Desde los inicios del arte la figura femenina ha sido tratada como bestial, demoniaca e imprudente. Rasgos exacerbados, por supuesto, cuando las protagonistas de la (re)presentación no se ajustan a la expectativa –originariamente masculina y posteriormente globalizada– de la mujer que posa sensual, en tono servil, apaciguada, dispuesta al erotismo simple del mundo y hasta cierta medida expuesta o vulnerable. Ya sea como un sumo recipiente de fecundidad o una anatomía paciente y deseosa de atención, la silueta femenina en compañía de sus atributos visuales ha permanecido incontables ocasiones en el terreno estético que involucra, de primera mano, sólo aquello que es de “buen gusto” o de extrema aceptación en la sociedad. Fuera de dichos cánones o perspectivas la mujer es indeseable y carente de atractivo.
Sí, han existido múltiples autores y diversas producciones artísticas que luchan por quebrar con la permisividad del sexo o el retrato “correcto” de lo femenino, pero siempre se han destinado a una gaveta oscura y polvorienta donde casi nadie mete la mano. Valiéndose de la presumida vulgaridad en determinados atributos o la demostración rapaz de la sexualidad sin tapujos, en efecto hemos apreciado múltiples ocasiones donde algún artista hace de las suyas. Lamentablemente, sin demasiado éxito en la impresión popular, los intentos sólo se quedan en buenos propósitos. Todo lo que arrastre un poco de realidad o apabullante fidelidad con la naturaleza corporal sin maquillaje, es constantemente arrojado a la censura.
Pensemos por ejemplo en la labor estética de Bouits, tatuadora francesa cuya visión encaja con el opuesto de lo permitido, quien busca con su trabajo mostrar la belleza sexual de la mujer en la mujer misma, en la piel de toda aquella persona que juegue con el erotismo indomable del ser humano, enfrentándose a diario con el juicio absurdo del pensamiento común (sin mella importante en sus intereses, claro).
El diseño de esta chica franca –en todas las acepciones que tiene esa palabra– busca mediante formas simples la exposición de la mujer en todos sus momentos y abrazada por el orgullo que representan sus facultades corporales.
Partiendo de una ilustración abierta a la condición femenina en cualquiera de sus facetas, los tatuajes que resultan de la obra de Bouits parecen agresivos a primera vista. Se perciben brutales y crudos. Sin embargo, y dada su pulcritud de línea o imaginario, sus formas jamás podrían ofender a nadie ni a algo.
Aunque su mensaje es claro y desafiante, la mayor de las veces enérgico, los diseños de Bouits no versan sobre otra cosa que no sea aceptación en cuanto al funcionamiento real de la anatomía femenina.
La satisfacción y el descanso que conlleva una sexualidad verdaderamente consciente de la mujer también están presentes. Como si sólo las personas que se encuentran cómodas con el lado orgánico de lo humano pudieran portar los tatuajes de Bouits. No toda mente está preparada para aceptar estos dibujos en su piel. Es necesaria una claridad de pensamiento antes de ver con naturalidad las figuras de esta ilustradora sin par.
Esos temas femeninos que partieron de la divinidad y encontraron su hogar en el erotismo singular de nuestra época toman relevancia en esta producción. Especialmente cuando se retoman aspectos de nuestra naturaleza animal como la lactancia, la micción, la suciedad, el pelo, la lujuria y la ira.
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Esto no quiere decir que absolutamente todas sus creaciones se limiten a la mujer. Bouits aprecia a todos los sexos y géneros –masculino, femenino y el espectro intermedio–, pero las culturas patriarcales dirigen nuestro pensamiento a concebir las presentes imágenes como exclusivas de la mujer sin darnos cuenta que éstas competen a todo el mundo.La apreciación y el porte de estas ilustraciones permanentes devienen entonces en la seguridad informada y apreciativa de que el cuerpo humano siempre está en revolución. Que éste debe ser mostrado en todo momento como un signo de constante naturalidad y belleza.Con explícitas enunciaciones sobre lo anal, vaginal, erógeno, romántico, sensual y maternal, Bouits es una artista en toda la extensión de la palabra. Con seguridad, sólo aquellas féminas que encuentren a diario la hermosura de tener dos cromosomas X y entiendan en todo momento la lucha que se carga en cuanto a visibilidad, claridad y transparencia de sexualidad que nos urge como sociedad. Para muestra de otros tipos de tatuajes que comparten el mismo espíritu, revisa esos Tatuajes que llevan todas las mujeres empoderadas y aquellos que Sólo podrán llevar las mujeres que quieren ser diferentes.

