La ciencia detrás del canibalismo: ¿es natural comer a miembros de la misma especie?
Adulto

La ciencia detrás del canibalismo: ¿es natural comer a miembros de la misma especie?

Avatar of Alonso Martínez

Por: Alonso Martínez

23 de junio, 2017

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Por: Alonso Martínez

23 de junio, 2017

 

 

 

 


Un humano para el desayuno


Comer momias sirve para la tos, para los cólicos menstruales, para cicatrizar las cortadas más rápido y para mejorar la circulación de la sangre. Así lo escribió el médico del siglo XVIII Robert James en su "Pharmacopoeia Universalis", una enciclopedia dedicada a hablar sobre la medicina y los distintos elementos que podían servir como medicamento para tratar diferentes enfermedades y condiciones. El doctor escribió esa información basándose en cientos de años en los que decenas de momias egipcias antiguas fueron trasladadas de manera ilegal a través de Europa para que fueran compradas por médicos, aristócratas y supersticiosos. De acuerdo con una investigación de Keith Veronese, las personas creían que, si la momia que adquirían era de hombres fuertes o alguna mujer, sus propiedades curativas serían más poderosas.


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En el este de Papua Nueva Guinea, una tribu llamada Fore –al igual que una gran cantidad de civilizaciones antiguas– acostumbraban comerse a los muertos durante sus funerales como una forma de respeto. Sarah Kaplan, la periodista que habló de la tradición en un artículo sobre canibalismo para The Independent, señala que la costumbre se perdió después de que se dieran cuenta de que consumir carne en estado de putrefacción ponía en riesgo su salud. Los Aghori, una tribu nómada de la India acostumbra a consumir el cerebro de sus fallecidos (y se cree que de algunos miembros de su familia). Los antropólogos –los científicos encargados de estudiar el comportamiento humano– han tenido un debate constante sobre por qué los seres humanos han consumido carne humana a lo largo de su historia y sobre si hacerlo es algo normal, o si es un comportamiento que debe ser eliminado (como ha sucedido durante los últimos siglos de la civilización)... después de todo, no seríamos los únicos.


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G.A. Polis, experta en biología, asegura que hay hasta más de mil 500 especies que practican el canibalismo de distintas formas. Mientras que insectos como la viuda negra acostumbran el canibalismo sexual (que consiste en una forma de reproducción en la que el miembro femenino consume al masculino durante la copulación para concebir), otros, como las larvas de luciérnaga, se alimentan de los miembros más pequeños, posiblemente como un mecanismo evolutivo. Es decir, elimina un miembro débil para fortalecerse y tener descendencia más favorable, aunque en realidad no se ha confirmado.


Canibalismo y cultura


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En todos los casos de canibalismo que mencionamos previamente, los únicos factores que prevalecen son las creencias culturales de cada civilización. Es decir, de acuerdo a la arqueóloga Louise Noble, la idea de que consumir una parte del cuerpo de alguien más le dará mejores propiedades al nuestro podría ser un factor meramente social. El ejemplo más claro es el de las momias. Las personas, ciegamente, pensaban que beber sangre mejoraría su propio sistema circulatorio y que lo mismo sucedería consumiendo el resto del cuerpo.


En el caso de las civilizaciones antiguas, toma un sentido más complejo ya que, mientras algunos probablemente lo practicaban como una forma de tener a un ser querido dentro del cuerpo (teniéndolo en espíritu), otros quizá lo hacían como el resto de las especies: como un método evolutivo. De hecho, han habido registros de chimpancés que se comen a las crías, pero no se sabe con qué propósito; si es para deshacerse de ellos o mejorar su condición. 


Un ejemplo claro de la cultura y el canibalismo es el consumo de la placenta que, –aunque se ha comprobado que no tiene beneficios– se ha popularizado en los últimos años. Es una especie de autocanibalismo basada en la creencia de que le aportará salud a la madre después del parto. De esa forma, en la Antigüedad, los rituales de sacrificio y consumo de cadáveres, al igual que los funerales caníbales, eran sólo costumbres basadas en la cultura y el contexto de cada una de esas sociedades.


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Por otro lado, se ha demostrado que el canibalismo, en situaciones de estrés (o necesidad) es un hecho completamente normal, ya que sucede en otro tipo de especies. Sin embargo, desde que los europeos se encontraron con ese tipo de costumbres en las civilizaciones separadas de sus tradiciones, se ha convertido en un tema tabú.


¿Está bien?


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Como mencionamos al inicio, los antropólogos no tienen un veredicto y es una discusión constante. Nos parece polémico porque nosotros crecimos en civilizaciones en las que era considerado tabú, sin embargo, si hubiésemos nacido en un contexto distinto, probablemente lo veríamos como algo normal. No nos causaría miedo ni impacto, sólo sería una actividad más dentro de nuestras costumbres diarias. También es posible que se trate de un mecanismo evolutivo que hemos detenido y desechado con el paso de los años. No existe una respuesta clara, sin embargo, basándonos en la moral del presente, resulta obvio que asesinar a alguien para comérselo es incorrecto.


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El canibalismo nos sigue pareciendo algo extraño, pero en algún tiempo y lugar era normal. En Mesoamérica, los aztecas acostumbraban a cocinar a los sujetos de sus sacrificios y alimentar a grupos grandes por motivos meramente religiosos. Es posible que tanto la cultura y la naturaleza estén mezcladas, y que en realidad la ideología que las distintas civilizaciones han creado es sólo un pretexto para adentrarse en una actividad que es normal para gran parte del reino animal. ¿Quién sabe?

Quizá después tendremos cerebro para el desayuno.

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Referencias


The Guardian

Britannica

IO9




Referencias: