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Señales que te indican cómo no quieres que te quieran

Adulto Señales que te indican cómo no quieres que te quieran


Detenerse a pensar en lo que sentimos es una situación complicada cuando se trata de una relación amorosa, de pareja, amistosa e incluso familiar. “Querer”, ese verbo que nos causa tantos líos y que cuesta poner en el sitio adecuado cuando decides lanzarte a la aventura de compartir con alguien una historia. El hecho de que quieras estar con alguien y él o ella quieran estar contigo es una decisión: ¿Cómo quieres ser querido o querida? 

Existen infinitas formas de querer, tantas como personas en el mundo, pero también hay ciertos valores morales y costumbres que nos han enseñado "formas de querer".  Tú deberás encontrar tu propio camino y distinguir cómo quieres construir tu relación.

Una relación que nos hace sentir incómodos comienza con una escalada de pequeñas señales que nos generan vulnerabilidad emocional, física y psicológica; cuando menos nos damos cuenta, cierto grado de violencia ya está instalada en nuestra vida. Cuando se habla de violencia o relaciones dañinas, creemos que es una realidad ajena y lejana; sobre todo cuando el cariño con esa persona ha crecido. Pese al cariño, si nuestra forma de ser y pensar se ven amenazadas por lo que una relación nos exige o impone, puede que sea indicativo de que, ESA manera de querer o amar nos hace más mal que bien.

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Hacernos de herramientas para desarrollar nuestra “inteligencia emocional” implica examinar emociones y dinámicas para saber si una relación, a pesar del cariño, puede hacernos crecer como personas o nos vulnera. La violencia puede confundirse con una forma de querer. Una relación que degrada nuestra autoestima puede vulnerar nuestra capacidad de decisión y autonomía para estar bien con nosotros mismos y con otras personas. Estas son señales de que puede ser, más que amor, dependencia.

Debemos tener en cuenta que una relación se compone de dos, más allá del rol que juguemos, no debemos caer en el cliché de la víctima y el victimario; si sientes cariño o amor por esa persona, el diálogo es la primera alternativa, cambiar lo que te desagrada en una relación es tarea de dos, pero priorizar tu propia salud emocional y física es algo que nadie más hará por ti.

Aquí algunas señales que indican que esa no es la forma en que quieres que te quieran.

Se genera dependencia aunque no te sientas bien

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Sabes que la relación te hace mal cuando entras en una especie de "esquizofrenia". Los malos ratos van en ascenso y a pesar de eso te cuesta trabajo pensar en salir de esa relación porque "compensas" con los buenos ratos. En el fondo, sabes que no es lo que quieres o te hace bien, pero sigues ahí, atorada o atrapado.


Culpa y el chantaje: causa de depresión

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La culpa sirve para chantajear, convencer al otro y controlar gustos, inclinaciones y decisiones. No muerdas el anzuelo, la relación no es sana si te hace sentir tan mal que quieres salir huyendo o está generando situaciones de estrés o sentimientos de depresión.


El otro decide por ti

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Si las decisiones de la otra persona comienzan a influir o determinar tu comportamiento desde lo más simple, como elegir dónde comer, hasta la crítica hacia tus relaciones o decisiones de vida, es momento de dejarlo ir.


El tiempo y la convivencia se convierten en exigencia

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Comienza a limitar tu tiempo y a exigir más de lo que quieres compartir con él o ella, de pronto empiezas a sentir sus compromisos como una obligación y no como un disfrute.


Las “sugerencias” comienzan a quitarte capacidad de decisión

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No permitas que “sugerencias” frente a tus gustos y relaciones te quiten capacidad para decidir. Aprender a manejar tus decisiones es una de las cuestiones más difíciles, pero también la que puede mantenerte a salvo de que tu relación pase del amor a la dependencia.


Los consejos sutiles se convierten en amenazas

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Tú decides cómo verte, vestirte, relacionarte, qué decir y elegir. El chantaje emocional puede devaluar tu autoestima y convertirse en una violencia sutil. La forma de identificarla va desde un ataque verbal hasta ataques o amenazas corporales.


Aislamiento en tus relaciones

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De repente te das cuenta que tus amigos son los de él o ella y que poco a poco has dejado de darle importancia a tus relaciones o que has dejado de ver a personas que él o ella desaprueba. El aislamiento es otro signo de que la cosa no va por buen camino.


Las manifestaciones de celos en positivo o negativo

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Los celos puede que eleven tu ego en un inicio, pero pueden convertirse en situaciones engorrosas, verdaderos dramas que sólo generan ficciones de poder. Recuerda que no perteneces a nadie ni el otro te pertenece. Pueden ir desde insinuaciones sobre tu apariencia (para bien o para mal) o una limitación sobre tus relaciones con otras personas.


Comienzas a guiarte por sus ideas de la vida y dejar las propias

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La crítica ácida sobre lo que eres o haces, o compartir valores en común, puede llevar a que te ciñas a lo que él o ella espera de ti. El otro puede tener una personalidad fuerte o diferente a la tuya, pero lo que cuenta es mantener tu autonomía.


Actitudes descorteses, groseras o violentas

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Más allá de su personalidad, importa la forma en que se dirige hacia ti. Si crecen actitudes agresivas, ásperas o descorteses que se convierten en una forma de relacionarse, tu relación estará cavando su propio agujero de conejo.

Una relación se compone de dos, ambas partes de una relación tienen la responsabilidad de cuidarse y de no vulnerar al otro. Hablar con franqueza con la persona que quieres puede ayudarte a cambiar lo que te incomoda en la relación; sin embargo, si a pesar del diálogo las costumbres en la relación están tan arraigadas o el otro no comparte esa necesidad de cambio, tendrás que decidir si aún puedes permanecer con esa persona o, a pesar de ser doloroso, es momento de irte.

En definitiva, saber identificar cuándo la relación es dañina para ti y cómo no quieres que te quieran te hará crecer y valorarte más a ti mismo.

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Referencias: