Por qué sólo florezco cuando estás dentro de mí en 14 ilustraciones

sábado, 17 de junio de 2017 9:21

|Diana Garrido



— ¿Cuantos años tenemos?
— 25 o 26, no sé.
— ¿A qué nos dedicamos?
— Tú das clases, yo dibujo.
— ¿Te preparo un café?
— No, quiero que me abraces.

— ¿Por qué estás conmigo?
— Porque me haces florecer cuando me tomas como una bestia y no paras de gemir, porque me haces gritar desesperadamente, porque quiero y porque me haces florecer.
— Eso lo repetiste.
— Es que me gustan mucho las flores, sólo quería reiterarlo. Siempre soñé con tener un jardín propio. ¿Sabes algo? me has dado uno, dentro de mi cuerpo.

illustraciones de linda weissman VAGINAS

Él la abrazó más fuerte y la besó. Ella se deshizo un poco con cada beso, pero sentía como su jardín interno crecía. El lo notó y la besó con más vigor cada vez. Sus lenguas tibias y enredadas eran el abono perfecto para su jardín que necesitaba crecer. Cuando las lenguas cesaron, sintió crecer un par de flores dentro.

— ¿Por qué preguntaste nuestra edad, Pedro? No tiene sentido.
— ¿Qué tiene sentido en la vida, bonita?
— Tú, yo, lo nuestro.
— Claro, por eso te pregunté nuestra edad. Quiero saber que somos muy jóvenes y que esto va a durar mucho tiempo, quiero ver florecer el jardín que dices tener. Quiero cuidarlo.
— Adéntrate en él, entonces.

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Eso hizo. La besó despacio por el cuello y bajo a los pechos. Los contempló un momento y los acarició, ella tomó el cabello de Pedro entre las manos y mientras jugaba con él, su cabeza fue bajando hasta llegar al ombligo en donde se quedó un ratito, dándole pequeños besos que sirvieron como gotas de agua que el jardín comenzó a recibir. Cayó una gota, dos gotas, tres y de pronto ya había mojado la tierra, los pétalos estaban húmedos. Él introdujo un dedo, dos. Con la otra mano tomó sus labios y ella succionó despacio. 

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— ¿Las sientes, la flores?
— Sí, son suaves, están creciendo. Quiero sentirlas más.

Bajó hasta donde el jardín y abrió las puertas. ¡Que vista! Tenía todo un ecosistema para él sólo y era tan diverso como ella misma. Si bien era una criatura ansiosa de conocer el mundo cual tulipán, era también una fiera inestable cuando se enojaba, como si se tratara de una planta carnívora. Seguía sus sueños como un girasol al astro rey y era tan delicada como una flor lili. Así de multifacética era, así de variado era su jardín. Él no dudó un segundo más y acercó el rostro. Deseaba de verdad estar ahí, con ella, en ella.

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Escuchó su respiración aumentar; sí, el ritmo se aceleraba y él lo gozaba. Un viento se hizo presente moviendo suavemente los pétalos de cada una de las flores, él podía ver como cada pétalo, cada hoja se mecían con particular alegría. Estaban sintiendo el amor que él les daba y que ella recibía sin inhibiciones.

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— ¿Puedes ver cómo crecen?
— Lo veo, y tú luces hermosa desde aquí, tus flora es bellísima, no quiero irme nunca de aquí.
— No te vayas nunca, te pertenezco entera. Tú le diste vida a cada flor en mi cuerpo.

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Él subió y le dio un beso que la cayó por cinco minutos. Primero hubo un entrelazado de lenguas sutil, pero luego se convirtió en una pelea de bocas. Él la mordía y ella se lo devolvía. Las manos de Pedro apretaban la cintura de la mujer que le había hecho descubrir la belleza de su naturaleza. Bruscamente bajó de nueva cuenta al jardín y lo contempló unos segundos. Volvió a introducir lentamente un dedo, dos, tres. Entonces sintió un cause de agua correr, y las espalda de su amada se arqueaba suave y poco a poco crecía más.

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— Velo desde adentro, introdúcete en él. Entra ya.

Él obedeció y de pronto la estaba montando suavemente. Ella cerró los ojos mojando su labios con la lengua. Pedro se acercó a su boca y sin tocarla se besaron. Ese beso a distancia les obligó a sacar sus lenguas y estrellarlas despacio, recorriendo una a la otra lento; él sabía a rosas, ella sabía a pasión. Él tenía el sabor y el olor del jardín impregnado y era aún más excitante.

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— Sabes a mí, me gusta que sepas a mí.
— Tú sabes a lo que me encanta, sabes a amor y a pasión. Pudo sentir como tu flores se enredan en mí, cómo me piden que no me aleje. Me atrapan, siento que me detienen con tanto placer...

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El jardín florecía con más vigor cada vez y en efecto, las enredaderas se apoderaban de Pedro, lo jalaban, lo presionaban, lo detenían y él gozaba del poder de las plantas dentro de su amada. Sintió una rosa nacer, sus espinas se clavaban lento en él, al mismo tiempo, las uñas de ella recorrían la espalda del chico; nació un camino de arañazos largos y grotescos.

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Él necesitaba regar el jardín, que cada vez era más frondoso. Había girasoles, margaritas, jazmines, lirios, dientes de león y mil más, todas ellas crecían con rapidez mientras él se dejaba envolver por éstas. Estaba apunto de liberarse, ya casi sentía desfogarse dentro de aquel jardín exclusivo.

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— ¿Lo sientes? Está por venir, está por llegar el momento en que todas las flores se abran al mundo y a ti, estoy a punto de florecer.

Él aceleró el paso e hizo que ella arqueara la espalda, ahogara un grito y se mordiera los labios. De pronto hubo un silencio total, ella floreció. Cada planta dentro de su ser se había abierto, se había dejado llevar por el viento. Ahora, los pétalos volaban en el aire. Él los atrapaba cuando estalló. El jardín hora estaba húmedo y reluciente. 

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Se miraron al rostro y sonrieron luego de que se apoderara de ellos un beso sutil, largo y lleno de amor o lujuria. Se recostaron juntos y esperaron abrazados a que el tiempo se esfumara. El jardín estaba radiante, un enorme sol reinaba sobre él y parecía haber mariposas revoloteando el lugar. Él la hizo florecer, ella le agradeció por todo. Se besaron.

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— Gracias por las flores.
— Tú eres una flor, la más bella, la más pasional, la más increíble. ¡Eres majestuosa!

Ella se acurrucó en su pecho y durmió, aún sentía palpitaciones que le sacaron una sonrisa enorme, acompañada de un suspiro y un silencioso placer.

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* Las ilustraciones para ilustrar este texto fueron tomadas de Curated by Girls y de la cuenta de Instagram de la artista Linda Weissman.

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Suéltate y deja que fluya tu lado grotesco y erótico y olvídate de los difícil que es ser mujer.


REFERENCIAS:
Diana Garrido

Diana Garrido


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