en el cerebro humano en busca de encontrar un patrón, es tan complejo como intentar descifrar cuál es el color más atractivo para el grueso de las personas. La principal razón está en la carga social y cultural de cada uno. Mientras que para alguien que vivió una infancia alegre el olor a chicle que mascaba de pequeño puede hacerle sentir felicidad, para otro individuo que relaciona el mismo olor con un episodio desagradable de su vida, éste será intolerable e influirá negativamente en él.


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El olfato y el sistema inmunológico

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A pesar de la decepción que puede causar la falta de evidencia sobre las feromonas humanas, el enigmático poder del olfato no se reduce a estas moléculas. En realidad, los olores que captamos a través de las neuronas olfativas intervienen de forma decisiva en la elección de una pareja sexual mediante otro mecanismo, ciertamente menos excitante pero mucho más desarrollado que el lío de las feromonas: 

Se trata del complejo mayor de histocompatibilidad (CMH), un mecanismo del sistema inmunológico que en principio, se encarga de diferenciar entre las células propias del ser humano y aquellas ajenas al mismo con potencial para perjudicar la salud, como hongos, virus y bacterias. 

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¿Alguna vez te has sentido poderosamente atraída por alguien sin saber porqué? El CMH podría ser el principio de la explicación definitiva. Antes que caer rendida ante su sonrisa, lo trabajado de sus músculos o lo divertido que resulta estar con esa persona que te resulta tan atractiva sexualmente, el cerebro realiza una evaluación inconsciente de la estructura del CHM de cada persona en tu camino, eligiendo como mejores candidatos a quienes poseen un complejo mayor de histocompatibilidad diametralmente opuesto al tuyo.

Mientras menos parecida sea su primera barrera de defensas al propio, las neuronas olfativas encontrarán a ese individuo más atractivo. Se trata de una sutil trampa de la evolución que opera sin que te des cuenta; un sistema de recompensas diseñado para encontrar el cuerpo de una persona más atractivo conforme menos parecidos sean los anticuerpos de ambos. Hasta el momento, diversas investigaciones científicas han comprobado que las neuronas olfativas son las únicas capaces de captar cuán distinto o parecido es el CMH de una potencial pareja, esto a través de fluidos como el sudor, el semen o la saliva.

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Pero, ¿por qué tu cerebro habría de buscar incesantemente a alguien con un CHM diametralmente opuesto al tuyo? La respuesta, en primera instancia, es muy sencilla: para favorecer la vida. El intrincado proceso de evolución desarrolló este mecanismo como una forma de proveer a las futuras generaciones de un sistema inmunitario más robusto. Por medio de la unión de los genes de dos individuos con una respuesta inmunológica disímil, es altamente probable que a través del fin biológico del sexo, la reproducción, los nuevos descendientes adquieran mayor resistencia a una variedad de enfermedades que de otra forma, no podrían identificar.


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Referencias

La Jornada
BBC


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